POLÍTICA · MEDIUM
Sheinbaum desmiente a Morena en el INE y abre la puerta a auditar a Taddei
La presidenta atribuyó la llegada de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE a un sorteo por falta de mayoría calificada en el Congreso, no a una cuota partidista, y pidió revisar sus cuentas.

Claudia Sheinbaum aclaró que Guadalupe Taddei llegó a la presidencia del INE por sorteo, no por designación de Morena, porque el Congreso no alcanzó las dos terceras partes en 2023. Recordó que Taddei fue nombrada en Sonora en 2014 por un Consejo del INE encabezado por Lorenzo Córdova. A la vez, pidió auditar al INE y que se investiguen posibles ilícitos, separando el origen del cargo de la rendic
La presidenta Claudia Sheinbaum salió a desmontar una versión que se ha instalado en la conversación pública: que Guadalupe Taddei llegó a la presidencia del INE como cuota de Morena. Su respuesta fue técnica y política a la vez. Taddei fue elegida mediante un sorteo porque el Congreso no alcanzó las dos terceras partes necesarias para designarla, no por una decisión partidista, según la explicación presidencial. La aclaración importa porque toca el punto más sensible del arbitraje electoral mexicano: la percepción de que el organismo que organiza las elecciones responde a un proyecto político.
La mandataria reconstruyó el mecanismo. En 2023, la Cámara de Diputados no logró la mayoría calificada para renovar la presidencia del Consejo General del INE, y la ley marcó la insaculación entre las personas finalistas que cumplían los requisitos. “Ahora parece que llegó Morena al instituto electoral. No, ella se eligió a través de una tómbola o de un sorteo porque no hubo las dos terceras partes”, sostuvo. La defensa presidencial se apoya en el procedimiento legal, no en la afinidad política de la funcionaria. Es una distinción relevante: si el origen del cargo es el azar y no el acuerdo de bancadas, la crítica de cuota partidista pierde su base formal, aunque no necesariamente su fuerza política.
Sheinbaum amplió el contexto hacia atrás. Recordó que Taddei fue designada presidenta del organismo público local electoral de Sonora en 2014, mediante una decisión del Consejo General del INE que entonces encabezaba Lorenzo Córdova, con Ciro Murayama entre sus integrantes. “Morena todavía ni existía como partido político”, expresó al referirse a esa trayectoria. El argumento presidencial busca mostrar que el perfil técnico de Taddei fue validado por una integración del INE ajena al proyecto político actual. Es un contraste que la presidenta utiliza para desplazar la discusión desde la lealtad partidista hacia la trayectoria institucional.
La lectura política
El movimiento de Sheinbaum tiene dos caras y conviene no confundirlas. Por un lado, defiende el origen legal del nombramiento y, con ello, la legitimidad del procedimiento que llevó a Taddei a la presidencia del INE. Por otro, abre explícitamente la puerta a revisar su gestión. “Si ella cometió ilícitos en el instituto electoral, que se investigue y que se haga la auditoría profunda”, señaló. La presidenta separa la defensa del mecanismo de elección de la obligación de auditar el manejo de recursos públicos. Esa separación le permite respaldar la institución sin blindar a la persona.
El cálculo político no es menor. Quien gana margen es el gobierno federal, que puede responder a las acusaciones de control partidista del INE con un argumento procedimental verificable y, al mismo tiempo, mostrarse exigente en materia de rendición de cuentas. Quien queda en una posición más incómoda es la propia Taddei: su nombramiento queda defendido en el plano formal, pero su administración queda expuesta a una revisión que la presidenta ha pedido de manera pública. La oposición, en tanto, pierde parte del argumento más simple —“Taddei es Morena”— y tendrá que discutir el desempeño del organismo con datos concretos si quiere sostener la crítica.
Institucionalmente, el episodio reafirma un rasgo del diseño electoral mexicano: cuando el Congreso no construye consensos, la Constitución activa el azar como mecanismo de cierre. Eso protege la renovación del órgano, pero también traslada el debate desde la negociación política hacia la desconfianza sobre el resultado. El sorteo resolvió la vacante, no la disputa sobre la independencia del árbitro electoral. Esa disputa sigue abierta y no se cierra con una aclaración de Palacio Nacional.
Qué sigue
El primer paso es la auditoría. La presidenta reiteró su llamado a una revisión profunda de las cuentas del INE, y la pregunta es si ese proceso se activa por las vías institucionales existentes —contraloría interna, auditoría superior o instancias fiscalizadoras— y con qué calendario. El segundo paso es político: si la oposición insiste en la tesis de la cuota partidista, tendrá que hacerlo frente a un argumento procedimental documentado. El tercero es de credibilidad: el INE enfrenta elecciones futuras y su presidencia necesita demostrar autonomía en los hechos, no solo en el origen del nombramiento. Falta, para una lectura completa, conocer si la auditoría solicitada se formaliza y qué alcance tendrá sobre la gestión de Taddei.
