POLÍTICA · MEDIUM
PRI arroja agua sucia en oficinas de Máynez en San Lázaro
Diputados priistas, encabezados por Carlos Gutiérrez Mancilla, llevaron jarras con agua turbia traída de Guadalajara para denunciar la crisis del SIAPA; hubo jaloneos en los pasillos.
Legisladores del PRI arrojaron agua sucia en las oficinas de Jorge Álvarez Máynez en la Cámara de Diputados y provocaron jaloneos en San Lázaro. La protesta, encabezada por Carlos Gutiérrez Mancilla, buscaba denunciar la crisis sanitaria del SIAPA en Guadalajara y responsabilizar al gobierno emecista de Jalisco por el agua contaminada en cientos de colonias.
La Cámara de Diputados volvió a ser escenario de un choque físico. Legisladores del PRI, encabezados por Carlos Gutiérrez Mancilla, arrojaron agua sucia en las oficinas de Jorge Álvarez Máynez en San Lázaro y protagonizaron jaloneos en los pasillos del recinto. El dirigente nacional de Movimiento Ciudadano quedó en el centro del episodio, aunque el blanco declarado de la protesta no era su persona sino el gobierno que su partido encabeza en Jalisco.
El detonante fue una jarra de agua turbia traída desde Guadalajara. Los priistas llevaron al Palacio Legislativo recipientes con líquido recolectado en la capital jalisciense para denunciar, con un objeto y no solo con discursos, la crisis sanitaria del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA). El mensaje era explícito: si el agua que reciben cientos de colonias del área metropolitana es un problema, que llegue hasta las oficinas de quien dirige al partido que gobierna esa entidad.
La acusación de los diputados del PRI es grave y debe leerse como lo que es: una imputación política, no una resolución judicial. Gutiérrez Mancilla y sus compañeros señalaron al gobierno emecista de Jalisco de negligencia criminal y de suministrar agua contaminada a cientos de colonias. Hasta ahora no se han presentado en el material publicado los datos técnicos que sustenten la magnitud del problema, ni una respuesta del gobierno estatal o del propio SIAPA frente al señalamiento.
El contexto importa: el SIAPA es el organismo intermunicipal que abastece al área metropolitana de Guadalajara, una de las zonas urbanas más grandes del país, y su desempeño depende políticamente de los gobiernos que lo integran. Movimiento Ciudadano ha gobernado Guadalajara por varios periodos consecutivos y desde 2024 también encabeza el Ejecutivo estatal, de modo que la crítica al organismo se traduce de inmediato en una crítica al partido naranja. Ahí está la razón de que el PRI haya decidido llevar la protesta a las oficinas de Máynez, ex candidato presidencial y hoy principal rostro nacional del emecismo.
El episodio también habla del deterioro del debate legislativo. Un conflicto que debería resolverse en mesas técnicas, comparecencias y solicitudes de información terminó convertido en un escrache con agua turbia y forcejeos en los pasillos. Es un formato que ya se ha repetido en San Lázaro y que suele producir más cobertura mediática que soluciones: la imagen circula, el problema del agua sigue en las colonias.
Hay, además, un cálculo partidista evidente. Para el PRI, el tema del SIAPA permite golpear al partido que le disputa el terreno opositor y colocarlo a la defensiva en un asunto de gestión pública sensible. Para Movimiento Ciudadano, en cambio, la protesta lo obliga a explicar un problema local que preferiría discutir en Jalisco y no en la tribuna nacional. La disputa por el relato apenas comienza.
Qué observar después. Primero, si la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados abre un procedimiento sancionador por los hechos y bajo qué argumentos del reglamento. Segundo, si el gobierno de Jalisco o el SIAPA responden con datos verificables sobre la calidad del agua y las colonias afectadas, porque una acusación de esa magnitud exige evidencia pública. Tercero, si Movimiento Ciudadano presenta una denuncia formal o responde con una ofensiva política propia. Y cuarto, si el tema se instala como agenda nacional o se queda, como suele ocurrir, en un video que dura menos que el problema que lo originó.
Mientras eso se define, el dato político es que el agua de Guadalajara ya se discute en la Ciudad de México con jarras en la mano. La pregunta es si esa escalada produce fiscalización y respuestas o solo un nuevo capítulo de la política del escándalo.