ECONOMÍA · MEDIUM
La incertidumbre económica y los salarios desplazan a la inflación como principal preocupación
Un estudio de la consultora Zentrix ubica a la suba de precios en el noveno lugar entre los problemas que la población quiere que atienda el Gobierno, detrás de la incertidumbre, el ingreso y el empleo.
Una encuesta de Zentrix de noviembre de 2026 muestra que la incertidumbre económica (48,2%) y los salarios (46,2%) encabezan las preocupaciones en Argentina, mientras la inflación cae al noveno puesto (16,7%). El dato tensiona la prioridad oficial de sostener el ajuste monetario y sugiere que el malestar se corrió del índice de precios al bolsillo y la estabilidad laboral.
La inflación dejó de ser el problema que más inquieta a los argentinos. Un estudio de la consultora Zentrix difundido el 2 de noviembre de 2026 ubica a la incertidumbre económica (48,2%) y los ingresos o salarios (46,2%) como las dos principales preocupaciones de la población, y relega la suba de precios al noveno lugar de una lista de diez, con el 16,7% de las respuestas. El desplazamiento no es un detalle estadístico: reordena el mapa de demandas sociales sobre el que se construyó el apoyo al programa económico y expone un desacople entre lo que el Gobierno considera su batalla central y lo que la gente dice padecer en el día a día.
El ranking completo que reporta Zentrix marca esa transición. Detrás de la incertidumbre y los salarios aparecen el desempleo (44,6%) y la corrupción (42,9%). Más abajo figuran las tarifas de servicios públicos (28,9%), la inseguridad (20,7%), la educación (20,2%), las deudas (16,7%) y recién entonces la inflación (16,7%). Cierra la salud, con el 13%. La estructura de preocupaciones ya no gira en torno al índice de precios sino a la capacidad de sostener un ingreso y un empleo en un contexto que la propia población califica como incierto.
El mecanismo: del índice al bolsillo
La lectura económica del dato exige distinguir entre la inflación medida y la inflación percibida. Un proceso de desinflación puede convivir con una sensación de fragilidad si los salarios no recuperan lo perdido y si el horizonte laboral se percibe inestable. Cuando la suba de precios cede pero el poder de compra no se recompone, la preocupación migra del precio de los bienes a la fuente de ingresos que permite pagarlos. Ese es el terreno que capturan la "incertidumbre económica" y los "ingresos/salario" en la encuesta: no describen un fenómeno nuevo, sino el costo residual que el ajuste deja en los hogares.
El estudio también aporta una pista sobre el humor político. Zentrix señala que la opinión sobre el Gobierno se comportó en octubre como un "bloque coherente": 36,2% aprueba la gestión, 35,9% tiene imagen positiva del Presidente y 34,9% lo votaría seguro o podría votarlo; del otro lado, 55,5% desaprueba, 58% tiene imagen negativa y 59,2% jamás lo votaría. La consultora interpreta que la convergencia de tres preguntas formuladas de manera distinta sugiere "una sola estructura" y no humores separados, lo que explicaría que desde abril la aprobación se mueva en una banda de menos de cinco puntos, entre 31,4% y 36,2%. Esa rigidez sugiere que el desplazamiento de preocupaciones todavía no se tradujo en un cambio del piso de apoyo, pero sí en una redefinición de lo que se le reclama al Gobierno.
El margen oficial, en tanto, aparece acotado por la propia conducción económica. El ministro Luis Caputo sostuvo la semana pasada en Rosario que "no podemos movernos ni un centímetro de este camino" y que "no hay opción de tomar aunque sea un mínimo atajo". Esa rigidez convive con sugerencias de economistas afines a la ideología oficial, como Ricardo Arriazu, y del Fondo Monetario Internacional para adoptar medidas que reactiven algo la economía, aun a riesgo de posponer la agenda de desinflación. El dato de Zentrix no contradice esas sugerencias: las vuelve políticamente más sensibles, porque el malestar que la encuesta registra ya no se concentra en el precio que el programa logró moderar.
La lectura
El hallazgo central es que el éxito relativo en materia de inflación no se traduce automáticamente en alivio social cuando el salario y la estabilidad laboral quedan como saldo pendiente. Quienes absorben ese costo son los hogares que dependen de un ingreso fijo o informal, para quienes la incertidumbre no es una categoría abstracta sino la imposibilidad de proyectar gastos. El beneficio del enfriamiento de precios, en cambio, se distribuye de forma más difusa y no compensa la percepción de fragilidad. La encuesta no permite afirmar que exista un giro electoral en curso; lo que sí muestra es que la agenda de demandas se corrió hacia el empleo y el ingreso.
Qué sigue
La pregunta abierta es si el Gobierno sostendrá la prioridad antiinflacionaria frente a una población que ya no la coloca en el centro de sus urgencias. El estudio no mide intención de voto ni evalúa políticas específicas, de modo que no permite anticipar consecuencias electorales. Lo que queda por ver es si las sugerencias de reactivación se traducen en medidas concretas y si el malestar por ingresos e incertidumbre se estabiliza o se profundiza en los próximos relevamientos.
