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RUTA 27 · MEDIUM

Lamarque vuelve a Cajeme sin que Morena resuelva su coordinación en Sonora

El alcalde reasumió el cargo al agotarse su licencia de 90 días, no porque el proceso interno haya concluido. La encuesta pendiente define quién queda mejor colocado rumbo a 2027.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre encuestas de opinión pública
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Javier Lamarque Cano volvió a la alcaldía de Cajeme el 22 de septiembre de 2026, al vencer la licencia de 90 días que pidió para competir por la coordinación estatal de la Cuarta Transformación en Sonora. La encuesta interna de Morena sigue sin resultado. Su regreso no lo saca de la contienda: define desde dónde espera el veredicto que ordenará el 2027 sonorense.

Javier Lamarque Cano reasumió el 22 de septiembre de 2026 la Presidencia Municipal de Cajeme al vencer la licencia de 90 días que solicitó para competir por la Coordinación Estatal de la Cuarta Transformación en Sonora. No volvió porque el asunto esté resuelto: la encuesta interna de Morena que debe definir al perfil al frente de los trabajos del partido rumbo a 2027 sigue sin resultado conocido. El regreso, por tanto, no cierra su aspiración; la reubica en el terreno donde conserva poder propio.

Durante los tres meses de ausencia, la administración municipal quedó a cargo de Claudia Fabiola Santacruz Avilés, quien asumió como alcaldesa interina. Cajeme atravesó así dos cambios de mando en un trimestre mientras su titular se medía en un proceso interno partidista. Es un costo administrativo que rara vez se contabiliza y que, en términos políticos, deja al alcalde con doble carga: gobernar y seguir siendo aspirante.

La licencia como reloj

La licencia es un instrumento de dos filos. Permite al funcionario separarse del cargo para competir sin renunciar a él y, al mismo tiempo, le fija un plazo que no depende de su conveniencia: el permiso vence cuando vence, no cuando el partido termina de contar. Que Lamarque haya regresado en la fecha límite y sin un resultado bajo el brazo dice algo del calendario interno de Morena en Sonora: el proceso corre más lento que el trámite administrativo que lo hizo posible.

Conviene precisar qué está en juego y qué no. Lo que Lamarque buscó es una posición partidista —la coordinación estatal de la Cuarta Transformación—, no una candidatura registrada ante autoridad electoral alguna. La evidencia disponible no precisa cuántos aspirantes compiten, quién levanta la encuesta ni cuándo se dará a conocer; tampoco establece que ese cargo derive por sí mismo en una candidatura posterior.

La lectura política

En el vocabulario de Morena, "coordinación" ha operado como fórmula para designar a quien encabezará la etapa siguiente antes de que exista cualquier registro formal: nombra una responsabilidad organizativa y, en la práctica, coloca a quien la obtiene en posición de salida para la contienda que viene. Si esa lógica se sostiene en Sonora, la encuesta no elige a un administrador de oficina partidista, sino a la persona mejor colocada de cara al proceso electoral de 2027, en el que Sonora renueva su gubernatura. Eso no convierte a los participantes en precandidatos en sentido legal; los mantiene, por ahora, en la categoría de aspirantes a un cargo interno cuyo valor es, sobre todo, político.

Los incentivos son claros. Para Lamarque, el ayuntamiento funciona como plataforma territorial y como seguro: si la encuesta le favorece, su base municipal refuerza la salida; si no, conserva cargo y estructura. Para Morena, el conteo ofrece un método de legitimación interna barato y con apariencia de neutralidad —un número, no una negociación—, útil para contener fracturas y medir lealtades sin abrir una elección abierta. Para el resto de los aspirantes, la señal es incómoda: el reparto se decide en una encuesta cuyas reglas no se han hecho públicas.

El costo es visible en Cajeme. El municipio pasó tres meses bajo interinato y fue devuelto a su titular sin que el motivo de la ausencia esté resuelto. Si Lamarque gana la encuesta, tendrá que decidir y explicar cómo compatibiliza la coordinación estatal con la alcaldía, o si vuelve a pedir licencia. Si pierde, regresa a un ayuntamiento que ya atravesó un trimestre sin él y con la pregunta abierta de si volverá a ausentarse.

Qué sigue

El primer dato verificable es el resultado de la encuesta interna de Morena en Sonora, del que depende la definición de quién encabezará los trabajos del partido rumbo a 2027. La evidencia disponible no ofrece fecha, responsable de levantarla ni universo de participantes: ese es, literalmente, el elemento que falta para medir el tamaño real del movimiento. Después vendrán dos decisiones: si el ganador requiere nueva licencia o renuncia para asumir la coordinación, y cómo se acomoda el resto de los aspirantes en la operación electoral. Mientras eso ocurre, Lamarque ya está de vuelta en el despacho, con la licencia agotada y la aspiración intacta.