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RUTA 27 · LOW

Analistas ven factible alianza PAN-PRI 2027, pero sin fuerza para ganar

El acercamiento entre Alejandro Moreno y Jorge Romero reactivó el debate sobre un frente opositor, pero dos politólogos advierten que la suma no alcanzaría para quitarle a Morena la mayoría legislativa.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Los politólogos Javier Contreras Vázquez (UNAM) y Víctor Alarcón Olguín (UAM) consideraron factible una alianza PAN-PRI para 2027, pero ineficaz: no le arrebataría a Morena los estados que gobierna ni la mayoría en la Cámara de Diputados. El acercamiento se reactivó tras una fotografía de Alejandro Moreno y Jorge Romero en Monterrey, pese a que el PAN sostiene que no hay nada definido.

Una alianza electoral entre el PAN y el PRI rumbo a 2027 es factible, pero no serviría para el objetivo que la justificaría: arrebatarle a Morena la mayoría en la Cámara de Diputados. Esa es la conclusión de los politólogos Javier Contreras Vázquez, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y Víctor Alarcón Olguín, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en un análisis publicado el 5 de octubre de 2026.

El debate, entonces, ya no es si ambos partidos se toleran, sino para qué alcanzaría la suma. Contreras consideró real la posibilidad de coalición, "pero no por ello eficaz": ni el PAN ni el PRI, dijo, tienen potencia para llegar a 251 diputados —la mitad más uno— y ambos han cedido espacios en el Congreso. Alarcón descartó de plano una alianza para las 17 gubernaturas en disputa y acotó el escenario razonable a diputaciones federales y locales y presidencias municipales, para "mejorar su posición en los Congresos".

El detonante: una fotografía, no un convenio

El acercamiento cobró fuerza luego de que Alejandro Moreno Cárdenas y Jorge Romero Herrera, dirigentes nacionales del PRI y del PAN, se fotografiaran juntos y sonrientes en Monterrey, durante el segundo informe del alcalde priista Adrián de la Garza, señalado como aspirante de su partido al gobierno de Nuevo León. Al evento asistieron los expresidentes panistas Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.

La imagen reactivó una versión que la propia dirigencia panista había enfriado al anunciar que competirían solos y al sostener que no hay nada definido. El ánimo interno no es uniforme: dirigentes locales del PAN presionan por cerrar la alianza, mientras su base militante no aparece convencida; en el PRI, distintos sondeos citados en el análisis muestran una militancia mayoritariamente favorable a la suma.

Lo que dicen los números

El antecedente inmediato no es alentador. En 2021, de 15 gubernaturas en juego, PAN y PRI —en algunos casos con el PRD— fueron en coalición en once entidades: Baja California, Baja California Sur, Campeche, Colima, Michoacán, Nayarit, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Morelos y Zacatecas. Perdieron todas; en Baja California, Campeche y Nayarit terminaron en tercer lugar. Ese año, la alianza PAN-PRI-PRD se llevó 63 de los 300 distritos federales de mayoría relativa.

Alarcón añade un problema de aritmética territorial: donde el PAN ya tiene ruta consolidada, como Aguascalientes y Querétaro, "una suma ahí con el PRI no les ofrece absolutamente nada". Y un problema de discurso: la ciudadanía, dijo, percibe marcas partidistas con "una imagen ya no tan atractiva" y no tiene formada una opinión clara sobre el sentido de las alianzas. Su diagnóstico: los partidos necesitan recuperar bases y credibilidad antes que "aliarse por aliarse".

La lectura política

Hoy no existe coalición en términos legales: no hay convenio firmado ni registrado, no hay plataforma común y no hay candidatura alguna. Lo que hay es una negociación abierta y una operación de señal. La fotografía en Monterrey funciona como mensaje hacia tres audiencias: la militancia panista renuente, una dirigencia priista que necesita sobrevivir y el oficialismo, al que se le anuncia la posibilidad de un frente opositor ordenado.

Los incentivos, sin embargo, están desalineados. El PRI apuesta por la suma porque su competitividad depende de ella; el PAN calcula cuánto le cuesta cargar con la marca tricolor donde ya gobierna o compite solo. Las dirigencias nacionales tienen además un interés propio: administrar el reparto de candidaturas es administrar lealtades rumbo a 2027. De ahí que el acercamiento se anuncie y se desmienta casi al mismo tiempo: conviene mantener la negociación abierta sin pagar el costo de cerrarla. El límite es preciso: una fotografía no es un acuerdo, y un acuerdo no es todavía una coalición.

Qué sigue

- La definición de la dirigencia nacional del PAN: mantener la ruta de competir solo o abrir la negociación formal. - Si el llamado de los dirigentes locales panistas se traduce en un convenio y para qué cargos: diputaciones federales y locales y ayuntamientos, como sugiere Alarcón, o también gubernaturas. - El registro de ese convenio ante la autoridad electoral, el paso que convierte el acercamiento en coalición jurídicamente existente. - Si en Nuevo León la señal de Monterrey se traduce en una candidatura conjunta alrededor de un aspirante priista.