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Candidata emiratí entra a la carrera por la ONU y tensa el veto del P5
Lana Nusseibeh formaliza su postulación para suceder a António Guterres en un proceso bloqueado por los vetos del Consejo de Seguridad, donde Rafael Grossi sigue en carrera.

Lana Nusseibeh, ministra de Estado y enviada especial de Emiratos Árabes Unidos, se sumó oficialmente a la carrera por la secretaría general de la ONU mediante una carta del presidente Mohamed bin Zayed Al Nahyan. Se une a Rafael Grossi, Rebeca Grynspan y Carolyn Rodrigues Birkett en un proceso paralizado: ninguna candidatura reunió los nueve votos ni evitó el veto del P5. Su entrada reabre el deb
La carrera por la secretaría general de Naciones Unidas sumó este martes un nombre que cambia el mapa de la sucesión. Lana Nusseibeh, ministra de Estado y enviada especial de Emiratos Árabes Unidos ante la ONU y la Unión Europea, formalizó su candidatura para suceder a António Guterres, según confirmó una carta enviada por el presidente emiratí, Mohamed bin Zayed Al Nahyan, a los titulares de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad.
La postulación no es un gesto aislado. Llega después de que el proceso sucesorio quedara atascado en el Consejo de Seguridad, donde los siete aspirantes previos no lograron reunir los nueve votos necesarios ni sortear el veto de las potencias permanentes. Nusseibeh se suma a una lista que ya integran el argentino Rafael Grossi, la costarricense Rebeca Grynspan y la guyanesa Carolyn Rodrigues Birkett, y lo hace con un perfil que el gobierno emiratí describe como una trayectoria de "paz y seguridad, acción humanitaria, desarrollo sostenible, riesgos de seguridad relacionados con el clima, asuntos de la mujer y reforma multilateral".
El currículum pesa en la decisión. Nusseibeh fue embajadora permanente ante la ONU entre 2013 y 2024, presidió el Consejo de Seguridad en el bienio 2022-2023 y ocupó la vicepresidencia de la Asamblea General, además de presidir la Junta Ejecutiva de ONU Mujeres. Para abocarse a la campaña, solicitó una excedencia en sus funciones públicas. Su entrada ocurre, además, en un momento en que la institución enfrenta una de sus carreras sucesorias más inciertas, marcada por las tensiones entre los miembros permanentes del P5 —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— en torno a la guerra en Ucrania, el conflicto en Medio Oriente y el plan nuclear iraní.
El tablero bloqueado
La parálisis no es retórica. En la sexta ronda de votación del Consejo de Seguridad, Grynspan encabezó los apoyos con nueve votos a favor y cinco en contra, mientras Rodrigues-Birkett y Grossi obtuvieron ocho respaldos y seis rechazos cada uno. Los tres principales candidatos sufrieron dos vetos cada uno por parte del P5, lo que dejó la elección completamente trabada. Ese bloqueo es el que impulsa la candidatura emiratí como una alternativa para destrabar la negociación entre las potencias con poder de veto.
El contexto regional añade otra capa de discusión. Diversos sectores presionan para que, por primera vez en la historia, una mujer asuma la secretaría general, mientras rige una tradición de alternancia geográfica que estipula que el puesto debería recaer en un candidato de América Latina tras 36 años, desde el mandato del peruano Javier Pérez de Cuéllar. La salida de competidores previos como la exmandataria chilena Michelle Bachelet y el expresidente senegalés Macky Sall dejó ese flanco latinoamericano debilitado, y la irrupción emiratí lo tensiona aún más.
El perfil de Nusseibeh tampoco está exento de cuestionamientos. Un análisis del Financial Times señaló que, durante más de una década, la diplomática "expuso las políticas de los Emiratos Árabes Unidos y defendió su trayectoria, en un periodo en el que el país adoptó un papel cada vez más asertivo en los asuntos mundiales, tanto como inversor como actor geopolítico". El mismo diario advirtió que su país mantiene una estrecha relación con la administración de Donald Trump, un elemento que puede pesar en las negociaciones dentro del Consejo de Seguridad.
La lectura
Para México, la definición importa por dos vías. Primero, porque la secretaría general de la ONU incide en la agenda multilateral que el país utiliza para posicionar temas como migración, cooperación al desarrollo y reforma del sistema internacional. Segundo, porque la disputa entre alternancia regional y paridad de género reconfigura el peso de América Latina en los organismos multilaterales, y una candidatura emiratí con respaldo del Golfo desplaza el eje tradicional de la negociación. La evidencia disponible no permite afirmar que Nusseibeh cuente ya con los votos necesarios ni que su nominación destrabe el veto; lo que sí muestra es que la parálisis del P5 abrió espacio para actores fuera del eje latinoamericano y europeo.
Qué sigue
La campaña de Nusseibeh se medirá en las próximas rondas de votación del Consejo de Seguridad, donde los miembros permanentes emplean papeletas rojas y los no permanentes blancas para medir apoyos de manera anónima. La transición está prevista para el 1 de enero de 2027, pero el calendario real lo marcará la capacidad de la candidata emiratí de sortear los vetos que hasta ahora bloquearon a Grossi, Grynspan y Rodrigues Birkett. El elemento que falta para una lectura más precisa es la posición pública de cada miembro del P5 frente a su nombre: sin esos respaldos confirmados, la candidatura es una alternativa abierta, no una solución al bloqueo.