ECONOMÍA · MEDIUM
Ninety One alerta de oferta restringida en petróleo, cobre y alimentos
La gestora sostiene que los conflictos geopolíticos y la demanda eléctrica de la inteligencia artificial están reordenando los mercados de materias primas, con costos que llegarían al consumidor mexicano vía combustibles y alimentos.
Ninety One advierte en un informe del 29 de octubre de 2026 que las restricciones de oferta en petróleo, cobre y alimentos, impulsadas por conflictos geopolíticos y la demanda energética de la inteligencia artificial, podrían prolongarse durante años. Para México, importador neto de combustibles y con una canasta alimentaria expuesta, el riesgo se traduce en costos logísticos y de refinación más a
Un informe de la gestora internacional Ninety One, publicado el 29 de octubre de 2026 y difundido el 2 de noviembre, advierte que las restricciones de oferta en petróleo, cobre y alimentos, impulsadas por conflictos geopolíticos y la demanda energética de la inteligencia artificial, están reordenando los mercados mundiales y podrían prolongar las limitaciones de suministro durante años. La tesis no es un pronóstico de precios, sino un cambio de régimen: el problema deja de ser cuánto capital hay para comprar materias primas y pasa a ser quién logra asegurar el acceso físico a ellas.
Para una economía como la mexicana, importadora neta de gasolinas y diésel y con una canasta alimentaria sensible a los costos de transporte, ese cambio no es abstracto. Se transmite por tres canales concretos: el costo de refinar y mover combustibles, el encarecimiento de insumos industriales como el cobre y la presión sobre los alimentos que dependen de fertilizantes, diésel y flete.
El mecanismo: menos oferta, más costo logístico
Ninety One estima que los inventarios mundiales de petróleo se han reducido aproximadamente 1.000 millones de barriles desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, en un contexto de restricciones productivas, interrupciones del transporte marítimo y problemas de refinación. La crisis no se limita al volumen de crudo disponible: también encarece transportar y transformar el petróleo en combustibles que usan industrias, transportistas y hogares.
El informe ofrece dos cifras que ilustran el mecanismo. El margen de refinación de referencia 3-2-1 en la costa estadounidense del Golfo de México alcanzó cerca de US$45 por barril, frente a niveles habituales cercanos a US$20. Y el costo de transportar petróleo desde Medio Oriente hacia Asia subió desde un rango de US$2 a US$3 por barril hasta aproximadamente US$30. Ese diferencial muestra que el precio final de la gasolina puede subir aunque el crudo no se mueva, porque el cuello de botella está en la refinación y el flete.
La Agencia Internacional de Energía también ha documentado una reducción de las reservas observadas y dificultades para restablecer los flujos comerciales a través del estrecho de Ormuz. El punto clave es la asimetría: una eventual normalización del conflicto no devolvería de inmediato los inventarios consumidos; reponerlos exigiría producción adicional durante un periodo prolongado.
La lectura
El segundo motor de la restricción es la electricidad que demanda la inteligencia artificial. Ninety One calcula que los proyectos de centros de datos propuestos en Estados Unidos representan una demanda potencial cercana a 200 gigavatios, equivalente a unas 200 veces el consumo eléctrico de San Francisco según la comparación de la gestora. La cifra corresponde a instalaciones propuestas, no a capacidad construida ni conectada, pero marca una dirección: la expansión de centros de datos compite por energía y por cobre con la electrificación industrial y el transporte, y esa competencia tiende a sostener precios altos de insumos clave.
Para Paul Gooden, responsable de Recursos Naturales de Ninety One, el mercado entra en una etapa en la que asegurar el acceso a materias primas podría ser tan importante como disponer del capital para comprarlas. Esa frase resume quién gana y quién paga. Los productores integrados, los comercializadores con logística propia y las empresas con contratos de largo plazo absorben mejor el shock; los importadores, las pequeñas empresas y los consumidores finales quedan del lado que paga.
En México, el margen del gobierno es acotado pero real. El precio de las gasolinas depende en parte del esquema fiscal y del estímulo al IEPS, que puede amortiguar el traspaso a la bomba a cambio de menor recaudación. En alimentos, el margen es menor: el costo del flete y del diésel se diluye en la cadena y termina en el precio de la canasta. El efecto cotidiano comprobable es una presión sostenida sobre combustibles y alimentos importados o transportados, con mayor vulnerabilidad para los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción mayor de su gasto a esos rubros.
El informe no cuantifica el impacto para México ni proyecta precios locales; esa es una limitación explícita de la evidencia disponible. Tampoco permite afirmar que el gobierno mexicano ya esté ajustando su política energética en respuesta a este diagnóstico.
Qué sigue
La pregunta relevante para las próximas semanas es si la restricción de oferta se confirma en los inventarios y en los márgenes de refinación, o si se trata de una advertencia que pierde fuerza con una distensión geopolítica. Si los cuellos de botella persisten, el debate fiscal sobre el IEPS y el costo de la canasta alimentaria volverá al centro de la agenda pública. Para las empresas, el mensaje es de cobertura y logística antes que de especulación: asegurar suministro y contratos puede pesar más que acertar el precio.
