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Montañez pospone su decisión a 2027 y convierte el agua en plataforma
El alcalde capitalino no definirá nada hasta que se emita la convocatoria y presenta el nuevo modelo de agua como activo político, aunque él mismo calcula tres años para estabilizarlo.

El alcalde de Aguascalientes, Leonardo Montañez, dijo que decidirá si participa en el proceso electoral de 2027 hasta que se emita la convocatoria, y presentó las obras de agua del MIAA como un posible activo a su favor. No anunció cargo ni precandidatura: es un posicionamiento que mantiene abiertas sus opciones rumbo a 2027.
El alcalde de Aguascalientes, Leonardo Montañez, fijó un criterio de tiempo para su futuro: no definirá si participa en el proceso electoral de 2027 hasta que se emita la convocatoria correspondiente. La respuesta vino acompañada de una defensa de su gestión en el servicio de agua potable y de una frase que admite lo que evita confirmar. Preguntado sobre si el tema hídrico podría beneficiar sus aspiraciones políticas, contestó: “A favor, a favor. Hemos trabajado mucho”.
No anunció cargo, vía ni mucho menos candidatura. En la práctica, lo que presentó fue un posicionamiento: se mantiene como actor disponible para 2027 sin pagar el costo de formalizar una aspiración todavía no registrada en ningún proceso interno.
El agua como activo y como riesgo
Montañez sostuvo que asumir la prestación del servicio fue un desafío reconocido desde el inicio y que a partir de enero se verán cambios notables, gracias a mejoras en los procesos y a la adquisición de dos lotes de bombas que permitirán responder con mayor eficiencia a las fallas en los pozos. El sistema opera con alrededor de 240 pozos y, de acuerdo con su propio cálculo, estabilizarlo tomaría al menos tres años.
Anunció también la operación de un nuevo pozo en el sector Morelos y un proyecto para perforar cuatro más en zonas como España y Santa Elena, con beneficio para varias colonias. Y adelantó la objeción que ya esperaba: “Nunca lo tomamos como una medida electorera”.
Ese es el punto políticamente relevante. En cualquier capital del país, el agua es el servicio más sensible: una mejora visible construye capital, una falla prolongada lo destruye. Pero el propio alcalde fija el horizonte de rendimiento en tres años, es decir, más allá de la jornada de 2027. El valor electoral de su mensaje hoy no está en el resultado, sino en la narrativa de un problema que se atiende; y el riesgo consiste en que cualquier crisis —un pozo fuera de operación, un tandeo, un conflicto por cobros o por el nuevo organismo— convierta el activo en blanco de acusaciones. La negación anticipada del uso electoral del programa revela que esa discusión ya está planteada en el terreno.
La lectura política
La fórmula “decidiré cuando salga la convocatoria” cumple varias funciones a la vez. Primero, difiere: quien no se declara no se desgasta ni se compromete. Segundo, reduce exposición: mientras no exista una precandidatura formal, es más difícil sostener señalamientos por actos anticipados de campaña. Tercero, conserva valor de negociación: un alcalde de la capital con un programa de agua visible es una pieza útil en el diseño de la oferta electoral de 2027, y anunciarse temprano quema ese margen.
Hay un detalle que conviene subrayar: Montañez no precisó a qué convocatoria se refiere. En Aguascalientes, ese año se renuevan los ayuntamientos y el Congreso local, pero el mismo calendario incluye la elección federal intermedia, cuya convocatoria emite una autoridad distinta a la estatal. La ambigüedad amplía su abanico de opciones sin obligarlo a elegir ninguna.
También importa lo que no ha ocurrido. No hay candidatura registrada, no hay precandidatura formal ni proceso interno en curso, y tampoco un cargo definido. Reconocer que hay una aspiración —y que el agua podría jugar a favor— no equivale a una precandidatura de facto. Para sostener esa categoría harían falta indicios verificables: un puesto objetivo, un equipo, recorridos, una disputa interna abierta o el respaldo de una dirigencia. Nada de eso aparece aquí. Lo que hay es un aspirante en posición de espera, y esa espera es, en sí misma, una decisión política.
El costo de esta estrategia es la opacidad: los votantes no saben a qué aspira, y sus adversarios tampoco, lo que dificulta contrastarlo. La ganancia es la flexibilidad en un periodo en que las reglas y las alianzas de 2027 todavía se están acomodando.
Qué sigue
El primer dato verificable será la publicación de la convocatoria que invoca. De ahí depende su definición, y también la de cualquier otro interesado.
En el plano del servicio, los indicadores son concretos: la mejora prometida para enero, la entrada en operación del pozo del sector Morelos, la perforación de los cuatro pozos en España y Santa Elena, y el reloj de tres años que él mismo fijó para estabilizar los 240 pozos. Cada uno de esos puntos es auditable y, en campaña, inevitablemente discutido.
El tercer punto a observar es la señal interna: cualquier respaldo, encuesta, cargo partidista o recorrido que aparezca antes de la convocatoria sería lo que transforme este posicionamiento en algo más parecido a una precandidatura.