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ECONOMÍA · MEDIUM

Hacienda revela que gasolina costaría 35 pesos sin subsidio; el costo fiscal

El gobierno federal destinó 80 mil millones de pesos para contener el IEPS en combustibles, con un costo neto de 50 mil millones para evitar un golpe inflacionario en 2026.

EN 30 SEGUNDOS

El secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, reveló que sin los estímulos fiscales, la gasolina en México costaría entre 31 y 35 pesos por litro. Para contener este precio y evitar un disparo en la inflación de la canasta básica, la federación destinó 80 mil millones de pesos en los primeros nueve meses de 2026. Sin embargo, tras considerar ingresos adicionales por volumen y petróleo, el costo neto a las finanzas públicas se ubica en 50 mil millones de pesos, una medida clave para proteger el poder adquisitivo de los mexicanos ante la volatilidad de los mercados energéticos.

La estabilidad de los precios en la bomba de gasolina no es un milagro de mercado, sino el resultado de una intervención fiscal masiva. El secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, confirmó que sin los estímulos del gobierno federal, el litro de gasolina en México costaría hoy entre 31 y 35 pesos, una cifra que representaría un golpe severo al bolsillo de los mexicanos y un riesgo inmediato para la estabilidad macroeconómica del país. Esta revelación, hecha en el contexto de los primeros nueve meses de 2026, pone sobre la mesa la compleja ecuación entre el apoyo estatal y la sostenibilidad fiscal.

La mecánica detrás de este precio artificial es clara: el gobierno ha intervenido directamente para absorber parte de la volatilidad internacional y los costos de refinación. De acuerdo con datos proporcionados por el subsecretario de Ingresos, Carlos Lerma, la federación ha destinado 80 mil millones de pesos exclusivamente para contener el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) en combustibles durante lo que va del año. Esta cifra bruta, sin embargo, no refleja el impacto real en las arcas públicas, ya que el gobierno recupera parte de estos recursos a través de otros mecanismos.

Al considerar los ingresos adicionales generados por el volumen de ventas y la producción de petróleo, el costo neto a las finanzas públicas se ubica en 50 mil millones de pesos. Esta diferencia es crucial para entender la verdadera carga tributaria que soporta el erario para mantener el precio accesible. No se trata de un gasto sin retorno, sino de una transferencia de recursos que busca estabilizar un bien esencial. La lógica detrás de esta medida es preventiva: evitar un disparo en la inflación y proteger la canasta básica, que tiene una correlación directa con los costos de transporte y logística en México.

El contexto económico de 2026 exige esta cautela. En un escenario global donde los precios de la energía siguen siendo volátiles, un salto abrupto en el costo de la gasolina se propagaría rápidamente a otros sectores, desde el transporte público hasta el precio de los alimentos. Al mantener el subsidio, Hacienda no solo está protegiendo al consumidor final, sino que está intentando anclar las expectativas inflacionarias. Si el precio de la gasolina hubiera alcanzado los 35 pesos por litro sin intervención, el impacto en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) habría sido significativo, obligando al Banco de México a mantener tasas de interés más altas por más tiempo, lo que frenaría el crecimiento económico.

No obstante, esta política de subsidios plantea interrogantes sobre la sostenibilidad a largo plazo. El costo neto de 50 mil millones de pesos representa una partida presupuestaria considerable que podría ser destinada a otras áreas prioritarias como salud, educación o infraestructura. La pregunta que surge es si el beneficio social de mantener el precio bajo compensa la oportunidad perdida de invertir esos recursos en otros sectores. Además, la dependencia de los ingresos petroleros para financiar este subsidio hace que la política sea vulnerable a las caídas en el precio del crudo.

Los analistas económicos advierten que, aunque el subsidio ha funcionado como un amortiguador efectivo en el corto plazo, no resuelve las estructurales del sector energético mexicano. La eficiencia de la refinería Dos Bocas y la capacidad de importación de productos refinados siguen siendo temas pendientes. Si la producción nacional no aumenta o no se optimiza, el gobierno seguirá dependiendo de compras internacionales y subsidios para mantener el equilibrio.

Para el ciudadano común, la noticia es un alivio inmediato, pero también una señal de la fragilidad del modelo. La gasolina a 35 pesos sin subsidio es un recordatorio de lo cerca que está el consumidor de un shock inflacionario. La decisión de Hacienda de absorber este costo es una apuesta política y económica que busca ganar tiempo mientras se buscan soluciones estructurales más profundas.

Lo que debemos observar a continuación es cómo se comporta el precio del petróleo en los próximos meses y si el gobierno mantiene esta línea de subsidios o busca reducir gradualmente la intervención. La transparencia en la rendición de cuentas sobre el uso de los 50 mil millones de pesos netos será clave para evaluar si esta medida ha sido eficiente o si simplemente ha postergado el ajuste necesario. En un país donde el transporte es el motor de la economía, cada peso ahorrado en la bomba es un peso que se mantiene en la economía local, pero el costo de mantener esa ilusión de precio bajo recae enteramente en el contribuyente.