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ECONOMÍA · HIGH

México y EU desacoplan ciclos: la IA jala a EU, la inversión débil frena a México

UBS y J.P. Morgan advierten que el auge tecnológico estadounidense ya no se traduce en demanda proporcional de productos mexicanos. La informalidad, la energía y el crédito limitan la productividad local.

Ilustración editorial de Ruido Cero sobre sistema penitenciario
Ilustración editorial de Ruido Cero; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Analistas de UBS y J.P. Morgan Asset Management señalan que los ciclos económicos de México y Estados Unidos se están distanciando: la inversión en inteligencia artificial impulsa la productividad estadounidense, mientras México enfrenta baja inversión doméstica y productividad débil. El vínculo comercial sigue, pero ya no basta para arrastrar el crecimiento interno.

Los ciclos económicos de México y Estados Unidos están dejando de moverse al mismo ritmo. Analistas de UBS y de J.P. Morgan Asset Management coincidieron por separado en que el auge de inversión en inteligencia artificial en Estados Unidos está cambiando la composición del crecimiento de ese país, mientras México sigue atado a una inversión doméstica débil y a una productividad que no despega. La consecuencia pública es directa: el motor externo que durante tres décadas arrastró a la economía mexicana pierde fuerza como transmisor de crecimiento.

El vínculo comercial no se ha roto, pero ya no garantiza que el dinamismo estadounidense se convierta en expansión mexicana. UBS lo plantea en su reporte *Mexico-US: A changing growth and monetary policy relationship*: la economía estadounidense se beneficia de una sólida inversión relacionada con el gasto en inteligencia artificial, mientras México continúa encarando una débil inversión doméstica y productividad. J.P. Morgan Asset Management, en *2027 Long term capital market assumptions*, anticipa que las ganancias de productividad derivadas de la IA serán desiguales: mayores en economías con amplia exposición tecnológica y condiciones institucionales favorables, como Estados Unidos y Suiza, y más moderadas en países como México y Brasil.

El mecanismo es identificable. Durante el periodo posterior al TLCAN, los choques de demanda de Estados Unidos explicaron alrededor de una tercera parte de las fluctuaciones del PIB mexicano, frente a menos de 5% en una muestra que arranca en 1980, según el análisis del FMI que cita UBS. Un punto porcentual adicional de crecimiento estadounidense se asociaba con entre 0.7 y 0.9 puntos en México, con un trimestre de rezago. Ese canal funcionaba porque la demanda estadounidense se traducía en pedidos de autos, electrónicos y componentes. Ahora, la inversión tecnológica y las ganancias de productividad cobran mayor relevancia en Estados Unidos sin que necesariamente se traduzcan en demanda proporcional de productos mexicanos.

La lectura

México sí participa del auge tecnológico, pero por la vía exportadora y con un valor agregado limitado. UBS señala que las exportaciones mexicanas de equipos de cómputo alcanzaron 85,400 millones de dólares en 2025, un incremento anual de 145%. El dato es contundente, pero los propios analistas lo matizan: la dependencia de insumos importados limita la proporción del valor exportado que permanece en el país. Es decir, el beneficio se concentra en la cadena exportadora y en los proveedores integrados, mientras el resto de la economía absorbe el costo de una productividad estancada.

La debilidad mexicana es estructural y tiene nombres concretos: informalidad, infraestructura y energía deficientes, mercados de crédito poco profundos y debilidades institucionales. UBS atribuye a esos factores la baja absorción del impulso externo. El efecto cotidiano es verificable: si la productividad no crece, los salarios reales tampoco pueden sostener aumentos sostenidos, y el empleo informal absorbe a quienes no encuentran espacio en las industrias de mayor valor. La integración comercial, apuntan los estrategas de J.P. Morgan, es una plataforma para el crecimiento, pero no sustituye las condiciones internas necesarias para elevar el potencial productivo.

El margen del gobierno es acotado. La política fiscal y la regulatoria pueden influir en energía, infraestructura y crédito, pero los reportes no anticipan una corrección rápida. La demografía también juega en contra: J.P. Morgan señala que las restricciones a la inmigración limitan el crecimiento en casi todas partes, lo que refuerza que inversión y productividad son los motores principales. En México, la informalidad y la baja profundidad crediticia reducen la velocidad con que cualquier impulso externo se convierte en inversión interna.

Qué sigue

La pregunta abierta es si México puede convertir el dinamismo exportador en una expansión más amplia. UBS identifica diferencias sectoriales: las industrias orientadas a la exportación, como la automotriz y la electrónica, registraron avances en productividad total de los factores, mientras la refinación de petróleo y la industria química mostraron retrocesos. Esa asimetría sugiere que el desacople no es uniforme y que el reto se concentra en los sectores no exportadores.

Los reportes no ofrecen una estimación de cuánto tiempo tomaría cerrar la brecha ni una proyección de crecimiento específica para México. Lo que sí queda claro es que el vínculo con Estados Unidos ya no funciona como antes: la inversión en IA y las ganancias de productividad estadounidenses no se traducen automáticamente en demanda de productos mexicanos. Sin una mejora verificable en inversión doméstica, energía, crédito y formalización, el desacople podría profundizarse y limitar la capacidad de la economía mexicana para aprovechar el dinamismo de su principal socio comercial.