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México lleva al G-20 la exigencia de igualdad soberana ante la crisis global
El canciller Roberto Velasco presentó en Atlanta cinco prioridades internacionales y vinculó la postura mexicana con el Plan México y la protección de las cadenas de suministro.
Roberto Velasco, secretario de Relaciones Exteriores, intervino en la primera sesión de la Reunión de Ministros de Exteriores del G-20 en Atlanta, encabezada por Marco Rubio. Exigió respeto al derecho internacional y a la soberanía, y presentó cinco prioridades: fortalecer la ONU, proteger cadenas de suministro, ampliar asistencia humanitaria, diversificar rutas comerciales y atacar las causas del
El secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, llevó este viernes a Atlanta, Georgia, la postura de México ante la primera sesión de la Reunión de Ministros de Exteriores del G-20, encabezada por Marco Rubio. Ante las tensiones geopolíticas que alteran el comercio y elevan el costo de vida, el canciller exigió colocar el derecho internacional en el centro de las decisiones del grupo y defender la igualdad soberana de todos los Estados.
La intervención no fue un gesto protocolario. Velasco presentó cinco prioridades internacionales que abarcan desde el fortalecimiento de la Organización de las Naciones Unidas hasta la protección de las cadenas de suministro, la diversificación de rutas comerciales, la ampliación de la capacidad productiva de bienes esenciales y la asistencia humanitaria para mujeres, niños y grupos vulnerables. El planteamiento mexicano sostiene que los efectos de los conflictos recaen con mayor peso sobre las poblaciones con menos recursos, por lo que la respuesta del G-20 debe incluir recursos suficientes y constantes para emergencias humanitarias.
"Conforme al derecho internacional, todos los Estados son iguales y están sujetos a las mismas normas que rigen sus relaciones mutuas", afirmó Velasco ante sus homólogos. El canciller recordó que la Constitución mexicana establece la no intervención, la solución pacífica de controversias y la cooperación para el desarrollo como principios rectores de la política exterior. La cita condensa el eje político de la postura: ningún país queda exento de las normas por su peso económico o político, un principio que México ha defendido históricamente frente a las presiones de las potencias.
El contexto de la reunión es de tensión sostenida. La agenda del G-20 llega marcada por conflictos que perturban el comercio internacional, encarecen bienes básicos y desplazan poblaciones. En ese marco, Velasco también planteó combatir las causas de la inestabilidad y el desplazamiento, entre ellas la pobreza, la desigualdad, la exclusión y la falta de oportunidades. La propuesta mexicana no se limita a la respuesta de emergencia: incorpora una lectura de origen que vincula la movilidad humana con la desigualdad estructural.
El canciller vinculó estas prioridades con el Plan México, la estrategia del Gobierno federal para fortalecer la producción nacional sin abandonar la integración económica internacional. La conexión importa porque sitúa la política exterior en una lógica de resiliencia económica: proteger el abastecimiento de bienes esenciales y diversificar rutas comerciales son, para México, condiciones de estabilidad interna y no solo temas de agenda multilateral.
La delegación mexicana incluyó a Teresa Mercado Pérez, subsecretaria de Relaciones Exteriores y representante personal de la presidenta ante el G-20; Efraín Guadarrama Pérez, jefe de la Unidad de Proyección para la Diplomacia, Política Exterior y Organización Interinstitucional, y Farid Hannan, responsable de la Unidad de Diplomacia Económica y sous-sherpa de México. Velasco tiene previstos encuentros bilaterales con otros ministros para abordar asuntos de interés común y explorar mecanismos de cooperación.
La lectura
México utiliza un foro de las mayores economías para fijar posición en un momento de erosión de las reglas multilaterales. La exigencia de igualdad soberana tiene un destinatario implícito: los actores que, por peso político o económico, buscan margen de excepción frente a las normas comunes. Para México, la defensa del derecho internacional no es abstracta: ordena su relación con Estados Unidos en comercio, migración y seguridad, y le da un marco de legitimidad para negociar sin subordinación.
El vínculo con el Plan México revela una lectura económica de la geopolítica. Si las cadenas de suministro se vuelven vulnerables por conflictos, la producción nacional y la diversificación comercial dejan de ser política industrial y se convierten en política de seguridad económica. La asistencia humanitaria y el combate a las causas del desplazamiento conectan, a su vez, con la agenda migratoria que México comparte con la región.
La evidencia disponible no permite medir cuánto respaldo obtuvieron las cinco prioridades entre los ministros del G-20 ni si la reunión derivó en compromisos concretos. Tampoco consta el contenido de los encuentros bilaterales previstos. Esos elementos faltan para evaluar si la postura mexicana se tradujo en acuerdos o quedó como declaración de posición.
Qué sigue
La agenda de Velasco en Estados Unidos contempla reuniones bilaterales con otros ministros para explorar mecanismos de cooperación. El seguimiento relevante será si las prioridades presentadas en Atlanta aparecen en el lenguaje final del G-20 y si se traducen en rutas comerciales diversificadas y recursos humanitarios concretos. Para México, la prueba de consistencia estará en cómo esas posiciones se reflejan en su relación comercial y migratoria con América del Norte y en la operación del Plan México.
