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América Latina suaviza cerco sobre Venezuela y busca contacto directo con Delcy Rodríguez

Gobiernos de la región han establecido comunicación con la administración de la presidenta encargada, un giro que analistas atribuyen a pragmatismo político, intereses energéticos y presión migratoria, más que a un cambio ideológico.

Ilustración editorial de Ruido Cero sobre migración
Ilustración editorial de Ruido Cero; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Varios gobiernos latinoamericanos han roto el cerco diplomático sobre Venezuela y establecido contacto directo con Delcy Rodríguez. Analistas lo interpretan como un alineamiento pragmático con Washington, motivado por intereses energéticos y la presión migratoria, sin que implique un respaldo ideológico al chavismo.

Gobiernos latinoamericanos han suavizado su posición hacia Venezuela y establecido contacto directo con la administración de Delcy Rodríguez, un movimiento que analistas interpretan como un alineamiento pragmático con la estrategia de Washington y que responde a intereses energéticos y a la presión migratoria regional. El giro diplomático, que se venía gestando en los últimos meses, quedó de manifiesto en encuentros de alto nivel y en una retórica más conciliadora hacia Caracas.

El viraje diplomático que experimenta América Latina ha llevado a varios líderes de la región a romper el cerco sobre Venezuela para entablar contacto directo con la figura de Delcy Rodríguez. Así lo describen analistas citados por medios regionales, quienes subrayan que se trata de un fenómeno que trasciende las afinidades ideológicas.

Entre los contactos más visibles figuran la interacción con el presidente estadounidense, Donald Trump, en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, así como reuniones con el presidente paraguayo, Santiago Peña; el mandatario dominicano, Luis Abinader; el gobernante chileno, José Antonio Kast, y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar. Estos encuentros, impensables hace apenas un año, marcan un cambio de tono en la política exterior de países que habían sido críticos del oficialismo venezolano.

La lectura

El analista político Miguel Velarde sostiene que este fenómeno debe interpretarse fundamentalmente como un alineamiento con la estrategia exterior trazada por la Casa Blanca. «Más que un acercamiento a Delcy Rodríguez, yo lo veo como un acercamiento y un alineamiento a la política de los Estados Unidos», señala Velarde, para quien los países que han suavizado su posición forman parte del «Escudo de las Américas» y no consideran conveniente alejarse de la línea marcada por Washington. Velarde descarta que se trate de un cambio ideológico o de una renuncia a las reivindicaciones democráticas, y lo califica como una acción de pragmatismo político de acercamiento y no confrontación con la administración Trump.

En la misma línea, el politólogo Walter Molina coincide en que opera una combinación de inercias del pasado y conveniencia geopolítica, aunque «hoy pesa mucho más el pragmatismo». Para Molina, la presencia de vastos recursos energéticos, petroleros y minerales en suelo venezolano despierta intereses inevitables que llevan a negociar con quien tiene el control de facto. «Venezuela tiene petróleo, gas, recursos minerales y una posición geopolítica que despierta intereses. Y algunos gobiernos prefieren negociar con quien controla hoy esos recursos, independientemente de cómo llegó al poder», indica Molina, quien advierte que el pragmatismo no debe convertirse en una excusa para blanquear a una tiranía.

Por su parte, el internacionalista Dalai Urbina califica el fenómeno como un «reajuste estratégico» impulsado por las dinámicas geopolíticas globales, los indicadores sociales y las presiones del comercio internacional. Según Urbina, en un marco de desacoplamiento económico en el que cada potencia ejerce acción directa sobre sus zonas de influencia, contar con el aval de Washington en distintas áreas de la política exterior venezolana está llevando a la región a rediseñar su política y a un acercamiento paulatino.

La presión migratoria aparece como otro motor central. Velarde añade que a los primeros actores a los que les urge una salida real a la crisis venezolana es precisamente a los gobiernos de la región, presionados por el impacto directo de las dinámicas migratorias. «Ellos son los primeros a los que les interesa que en Venezuela retorne la democracia y se mejore la economía, porque eso, para comenzar, va a evitar olas migratorias como las que se han visto en los últimos años», argumenta. Los mandatarios latinoamericanos enfrentan desafíos locales de gran magnitud y no quieren aumentarlos recibiendo a cientos de miles de venezolanos que se ven obligados a abandonar su país, según la lectura de Velarde.

Urbina complementa señalando que los intereses económicos y estratégicos están íntimamente vinculados a las demandas internas y a las crisis institucionales de cada nación. «Hay que ver una cara adicional: cómo esto está íntimamente vinculado a la crisis de la democracia existente dentro de la región y cómo, desde la política exterior, se trata de garantizar condiciones que permitan reformas institucionales y responder ante demandas internas», subraya el profesor de la UCV.

El alcance regional de este giro es significativo. Países que habían mantenido una línea dura contra el chavismo ahora privilegian el contacto directo, lo que podría reconfigurar el tablero diplomático latinoamericano y restar cohesión a los bloques que exigían elecciones libres como condición para reconocer al gobierno venezolano. Para México, el movimiento tiene implicaciones directas: el país ha sido receptor de migrantes venezolanos y mantiene intereses energéticos y comerciales en la región. Un alineamiento más estrecho con Washington en este tema podría influir en la posición mexicana ante foros multilaterales y en su política hacia Caracas, aunque hasta ahora no se ha producido un anuncio oficial en ese sentido.

Qué sigue

Queda por verse si este acercamiento se traduce en gestos concretos, como la reapertura de embajadas, la firma de acuerdos energéticos o la flexibilización de sanciones. También está pendiente saber si los gobiernos latinoamericanos mantendrán sus exigencias democráticas o si, como advierte Molina, el pragmatismo terminará por diluirlas. La evidencia disponible no permite afirmar que haya un cambio de régimen inminente ni que Delcy Rodríguez haya sido reconocida como presidenta electa por estos países; se trata de contactos directos que buscan gestionar intereses inmediatos. El desarrollo de estas relaciones en las próximas semanas será clave para medir la profundidad del viraje.