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ECONOMÍA · MEDIUM

Consumo de carne en México crece apenas 0.8% en 2026 por pérdida del poder adquisitivo

El Consejo Mexicano de la Carne proyecta un freno histórico en el consumo de pollo, cerdo y res, pese a reducciones en precios al productor que no llegan al consumidor final por costos energéticos y operativos.

Ilustración editorial de Ruido Cero sobre transporte e infraestructura
Ilustración editorial de Ruido Cero; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

El consumo nacional de carne en México crecerá solo 0.8% en 2026, muy por debajo del 4% de años previos, según CoMeCarne. Aunque los precios al productor de pollo y cerdo bajaron, los costos energéticos, transporte y salarios impidieron que esa reducción llegara al consumidor. La caída del poder adquisitivo y la menor oferta de res importada presionan el mercado, mientras la industria pide diversi

El consumo nacional de carne en México —pollo, cerdo y res— crecerá apenas 0.8% en 2026, un freno abrupto frente a las tasas superiores al 4% de años anteriores, proyectó el Consejo Mexicano de la Carne (CoMeCarne). La cifra, presentada por la directora del organismo, Macarena Hernández, y el gerente de análisis económico, Ernesto Salazar, revela que el alivio en los precios al productor no se trasladó por completo al consumidor final debido a los costos energéticos, el transporte, los incrementos al salario mínimo y los gastos operativos en planta. El resultado es que la demanda de proteína animal se contrae justo cuando la economía familiar enfrenta una pérdida de poder adquisitivo.

El mecanismo es claro: de enero a septiembre de 2026, los precios al productor de cerdo cayeron 5.1% y los de pollo 12.5%, pero esos descensos no llegaron íntegros a la mesa. Los eslabones de transporte, energía y operación absorben el margen y deciden cuánto de la baja se convierte en precio final. Así, el pollo bajó 4.5% al consumidor y el cerdo 2.8%, pero la demanda no repuntó: el consumo de pollo creció 2% en el periodo, contra un promedio de 3.3% en años previos, y el de cerdo avanzó 2.4%, lejos del 13% de 2025. La carne de res es el caso más crítico: su consumo se desplomó 2.4% y su precio subió 7.8% por la menor oferta de importación, principalmente desde Estados Unidos.

La contracción del poder adquisitivo es el factor que explica por qué una reducción de precios no reactiva la demanda. El ingreso disponible de los hogares no alcanza para mantener el ritmo de compra de años anteriores, y el encarecimiento relativo de la res obliga a sustituir hacia pollo o cerdo, pero sin recuperar el nivel previo. En el centro de esta ecuación está el salario mínimo, que aunque ha aumentado, no compensa la inflación acumulada ni los costos energéticos globales que presionan toda la cadena.

El margen del gobierno es limitado: no controla los precios internacionales de la energía ni la oferta de carne estadounidense, que según el USDA caerá 4.3% en 2026 y 0.2% en 2027. Tampoco puede incidir directamente en los márgenes de transporte o en los costos operativos de las plantas procesadoras. Lo que sí está en su órbita es la política comercial y la diversificación de proveedores, como la apertura a mercados brasileños o argentinos que CoMeCarne considera estabilizadora y competitiva sin desplazar a la producción nacional. México es autosuficiente en carne en un 75%, por lo que el 25% restante debe importarse y cualquier choque externo se transmite al consumidor.

La lectura

El freno en el consumo de carne es una señal de alerta sobre la salud del mercado interno y la capacidad de gasto de los hogares. No se trata solo de precios: es la evidencia de que las reducciones en costos de producción no se distribuyen equitativamente. Los productores ven alivio parcial en sus precios, pero los consumidores no perciben la mejora porque los costos logísticos y energéticos se interponen. Quienes absorben el costo son las familias de menores ingresos, que dependen de la proteína animal como base alimenticia y ahora enfrentan precios relativamente altos o una oferta más restringida de res. El beneficio, en cambio, se concentra en los eslabones de transporte y energía, que mantienen sus márgenes.

La industria cárnica, a través de CoMeCarne, reconoce que la diversificación de proveedores es indispensable para garantizar el abasto de la industria procesadora de valor agregado. Pero esa medida, aunque necesaria, no resolverá la presión inmediata sobre el bolsillo del consumidor. La pregunta central es si el gobierno federal acompañará la apertura comercial con medidas que amortigüen el costo energético en la cadena de frío y transporte, o si dejará que el mercado ajuste vía precios, con el riesgo de una mayor contracción del consumo en 2027.

Qué sigue

El sector cárnico observará de cerca la evolución de los precios de la energía y los salarios en el último trimestre de 2026. Si los costos operativos no ceden, la proyección de 0.8% podría revisarse a la baja. Asimismo, la industria espera que las autoridades comerciales concreticen acuerdos con Brasil y Argentina para estabilizar el abasto de res, especialmente ante la caída de la producción estadounidense. La próxima revisión del salario mínimo y las decisiones sobre tarifas energéticas serán determinantes para saber si el consumo de carne recupera su ritmo o se consolida el freno. La evidencia disponible no permite anticipar una política de subsidios directos al consumo, pero el debate sobre el poder adquisitivo y la calidad de la alimentación ya está sobre la mesa.