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ECONOMÍA · MEDIUM

La IA podría sumar u$s17.700 millones, pero las empresas argentinas no la adoptan

Un estudio de la Universidad de San Andrés calcula que la inteligencia artificial aportaría el 2,1% del PBI en 2030. Con el ritmo actual de adopción, el país perdería unos u$s5.000 millones de productividad.

EN 30 SEGUNDOS

La Cátedra de Competitividad de la UdeSA estima que la IA podría aportar u$s17.700 millones a la economía argentina en 2030, el 2,1% del PBI proyectado. Pero solo el 11,2% de las empresas la incorpora a sus operaciones, frente al 20,2% promedio de la OCDE. Sin coordinación de políticas públicas y adopción privada, el aporte se quedaría en u$s12.708 millones.

La inteligencia artificial podría aportar u$s17.700 millones a la economía argentina hacia 2030, equivalentes al 2,1% del PBI proyectado para ese año, según el estudio *Una estrategia de competitividad en Inteligencia Artificial para la Argentina*, elaborado por la Cátedra de Competitividad Jorge H. Forteza de la Universidad de San Andrés (UdeSA) bajo la dirección de Raúl Katz, Luciana Pagani y Natalia Méndez Huergo. El dato, sin embargo, viene con una advertencia que lo condiciona por completo: ese potencial no se alcanza solo con herramientas disponibles, sino con empresas que las integren a sus procesos productivos y con políticas públicas coordinadas.

Hoy la IA ya genera unos u$s4.316 millones en la economía argentina, el 0,6% del PBI, y si el país mantiene el ritmo actual de incorporación ese aporte llegaría a u$s12.708 millones en 2030, alrededor del 1,5% del producto. La diferencia entre ambos escenarios ronda los u$s5.000 millones adicionales en productividad que quedarían sin capturar. No es una cifra abstracta: es la brecha entre lo que la tecnología podría rendir y lo que efectivamente rinde si la transformación se limita a experiencias aisladas.

El obstáculo central está en la base productiva. Apenas el 11,2% de las empresas argentinas incorpora inteligencia artificial a sus operaciones, frente al 20,2% promedio de los países de la OCDE y por debajo de Uruguay (16,5%) y Chile (13,5%). En las grandes compañías la adopción trepa al 34,7%, pero el estudio detecta una alta heterogeneidad sectorial y advierte que muchas experiencias se limitan a pruebas puntuales, sin integración transversal. Entre las pymes, la adopción formal alcanza al 16% de las medianas y al 8,5% de las pequeñas. La investigación identifica apenas entre 10 y 25 empresas digitales nativas con una asimilación profunda y estratégica de la tecnología.

El mecanismo económico es el siguiente: la IA no genera productividad por estar disponible, sino por integrarse a los procesos internos. Cuando queda en manos de empleados que usan asistentes digitales por iniciativa propia, muchas veces con cuentas personales y sin intervención de las áreas de tecnología, la demanda existe pero no se traduce en mejoras medibles. El costo de esa dispersión lo absorben las propias empresas, que pierden eficiencia, y los trabajadores, que cargan con herramientas sin gobernanza de datos ni seguridad. El beneficio potencial, en cambio, se distribuiría entre las firmas que logren escala y los consumidores que accedan a bienes y servicios más baratos o mejores.

La lectura

El estudio ubica a la Argentina en el sexto lugar entre 19 economías del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial, con 55,6 puntos, detrás de Chile (71,4), Brasil (68,4), Uruguay (67), Colombia (56,8) y Costa Rica (56). Esa posición refleja diferencias en capacidades para desarrollar, adoptar y aprovechar la tecnología. El informe señala que el país combina una escala de gasto inferior a los líderes regionales con una tasa de expansión futura relativamente menor.

El margen del gobierno es acotado pero decisivo: sin coordinación entre políticas públicas e inversión privada, la brecha entre el potencial disponible y su uso efectivo se traducirá en pérdida de competitividad frente a los vecinos que avanzan. Luciana Pagani, coautora del estudio y profesora de la UdeSA, lo planteó así: “Hoy la ventana de oportunidad exige que las empresas trasciendan los esfuerzos individuales: la verdadera ventaja competitiva radica en la capacidad del sector privado para acelerar su transformación, generar sinergias, construir escala y desarrollar soluciones transversales que aceleren la productividad de toda la economía”.

El efecto cotidiano comprobable es doble. Por un lado, las empresas que no adoptan pierden competitividad y capacidad de crear productos nuevos. Por otro, los trabajadores que usan IA por fuera de los sistemas formales quedan expuestos a riesgos de datos y seguridad que las organizaciones no están gestionando. La demanda interna ya existe; lo que falta es convertirla en aplicaciones medibles y escalables.

Qué sigue

El estudio propone una agenda orientada a acelerar la transformación tecnológica de las empresas, fortalecer el ecosistema productivo y articular las inversiones privadas con las políticas públicas. La Argentina cuenta con más de 340 empresas proveedoras de tecnología, una base que podría contribuir a esa aceleración si se conecta con la demanda de las firmas tradicionales. Lo que el informe no permite determinar con la evidencia disponible es el detalle de las medidas concretas ni los plazos de implementación: el documento de 256 páginas plantea el diagnóstico y la dirección, pero la ejecución dependerá de decisiones que aún no están tomadas. Sin ese paso, el escenario de los u$s17.700 millones quedará como potencial no realizado.