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México responde a Texas: la frontera del Bravo no se mueve por decreto estatal

La SRE invocó el Tratado de Límites de 1970 para rechazar la apropiación texana de nueve islotes en el río Bravo y recordó que solo la CILA puede determinar de qué lado del límite queda cada isla.

EN 30 SEGUNDOS

Texas anunció que se apropiaría de nueve islotes de 66 acres en el cauce del río Bravo con fines de seguridad fronteriza. La SRE respondió que la frontera está fijada por el Tratado de Límites de 1970, que el límite corre por el centro del cauce normal y que ninguna autoridad estatal puede modificarlo; solo la CILA puede determinar la soberanía de cada isla.

La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) respondió este viernes a la declaración del gobierno de Texas de apropiarse de nueve islotes de 66 acres ubicados en el cauce del río Bravo, y lo hizo con un argumento de derecho internacional: la frontera entre México y Estados Unidos está definida por el Tratado de Límites de 1970 y ningún gobierno estatal puede modificarla. La respuesta mexicana convierte un anuncio de alcance local en un diferendo sobre quién tiene la última palabra en la línea que separa a los dos países.

El gobierno texano había anunciado que se apropiaría de esos islotes con fines de seguridad fronteriza. La SRE no entró a discutir la seguridad: entró a discutir la soberanía. El Tratado de Límites de 1970 establece que en el río Bravo el límite internacional corre por el centro del cauce normal del río, y ese límite determina la soberanía de las tierras en ambos lados de la frontera, independientemente de la soberanía previa que hayan tenido esas tierras, expuso la dependencia.

El punto jurídico es más fino de lo que parece. La SRE no solo recordó el tratado; señaló a la instancia que puede interpretarlo. La Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) es la instancia facultada por ambos gobiernos para aplicar el Tratado y determinar de qué lado del límite se encuentra cada isla, y ninguna autoridad estatal tiene esa atribución, agregó la secretaría. Con ello, la cancillería desplaza la discusión del terreno de la decisión unilateral al de los mecanismos bilaterales.

La dependencia añadió que, conforme al Tratado, ningún país puede construir obras que, a juicio de la CILA, puedan desviar u obstruir el escurrimiento normal del río. Es una cláusula relevante porque los islotes existen precisamente por la dinámica del cauce: el río cambia, sedimenta y forma bancos, y el tratado prevé cómo atribuirlos sin que cada parte los reclame por su cuenta.

La lectura

El anuncio texano y la respuesta mexicana no son un intercambio técnico entre burócratas. La SRE advirtió que México dará seguimiento a cualquier acción en la zona y reiteró su compromiso con el cumplimiento de los tratados que rigen la frontera común y con el diálogo bilateral a través de los mecanismos establecidos. Es decir, el gobierno mexicano deja abierta la vía diplomática, pero también deja constancia de que cualquier movimiento físico en los islotes será observado.

El alcance regional es claro: la frontera México-Estados Unidos es una de las más transitadas del mundo y su régimen jurídico sostiene comercio, migración, agua y seguridad. Si un estado pudiera redefinir de hecho un tramo de esa línea, el precedente no sería sobre nueve islotes, sino sobre la capacidad de las entidades subnacionales para alterar obligaciones internacionales. Ese es el riesgo que la cancillería busca contener con su comunicado.

Para los lectores mexicanos, el asunto importa por dos razones concretas. Primero, porque la zona del Bravo es también zona de operativos de seguridad fronteriza y de paso migratorio; una disputa territorial puede complicar la coordinación operativa. Segundo, porque el Tratado de 1970 es la base de la delimitación y de la gestión del agua en la cuenca, y cuestionarlo desde un gobierno estatal abre una discusión que México prefiere mantener en el plano bilateral.

La evidencia disponible no permite saber si Texas ejecutará materialmente la apropiación ni con qué instrumentos. Tampoco precisa si Washington respalda o corrige la declaración texana. Ese es el elemento que falta para medir la gravedad real del episodio: la postura del gobierno federal estadounidense ante un acto de una entidad federada que, según México, contradice un tratado vigente.

Qué sigue

La SRE anunció seguimiento a cualquier acción en la zona y apeló al diálogo bilateral por los mecanismos establecidos. En la práctica, eso coloca a la CILA como el espacio donde debería resolverse técnicamente la atribución de cada isla. Lo que resta observar es si Texas insiste en una medida unilateral, si el gobierno federal de Estados Unidos interviene para encauzar el asunto y si la cancillería escala su respuesta más allá del comunicado. Por ahora, México fijó su posición: la frontera no se negocia con un estado.