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La nueva derecha latinoamericana reabre puertas a Israel en pleno aislamiento por Gaza
Colombia, Bolivia, Costa Rica, Chile y Venezuela restablecen o fortalecen lazos diplomáticos con Tel Aviv tras cambios de gobierno. Israel declara 2026 como el "Año de América Latina".

Cinco gobiernos latinoamericanos de derecha y centroderecha restablecieron o fortalecieron relaciones con Israel, que enfrenta aislamiento internacional por la guerra en Gaza. Colombia reabrió su embajada en Jerusalén y reconoció soberanía israelí sobre los Altos del Golán. Israel declaró 2026 como el "Año de América Latina". El giro contrasta con la postura crítica de México y Brasil.
Los gobiernos de derecha y centroderecha de Colombia, Bolivia, Costa Rica, Chile y Venezuela han restablecido o fortalecido sus relaciones diplomáticas con Israel, un giro regional que convierte a América Latina en uno de los pocos terrenos amigables para Tel Aviv mientras enfrenta aislamiento internacional por la guerra en Gaza.
El movimiento no es aislado. La Cancillería israelí declaró al 2026 como el "Año de América Latina", una señal de que la región se ha vuelto un socio clave en un escenario adverso. "Las relaciones entre Israel y América Latina viven un momento de florecimiento", dijo a BBC Mundo Gonzalo Paz, doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Georgetown.
El caso más visible es Colombia. En 2024, el entonces presidente Gustavo Petro rompió relaciones con Israel en rechazo a la ofensiva en Gaza y calificó de "antisemita" la decisión israelí de responder al corte. Petro cerró la embajada en Tel Aviv y retiró al embajador. Pero en agosto, con el triunfo de Abelardo de la Espriella, el país no solo restableció los lazos: reabrió su embajada en Jerusalén, ciudad cuyo estatus es uno de los puntos más disputados del conflicto israelí-palestino. Días después de asumir, De la Espriella reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, convirtiendo a Colombia en el segundo país en hacerlo después de Estados Unidos.
El efecto dominó se extendió a Bolivia, donde el gobierno de Rodrigo Paz anunció el restablecimiento de relaciones en noviembre de 2025 tras dos años de distanciamiento; a Costa Rica, cuya presidenta Laura Fernández se reunió con Isaac Herzog en su primer día en funciones para impulsar un tratado de libre comercio; y a Chile, donde José Antonio Kast nombró embajador en Israel tras más de dos años sin representante.
Venezuela completó la secuencia. Ya sin Nicolás Maduro y con Delcy Rodríguez al frente, anunció la reanudación de relaciones consulares con Israel, 17 años después de que se interrumpieran los lazos diplomáticos.
"Vemos un efecto dominó regional notable", describió Ariel Kacowicz, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Princeton y profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Para Daniel Wajner, profesor de Relaciones Internacionales en esa misma universidad, "Israel necesita del respaldo internacional y, en América Latina, encuentra islas de apoyo que no encuentra tan fácilmente en otras partes del mundo".
El patrón político es claro: 11 de las últimas 16 elecciones presidenciales en América Latina las ganaron candidatos de derecha, centroderecha o derecha radical. "Cuando líderes de derecha ganan elecciones –como ha ocurrido recientemente en Perú, Chile, Colombia y Honduras– una forma sencilla de marcar sus diferencias con su predecesor es estrechar lazos con Israel", explicó Anthony Pereira, director del Centro Stone de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Tulane.
La lectura
El realineamiento ocurre en un momento en que Israel ha perdido apoyos internacionales por la guerra en Gaza, desatada tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 que dejó 1.200 muertos y 251 rehenes. La ofensiva israelí ha dejado más de 73.000 muertos, según el Ministerio de Salud de Gaza, cifras que la ONU considera fiables. Sobre Tel Aviv pesan incluso acusaciones de "genocidio".
Para México, el giro tiene una lectura directa: la presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura crítica hacia Israel, junto con el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, lo que coloca a ambos países en el flanco opuesto al nuevo bloque latinoamericano. Esa divergencia puede traducirse en una menor sintonía con Washington y con los gobiernos de la región que hoy priorizan el acercamiento con Tel Aviv, y abre una pregunta sobre cuánto margen conserva la posición mexicana en foros multilaterales.
La evidencia disponible no permite determinar si el acercamiento incluye compromisos de defensa, inteligencia o inversión específicos más allá de lo anunciado. Tampoco permite medir el costo diplomático que estos gobiernos asumen frente a sus propias opiniones públicas.
Qué sigue
La consolidación del "Año de América Latina" dependerá de si los gestos diplomáticos se traducen en acuerdos comerciales y políticos concretos, como el tratado de libre comercio que Costa Rica busca con Israel. También de si Brasil y México sostienen su distancia crítica o ajustan su posición ante la nueva correlación regional. El caso colombiano será el termómetro: la embajada en Jerusalén y el reconocimiento del Golán son señales de fondo que difícilmente se reviertan en el corto plazo.
