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Reforma de plataformas: menos del 15% accede al IMSS un año después
La afiliación a seguridad social de repartidores oscila entre 4.6% y 8.4% en mujeres y llega a un tope de 14.5% en hombres. Los factores de exclusión y el algoritmo reducen el ingreso antes de cotizar.

A más de un año de la reforma que regula el trabajo en plataformas digitales, menos del 15% de los repartidores accede al IMSS. En mujeres la afiliación va de 4.6% a 8.4%; en hombres el tope es 14.5%. Los factores de exclusión (60% autos, 50% motos, 15% bicis) y la gestión algorítmica explican por qué la mayoría sigue como independiente.
A más de un año de que se diseñó la reforma laboral para regular el trabajo en plataformas digitales, la cobertura de seguridad social sigue siendo restringida: menos del 15% de las personas repartidoras accede al IMSS. La afiliación oscila entre 4.6% y 8.4% en mujeres y alcanza un tope máximo de 14.5% en hombres, según el balance presentado en el foro de evaluación realizado en el Congreso de la Ciudad de México.
La cifra no es un detalle técnico. Mide cuántas personas que trabajan repartiendo quedan fuera de atención médica, ahorro para el retiro y protección ante accidentes. Y mide, sobre todo, quién paga el costo de un modelo que reconoce derechos en el papel pero los hace difíciles de alcanzar en la operación diaria.
El mecanismo que deja gente fuera
La reforma estratifica a los repartidores con factores de exclusión que reducen el ingreso bruto antes de fijar la cotización social: 60% para automóviles, 50% para motocicletas y 15% para bicicletas o entregas a pie. Así lo detalló Rosario Aparicio, investigadora del Colegio de México, durante el foro. El resultado es que, para alcanzar el equivalente al salario mínimo neto y obtener cobertura plena en el IMSS, un trabajador en automóvil debe generar casi 21,000 pesos brutos mensuales; uno en motocicleta, cerca de 17,000; y quien reparte a pie o en bicicleta, alrededor de 10,000.
Ese diseño castiga con más fuerza a quienes menos ingresos generan. Apenas 10% de la fuerza laboral en plataformas son mujeres, y enfrentan mayor precariedad porque reparten a pie y evitan horarios nocturnos por la inseguridad. El dato cruza con la brecha de afiliación: las mujeres quedan en la parte baja del rango, entre 4.6% y 8.4%, mientras el tope masculino llega a 14.5%.
El segundo mecanismo es menos visible. El ingreso no depende únicamente de las horas trabajadas, sino de la gestión algorítmica: si el algoritmo penaliza o asigna viajes o pedidos de bajo valor, es imposible alcanzar los montos requeridos, señaló Aparicio. La falta de reconocimiento al tiempo de espera completa el cuadro: se trabaja, pero no siempre se cotiza.
El efecto cotidiano es comprobable: la mayoría de las personas repartidoras permanece bajo la figura de trabajadores independientes, sin la protección que la reforma prometió ampliar. Quien se enferma o sufre un accidente en la calle no tiene la misma red que un asalariado formal.
La lectura
El patrón es claro: la ley existe, pero el acceso al derecho depende de un umbral de ingreso que el propio modelo hace difícil de cruzar. La legislación debe transitar del plano formal a la exigibilidad patronal en territorio, puntualizó Juan Rubio Gualito, presidente de la Comisión de Trabajo y Asuntos Laborales del Congreso capitalino, al reconocer que el siguiente paso es cómo la parte patronal va cumpliendo.
El margen del gobierno es acotado pero real. Inés González Nicolás, titular de la Secretaría de Trabajo y Fomento al Empleo de la Ciudad de México, advirtió que el modelo de plataformas exige seguimiento constante de las autoridades de inspección frente al riesgo de reconversión de empleos tradicionales. Es decir, el problema no es solo cuántos cotizan hoy, sino si este esquema se convierte en el estándar del futuro laboral.
Quienes absorben el costo son los repartidores con menores ingresos, en particular las mujeres que entregan a pie. Quienes se benefician del arreglo son las plataformas, que mantienen flexibilidad operativa y trasladan al trabajador la carga de demostrar ingresos suficientes para cotizar. Desde la representación sindical, Sergio Guerrero, de la UNTA, subrayó que el debate debe alinearse con el convenio 193 de la OIT, que establece elementos para mejorar la reforma.
La opacidad no termina en la afiliación. Carlos Salas Páez, investigador de la UAM Azcapotzalco, advirtió que la entrega es solo la fase final de cadenas logísticas donde persisten contratos opacos, y pidió auditorías independientes a los algoritmos para entender cómo evalúan a los trabajadores y cómo afectan sus salarios. Salvador Godínez González, de la Alianza Nacional de Trabajadoras y Trabajadores de Plataformas, denunció desconexiones unilaterales e incumplimiento del reparto de utilidades: Rappi sí dio utilidades, dijo, las demás plataformas ni siquiera comentaron.
Qué sigue
El foro dejó tareas concretas: pasar de la ley a la inspección efectiva, revisar los factores de exclusión que hoy hacen casi imposible cotizar a quienes reparten a pie o en bicicleta, y abrir los algoritmos a auditoría independiente. También queda pendiente el cumplimiento del reparto de utilidades y el reconocimiento del tiempo de espera.
La pregunta que ordena el debate es simple: si la reforma no logra que más del 15% acceda al IMSS, ¿qué ajuste hará el Estado para que el derecho no dependa de generar 21,000 pesos brutos al mes? Sin ese cambio, la cobertura seguirá siendo un privilegio de quienes más ganan dentro de un modelo que ya de por sí reparte desigual.
