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México y EU, cerca de acuerdo comercial; Trump destaca avances con Sheinbaum
La amenaza arancelaria se desactiva por ahora; el gobierno mexicano busca blindar autos, manufactura y peso, mientras Trump marca contraste con Canadá.
Claudia Sheinbaum y Donald Trump confirmaron que México y Estados Unidos están cerca de cerrar un acuerdo comercial bilateral. Trump dijo en Kansas que no perderá 150 mil millones de dólares con México y destacó avances con Sheinbaum, en contraste con Canadá. El gobierno mexicano busca proteger autos, manufactura y peso. Queda por verse el contenido y si México cede soberanía comercial.
Claudia Sheinbaum y Donald Trump confirmaron que México y Estados Unidos están muy cerca de cerrar un acuerdo comercial bilateral de alcance histórico. El anuncio desactiva por ahora la amenaza arancelaria que mantenía en vilo a la economía nacional y coloca la relación económica con Washington en una fase de negociación intensa. Trump lo planteó en un mitin en Kansas: aseguró que su gobierno no perderá 150 mil millones de dólares con México, pero destacó avances sólidos en la negociación con Sheinbaum. La confirmación del gobierno mexicano abre la expectativa de un entendimiento que, si se concreta, tendría efectos directos en exportaciones, inversión y tipo de cambio.
El primer efecto político del anuncio es que desactiva, por ahora, la amenaza arancelaria que había puesto en vilo a la economía nacional. Los aranceles no son un detalle técnico: son un impuesto que encarece las exportaciones mexicanas y golpea la competitividad de las cadenas productivas integradas con Estados Unidos. Por eso el gobierno de Sheinbaum busca blindar sectores sensibles como el automotriz y la manufactura, además de contener presiones sobre el peso. La sola expectativa de un acuerdo ya cambia el cálculo de empresarios y mercados, aunque la incertidumbre no desaparece mientras no exista un texto firmado.
Trump fijó el tono político de la negociación con una mezcla de presión y reconocimiento. En Kansas dijo que su gobierno no perderá 150 mil millones de dólares con México, una cifra que usa para vender el acuerdo como una victoria frente a su base. Sin embargo, también destacó avances sólidos con Sheinbaum, en marcado contraste con la tensión que mantiene con Canadá. Ese contraste importa: sugiere que la Casa Blanca quiere distinguir a México del socio canadiense, ya sea para premiar cooperación o para dividir a los socios comerciales. Para México, la relación bilateral es demasiado integrada para tratarla como una simple disputa comercial.
Para México, el blindaje de autos y manufactura es la parte más delicada del acuerdo. El sector automotriz es uno de los motores de las exportaciones y está entrelazado con proveedores estadounidenses; cualquier cambio en reglas de origen, aranceles o contenido regional afecta inversiones y empleos. Lo mismo ocurre con la industria manufacturera, que depende de la certidumbre para planear a mediano plazo. La estabilidad del peso añade otra dimensión: si el mercado percibe que México cedió demasiado o que el acuerdo es frágil, la moneda puede resentirlo. El gobierno mexicano necesita mostrar que el entendimiento protege intereses nacionales y no solo evita un daño inmediato.
El contraste con Canadá también anticipa una competencia política dentro de América del Norte. Mientras Trump mantiene tensión con el gobierno canadiense, suaviza el tono hacia Sheinbaum y presenta la negociación con México como un avance. Esa asimetría puede ser una ventaja táctica para México, pero también una trampa: si el acuerdo se construye sobre concesiones que no se explican, el costo político aparecerá después. La relación comercial no se agota en el anuncio; pasa por la letra pequeña y por los intereses sectoriales que no siempre aparecen en el mitin. Hasta ahora, lo que existe es una señal de acercamiento, no un documento verificable.
Lo que sigue es el diablo en el texto. Habrá que observar si el acuerdo se traduce en un documento firmado, qué aranceles se retiran o congelan, cómo queda protegido el sector automotriz y qué mecanismos de solución de controversias se conservan. También será clave el calendario: un anuncio político en Estados Unidos puede no coincidir con los tiempos legislativos o con la letra pequeña que exige la industria. Para México, la prueba será si el acuerdo reduce incertidumbre sin comprometer soberanía comercial. Por ahora, la amenaza arancelaria se apaga; la negociación real apenas comienza.