ECONOMÍA · HIGH
Fain señala salarios bajos en México como problema comercial y respalda aranceles estratégicos
El líder del sindicato UAW criticó la codicia corporativa y defendió gravámenes selectivos para proteger la producción estadounidense, en un giro que presiona la relación laboral y comercial con México.

Shawn Fain, presidente del sindicato UAW, identificó los bajos salarios en México y China como un problema comercial para EE.UU. y abogó por aranceles estratégicos para proteger a los trabajadores estadounidenses. Responsabilizó a las grandes empresas de explotar las diferencias salariales y criticó la codicia corporativa. La declaración ocurre tras la victoria demócrata en las legislativas y pres
El presidente del sindicato estadounidense del automóvil United Auto Workers (UAW), Shawn Fain, señaló este miércoles que los bajos salarios en México y China son uno de los principales problemas comerciales de Estados Unidos, y defendió la aplicación de "aranceles estratégicos" para proteger a las empresas nacionales. La declaración, hecha en una rueda de prensa tras la victoria demócrata en las elecciones legislativas del martes, no es un episodio aislado: coloca la brecha salarial entre países en el centro del debate comercial y presiona directamente a la industria automotriz mexicana, uno de los motores de la economía nacional.
Fain fue explícito en que el problema no es Canadá, donde se pagan salarios dignos, sino países como México y China, "donde pagan salarios de pobreza". Según el líder sindical, esa diferencia está provocando una carrera a la baja en las condiciones laborales que perjudica a los trabajadores estadounidenses. El mecanismo es claro: las empresas multinacionales aprovechan las diferencias salariales para reducir costos, lo que presiona a la baja los salarios en Estados Unidos y desincentiva la mejora laboral en México. Fain, sin embargo, aclaró que no busca castigar a los trabajadores mexicanos, sino que tengan un nivel de vida digno, y culpó a "la codicia" de las grandes corporaciones.
La propuesta de aranceles "estratégicos y selectivos" contrasta con la política comercial del presidente Donald Trump, a quien Fain criticó por imponer gravámenes indiscriminados sin una estrategia industrial coherente. El sindicalista espera que los demócratas, que controlarán ambas cámaras del Congreso a partir de enero, alcancen acuerdos con Trump para eliminar los aranceles "estúpidos" y mantener los que protejan la producción estadounidense. El margen del gobierno mexicano es estrecho: si no mejora los salarios en el sector automotriz, podría enfrentar aranceles selectivos que encarecerían sus exportaciones y afectarían el empleo formal.
La lectura
El respaldo de Fain a los aranceles selectivos no es una medida proteccionista clásica, sino una herramienta para forzar una nivelación salarial. En la práctica, los trabajadores mexicanos absorben el costo de la competencia global: sus salarios bajos son la variable de ajuste que las empresas usan para mantenerse competitivas. Pero el beneficio de esa estrategia no se distribuye equitativamente: las ganancias se concentran en las corporaciones, mientras que los trabajadores de ambos países enfrentan precariedad y presión a la baja. La declaración de Fain también tiene un efecto político interno en México: presiona al gobierno a acelerar la mejora salarial y a demostrar que la ventaja comercial no se basa en la explotación laboral.
El contexto político es relevante. La victoria demócrata en las legislativas y el respaldo del UAW al senador electo por Míchigan, Abdul El-Sayed, sugieren que el sindicato buscará influir en la agenda comercial del Congreso. Fain comparó los aranceles con la quimioterapia: deben administrarse gradualmente para no matar al paciente. Esa metáfora revela que el objetivo no es cerrar fronteras, sino condicionar el acceso al mercado estadounidense a mejoras salariales verificables.
Qué sigue
El gobierno mexicano no ha reaccionado públicamente a estas declaraciones, pero la presión aumenta en un momento clave: la revisión del T-MEC y las negociaciones arancelarias con Estados Unidos. El efecto cotidiano comprobable es que los trabajadores mexicanos del automóvil podrían ver cambios en sus salarios y condiciones laborales si las empresas estadounidenses deciden ajustar sus cadenas de suministro para evitar aranceles. Sin embargo, falta evidencia sobre si el gobierno mexicano tiene la capacidad o la voluntad de imponer mejoras salariales vinculantes en un sector dominado por inversión extranjera. La pelota está en el tejado de las empresas y de los gobiernos: la codicia corporativa que Fain denuncia no se combate solo con aranceles, sino con reglas laborales que garanticen que la competitividad no se base en la pobreza.
