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ASF teje red de 89 vínculos en caso Taddei y sacude al INE
La auditoría identifica siete empresas, 83 personas y 89 conexiones en la investigación por presunta corrupción que involucra a la ex presidenta del INE y a un empresario proveedor.

La ASF informó que investiga a siete empresas, 83 personas y 89 vínculos por presuntos actos de corrupción ligados a Guadalupe Taddei, ex presidenta del INE, y al empresario José Alfredo Hernández Casillas. En el centro están Cajas Graf y Corporativo ZEG, proveedoras de material electoral, y ya se señaló un presunto daño al erario de 63.2 millones de pesos en la Cuenta Pública 2024.
La Auditoría Superior de la Federación (ASF) informó que indaga a siete empresas, 83 personas y 89 vínculos entre ellas como parte de la investigación por presuntos actos de corrupción vinculados a la ex presidenta del INE, Guadalupe Taddei, y al empresario José Alfredo Hernández Casillas. El dato no es menor: la fiscalización dejó de ser una revisión de contratos aislados y se convirtió en un mapa de relaciones entre proveedores, socios y operadores del organismo electoral, lo que coloca al INE en el centro de una pesquisa que ya no puede leerse como un asunto administrativo menor.
En el núcleo de la indagatoria están Cajas Graf y Corporativo ZEG, dos compañías que han proveído material electoral al INE. De ellas se desprenden vínculos con Formas Finas y Materiales, TOL Producciones y Seriplast México, empresas con las que comparten socios, administradores, representantes o delegados. Fuera de esa red, pero dentro de la investigación, la ASF ubicó a Corona J.E. y Comercializadora JVLY. Sobre esta última, la auditoría ya señaló en la revisión de la Cuenta Pública 2024 un presunto daño al erario por 63.2 millones de pesos, debido a que aparentemente no cumplió con los servicios para los que fue contratada por el INE.
La ASF identificó a cinco personas vinculadas tanto con ZEG como con Graf: César Rodríguez Ureña, Omar Salvador López Sánchez, Fernando Edgardo Hermosilla Contreras y Raymundo Francisco Hernández Casillas, además de conexiones de Alejandro Olaya Ortiz con Formas Finas y de Tatiana Patricia Hernández Velázquez con Seriplast México. El entramado sugiere que la investigación no se limita a una relación bilateral entre la ex presidenta y un empresario, sino a una estructura de proveedores que comparten personal y representación.
El expediente también incluye a Jonathan Navarrete Torres, señalado como supuesto chofer de Taddei y apoderado de ZEG, quien reportó ingresos por 601 mil 751 pesos entre mayo de 2025 y marzo de 2026, mientras que proveedores de esa empresa realizaron operaciones por 21.3 millones de pesos. La coincidencia entre un cargo de confianza y una posición formal en una empresa proveedora es el tipo de dato que la ASF suele usar para acreditar conflicto de interés, aunque la auditoría no haya formulado todavía una imputación penal contra Taddei.
La lectura política
El caso golpea en un punto sensible: el INE es el árbitro electoral y su credibilidad depende de que sus compras y contratos resistan cualquier escrutinio. La investigación de la ASF le resta margen de maniobra al organismo para defender sus procesos de adquisición y obliga a su actual conducción a explicar qué heredó y qué corrigió. Taddei, quien ya dejó la presidencia del instituto, queda expuesta a una revisión que puede escalar de lo administrativo a lo penal, mientras que el empresario Hernández Casillas y su red de empresas enfrentan el riesgo de inhabilitación como proveedores del Estado.
El antecedente inmediato refuerza el patrón: la ASF ya había solicitado al Gobierno de Guerrero documentación sobre contratos del IEPC Guerrero con empresas vinculadas a Taddei, en el marco de la fiscalización de la Cuenta Pública 2025. Es decir, la pesquisa no se agota en el ámbito federal y se extiende a organismos electorales locales, lo que amplía el universo de instituciones obligadas a rendir cuentas. Quien gana margen es la propia ASF, que consolida su papel como auditor de la red de proveedores electorales; quien pierde es el INE, que deberá demostrar que su blindaje institucional funciona incluso cuando el escrutinio toca a su ex titular.
Qué sigue
La ASF debe concluir la revisión de la Cuenta Pública 2024 y determinar si el presunto daño al erario por 63.2 millones de pesos se confirma y se turna a la Fiscalía General de la República o a la Secretaría de la Función Pública. También está pendiente la respuesta del Gobierno de Guerrero sobre los contratos del IEPC, y el INE tendrá que informar si suspendió o revisó a las empresas señaladas. El elemento que falta para una lectura más contundente es la imputación formal: hasta ahora la ASF habla de presuntos actos y vínculos, no de responsabilidades plenamente acreditadas. La diferencia entre una red detectada y una red sancionada será la prueba política de si la fiscalización electoral tiene consecuencias reales.
