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ONU condena bloqueo a Cuba con 130 votos y México queda en la abstención

La Asamblea General aprobó la resolución contra el embargo estadounidense con una mayoría abrumadora, pero 25 países se abstuvieron, entre ellos varios latinoamericanos.

Ilustración editorial de Ruido Cero sobre economía y presupuesto
Ilustración editorial de Ruido Cero.
EN 30 SEGUNDOS

La Asamblea General de la ONU condenó el 28 de octubre de 2026 el bloqueo económico de EE.UU. a Cuba con 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. A los votos tradicionales de EE.UU. e Israel se sumaron Argentina, Colombia, Costa Rica y Ecuador. La votación ocurre tras denuncias cubanas de presiones de Washington y en un contexto de endurecimiento sancionatorio.

La Asamblea General de las Naciones Unidas condenó este 28 de octubre de 2026, por amplia mayoría, el bloqueo económico y financiero que Estados Unidos mantiene contra Cuba desde hace más de seis décadas. La resolución presentada por La Habana recibió 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones, un resultado que renueva el aislamiento diplomático de Washington en este expediente pero que también deja ver un mapa de apoyos más fragmentado que en años anteriores.

El respaldo a la condena se mantiene mayoritario, pero el bloque de países que evita votar a favor creció y quedó integrado por socios habituales de Washington en el continente. A los votos en contra de Estados Unidos e Israel se sumaron en esta oportunidad Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador y Ucrania, entre otros. Entre las abstenciones sobresalen Chile, Honduras, Perú y República Dominicana. La composición de esas dos listas es la parte políticamente más relevante del ejercicio: sugiere que la presión estadounidense descrita por La Habana no fue retórica y que el costo de alinearse con Cuba se ha vuelto más alto para varios gobiernos de la región.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez, había denunciado el 21 de octubre que la Casa Blanca utilizó su aparato diplomático, incluido el secretario de Estado Marco Rubio, para presionar a delegaciones e incluso a jefes de Estado con el fin de que se abstuvieran de respaldar la resolución. "La inmensa mayoría de los estados miembros de la ONU mantendrán su respaldo a la resolución", escribió Rodríguez en su cuenta de X, y sostuvo que la comunidad internacional "rechaza política y moralmente que se pretenda asfixiar a una población entera por vía del hambre, la miseria y la desesperación".

El costo económico y el giro de Washington

La denuncia cubana se apoya en cifras propias: según el gobierno de la isla, entre el 1 de marzo de 2025 y el 28 de febrero de 2026 las medidas coercitivas estadounidenses costaron 8.083,3 millones de dólares, un 7 % más que en el periodo inmediatamente anterior. Son datos de una plataforma oficial cubana, no de un organismo independiente, y conviene leerlos como la posición de una de las partes.

El contexto de fondo es un endurecimiento explícito: en enero de 2026 el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que declaró una "emergencia nacional" por la supuesta amenaza que representa La Habana para la seguridad de EE.UU. y la región. Sobre esa base se han acumulado medidas coercitivas unilaterales, incluidas sanciones secundarias que alcanzan a gobiernos y empresarios de terceros países que comercien con Cuba. Ese es el punto donde la votación en la ONU deja de ser un gesto simbólico y toca intereses concretos.

La lectura

La resolución de la Asamblea General no es vinculante y no cambia por sí sola el bloqueo, que depende del Congreso y del Ejecutivo estadounidenses. Su valor es político: mide cuánto capital diplomático está dispuesto a gastar Washington para sostener una política que la mayoría de los Estados miembros rechaza, y cuánto margen tienen los gobiernos latinoamericanos para resistir esa presión.

Para México, la votación es una señal de entorno: el costo de comerciar con Cuba o de defender posturas de no intervención aumenta en la medida en que Washington aplica sanciones secundarias. La evidencia disponible no permite afirmar cómo votó México ni qué posición adoptó su delegación, y ese dato falta para una lectura completa. Lo que sí queda claro es que la arquitectura de presión descrita por La Habana afecta a cualquier economía que mantenga vínculos con la isla, incluida la mexicana, y que el tema puede reaparecer en la agenda bilateral.

Qué sigue

El resultado será citado por La Habana como prueba de aislamiento estadounidense y por Washington como evidencia de que su presión funcionó parcialmente. La pregunta abierta es si el endurecimiento sancionatorio continúa y si las sanciones secundarias se aplican con más frecuencia contra empresas de terceros países. Para los lectores en México, la clave está en observar si el tema cubano se cuela en las conversaciones comerciales y migratorias con EE.UU. durante los próximos meses.