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RUTA 27 · MEDIUM

Hidalgo recorta cabildos y reduce contrapesos antes de las elecciones de 2027

El decreto publicado el 14 de septiembre disminuye regidurías y elimina la segunda sindicatura en los municipios más poblados. No es sólo un ajuste administrativo: cambia la forma en que se reparte el poder en cada ayuntamiento.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre Congreso y reglas electorales
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Hidalgo publicó el 14 de septiembre una reforma que reduce regidurías y elimina la segunda sindicatura en los municipios más poblados. Cada cabildo tendrá menos sillas de representación proporcional, así que la última fuerza política puede quedar fuera aunque conserve sus votos. El cambio ocurre antes del proceso electoral de 2027, cuando se renuevan los ayuntamientos.

La reforma electoral de Hidalgo publicada el 14 de septiembre no sólo deja ayuntamientos más pequeños: modifica la aritmética con la que se reparte el poder en cada cabildo. El análisis difundido este 16 de septiembre por MILENIO, que contrasta el decreto con el Código anterior, documenta un ajuste que se presenta como reducción administrativa pero opera como rediseño de la representación: menos regidurías y una sindicatura menos en los municipios más poblados, con efecto directo en las elecciones de 2027.

El cambio pesa porque toca la vía por la que las minorías llegan al cabildo. En los municipios de más de 50 mil habitantes habrá ocho regidores de mayoría y siete de representación proporcional. Con la norma previa, los de 50 mil a 100 mil habitantes elegían nueve y seis; los que superaban los 100 mil, once y ocho. Pachuca, que repartía ocho regidurías de representación proporcional, repartirá siete. En el otro extremo, los municipios de menos de 20 mil habitantes pasarán a cuatro regidores de mayoría y tres de representación proporcional, y los de 20 mil a 50 mil tendrán cinco y cuatro. La tabla anterior contemplaba cuatro categorías; la nueva, tres.

Menos sillas, mismo umbral

El umbral para entrar al primer reparto no se movió: sigue en 3 por ciento de la votación. Lo que cambió es el número de sillas disponibles. Si antes había ocho lugares por distribuir y ahora hay siete, la fuerza que ocupaba el último puede quedarse fuera aunque conserve exactamente los votos que le dieron ese espacio la vez pasada. El análisis lo plantea sin adornos: es una diferencia que parece pequeña hasta que se mide en quién decide el presupuesto y quién vigila cómo se ejerce.

A eso se suma la desaparición de la segunda sindicatura en los ayuntamientos más grandes. La sindicatura es la figura interna que revisa el manejo de los recursos municipales, da seguimiento a la cuenta pública y suple al presidente municipal en sus ausencias. Quitar una donde más presupuesto se ejerce reduce los puntos de control dentro del propio cabildo, no en un órgano externo.

La lectura política

Presentada como simplificación administrativa, la reforma funciona en la práctica como una redistribución del poder municipal. Con menos sillas, el ganador de la mayoría relativa conserva el control de un cabildo más pequeño, mientras los partidos que dependían del último escaño del reparto proporcional quedan más expuestos a un umbral que nadie movió. La proporción entre regidurías de mayoría y de representación proporcional se mantiene en un rango parecido; lo que se reduce es el tamaño total del órgano y, con ello, el número absoluto de posiciones disponibles para quienes no ganaron la presidencia. En Pachuca y municipios similares hay una silla menos que repartir entre las fuerzas de oposición.

También pierden margen los grupos internos que usaban regidurías y sindicaturas como moneda de negociación: hay menos posiciones para acomodar cuadros, pagar lealtades y sostener coaliciones. En un estado donde el ayuntamiento es la primera estructura de operación política, esa escasez se siente antes de la elección, no después.

Lo que el material disponible no permite sostener es que el objetivo fuera favorecer a una fuerza determinada. El análisis describe un efecto estructural, no una intención. No incluye la votación en el Congreso local, la autoría de la iniciativa ni cuántos municipios cambian de tamaño de cabildo, datos necesarios para afirmar que el diseño buscó un resultado partidista específico. La consecuencia electoral, en cambio, sí es verificable: el tablero de 2027 tendrá menos casillas, y eso estrecha el espacio de negociación de los partidos pequeños antes de que arranque el proceso.

Qué sigue

El decreto ya está publicado, así que la siguiente señal será su traducción operativa: cómo integre la autoridad electoral local las planillas y el reparto de representación proporcional para el proceso de 2027. Falta verificar si el texto incluye artículos transitorios que escalonen la entrada en vigor o si el nuevo tamaño de cabildo aplica de forma completa en la próxima elección.

En paralelo, los partidos tendrán que rehacer cálculos de coalición y de cuadros: con menos posiciones en juego, cada espacio vale más y las negociaciones se endurecen. Queda por confirmar también si alguna fuerza política impugna la reforma por considerar afectado el principio de representación proporcional; en el material revisado no hay evidencia de que eso haya ocurrido.