Política · Seguridad · Internacional
← Volver a Política

POLÍTICA · MEDIUM

Amigo LNG: 60 megabuques amenazan el santuario de ballenas en Guaymas

La terminal de gas natural licuado en Sonora impactaría 32.5 hectáreas marinas y alteraría la migración de cetáceos en el Golfo de California.

EN 30 SEGUNDOS

La coalición Ballenas o Gas y el CEMDA alertan que la terminal Amigo LNG en Guaymas afectará 32.5 hectáreas marinas y 9.29 de matorral sarcocaule. La operación introducirá 60 megabuques anuales al santuario de ballenas del Golfo de California para exportar gas de Texas a Asia, generando un conflicto ambiental sin precedentes en la región.

La construcción y operación de la terminal de gas natural licuado (GNL) Amigo LNG en Guaymas, Sonora, ha desatado una alerta crítica por parte de organizaciones ambientalistas y académicas, quienes advierten que el proyecto representa una amenaza directa para el santuario de ballenas del Golfo de California. La coalición "Ballenas o Gas", junto con el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), han presentado un análisis detallado que expone los impactos ecológicos que esta infraestructura energética podría tener en uno de los ecosistemas marinos más biodiversos del planeta.

El punto central de la controversia radica en la magnitud de la intervención humana en un área protegida. Según los datos presentados, la terminal afectaría directamente 32.5 hectáreas de superficie marina en la Bahía Catalina y 9.29 hectáreas de matorral sarcocaule, un tipo de vegetación costera única y frágil. Esta alteración del hábitat no es solo un problema de ocupación del suelo, sino un golpe a la integridad del ecosistema que sustenta la vida marina en la zona.

Pero el impacto no se limita a la superficie. El aspecto más preocupante para los expertos es el tráfico marítimo que generará el proyecto. Se estima que la terminal recibirá 60 megabuques metaneros al año. Estas naves de gran calado, diseñadas para transportar gas natural licuado desde Texas hacia mercados asiáticos, tendrían que navegar por las aguas del Golfo de California, un área designada como santuario para la protección de las ballenas grises y otras especies de cetáceos.

La presencia constante de estos megabuques introduce riesgos significativos. El ruido submarino generado por sus motores y hélices puede interferir con la comunicación y navegación de las ballenas, especies que dependen del sonido para orientarse, alimentarse y reproducirse. Además, el riesgo de colisiones, derrames accidentales y la contaminación por aguas de lastre son amenazas reales que podrían alterar las rutas migratorias tradicionales de los cetáceos.

La exportación de gas de Texas hacia Asia a través de Guaymas plantea un dilema geopolítico y ambiental. Mientras que el proyecto se presenta como una oportunidad de desarrollo económico y energía para México, los críticos argumentan que se está sacrificando un patrimonio natural irremplazable por intereses energéticos externos. El Golfo de California, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, ya enfrenta presiones por la sobrepesca y la contaminación; añadir un tráfico industrial masivo de buques metaneros podría ser el punto de no retorno para la conservación de sus ballenas.

La Secretaría de Energía y las autoridades ambientales, como la Agencia de Seguridad, Energía y Medio Ambiente (ASEA), se enfrentan a la tarea de evaluar si los permisos otorgados cumplen con las normativas de protección ambiental. Sin embargo, la comunidad científica y la sociedad civil exigen una revisión exhaustiva del Estudio de Impacto Ambiental, asegurando que no se hayan pasado por alto los efectos acumulativos del tráfico marítimo en la fauna silvestre.

El conflicto "Ballenas o Gas" no es solo local, sino un símbolo de la tensión global entre la transición energética basada en combustibles fósiles y la conservación de la biodiversidad. México se encuentra en una encrucijada: ¿opta por convertirse en un hub de exportación de gas natural licuado, arriesgando su capital natural, o prioriza la protección de sus ecosistemas marinos como un activo estratégico a largo plazo?

Lo que sigue observar es la respuesta de las autoridades federales ante estas denuncias. ¿Se suspenderán las obras hasta contar con estudios independientes que validen los impactos? ¿Se impondrán restricciones estrictas al tráfico marítimo en el santuario? O, por el contrario, ¿se priorizará la viabilidad económica del proyecto sobre las advertencias ecológicas? La decisión no solo definirá el futuro de Guaymas, sino que enviará un mensaje claro sobre el compromiso real de México con la protección del Mar de Cortés y sus ballenas.