RUTA 27 · MEDIUM
Acosta Naranjo acusa que Palenque definió las 17 candidaturas de Morena
El dirigente de Somos dijo ante su IV Consejo Nacional que las nominaciones a gubernaturas para 2027 no salieron de encuestas ni de la militancia, y acusó al INE y al TEPJF de desechar las quejas por promoción anticipada.

Guadalupe Acosta Naranjo, dirigente del partido Somos, afirmó el 17 de octubre de 2026 que las diecisiete candidaturas de Morena a gubernaturas para 2027 se decidieron «desde una hamaca en Palenque» y no por encuestas imparciales ni voluntad militante. Acusó al INE y al TEPJF de desestimar quejas por campañas adelantadas. Su partido lo facultó ese mismo día para buscar alianzas rumbo a 2027.
Guadalupe Acosta Naranjo, dirigente nacional del partido Somos, sostuvo que las diecisiete nominaciones de Morena a gubernaturas para 2027 no surgieron de la voluntad militante ni de encuestas imparciales, sino que se gestaron «desde una hamaca en Palenque». Lo dijo el 17 de octubre de 2026, en el marco del IV Consejo Nacional de su partido, en la Ciudad de México. La frase es una acusación con nombre y apellido del método: sostiene que el mapa de candidaturas del partido en el gobierno se resolvió en la cúpula y que el calendario formal solo vendrá a ratificar una decisión ya tomada.
Acosta Naranjo no se quedó en el reproche interno. Sostuvo que el proceso electoral en curso es «absolutamente inequitativo» y «carente de legalidad», porque, según su versión, una coalición ya tiene definidos a sus representantes en las diecisiete gubernaturas en disputa antes de los tiempos legales de campaña, mientras las denuncias por promoción anticipada presentadas ante el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) han sido desestimadas. De ahí su lectura de «absoluta indefensión» para los demás actores.
Del reproche partidista al reproche al árbitro
El dirigente de Somos añadió una pieza que incomoda a ambas orillas: descartó que exista ruptura entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Al contrario, interpretó la designación unificada de las diecisiete candidaturas como evidencia de un «cogobierno» tácito, y recordó como episodio simbólico la ocasión en que la atención pública se desplazó hacia el mensaje del exmandatario desde Palenque, por encima del protagonismo presidencial.
La evidencia disponible no incluye una respuesta de Morena a estas afirmaciones, ni las encuestas y actas internas que permitirían contrastar el peso real de los sondeos en cada definición. Tampoco contiene las resoluciones del INE o del TEPJF que respaldarían o desmentirían la versión del dirigente sobre el desechamiento de quejas. Esa ausencia es relevante: la acusación es verificable, pero por ahora se sostiene en la palabra de un opositor.
La lectura política
El movimiento de Acosta Naranjo cumple una función doble. Hacia adentro de su propio partido, la acusación construye identidad: ese mismo 17 de octubre el Consejo Nacional de Somos aprobó por unanimidad que su dirigente inicie pláticas con movimientos sociales y ciudadanos con miras a 2027. Es decir, la crítica al método de Morena opera como argumento fundacional para justificar una tercera vía y, a la vez, como carta de presentación ante un electorado cansado de la disputa entre los partidos tradicionales.
Hacia afuera, la frase «desde una hamaca en Palenque» es una metonimia eficaz: nombra a un actor —López Obrador— como el verdadero decisor y desplaza a la presidenta al lugar de socia, no de jefa. Es una maniobra retórica con costo: si el diagnóstico es de «cogobierno», la pregunta obligada es por qué Sheinbaum conservaría autonomía en el resto de la agenda. Acosta Naranjo no la responde; su inferencia es política, no documental.
Conviene distinguir los niveles, porque el debate público los mezcla. Una cosa es la nominación partidista, otra la precandidatura de facto y otra muy distinta la candidatura formal, que solo existe con el registro ante la autoridad electoral en los plazos que marca la ley. Si las diecisiete definiciones ya ocurrieron, como sostiene el dirigente, lo que existe hoy son posicionamientos y precandidaturas de facto, no candidaturas registradas. La frontera legal no se ha cruzado; la frontera política, según su lectura, sí.
El incentivo de fondo es de calendarío. Para Morena, resolver temprano reduce incertidumbre interna y desactiva disputas costosas, pero regala a la oposición un argumento de inequidad listo para litigarse. Para Somos, instalar esa narrativa antes de que arranquen los procesos formales le permite reclamar un lugar en la conversación sobre la equidad, aunque su capacidad de traducirla en votos es todavía una incógnita.
Qué sigue
El primer punto de verificación es qué documenta Morena: si publica encuestas, actas y criterios de cada definición, la acusación pierde terreno; si no, gana densidad sin necesidad de prueba adicional. El segundo son las quejas ya presentadas ante el INE y el TEPJF: revisar si fueron desechadas, sobreseídas o siguen en instrucción permitirá saber si la crítica a la imparcialidad tiene sustento procesal o queda en consigna.
El tercero es la ruta de Somos: la autorización para negociar con movimientos y ciudadanos tendrá que traducirse en mesas concretas y, eventualmente, en definiciones de alianzas. Y el cuarto es el calendario: los plazos de registro de candidaturas marcarán el momento en que la discusión deje de ser sobre intenciones y se convierta en expediente.