RUTA 27 · MEDIUM
Ariadna Montiel cierra segundas rondas y blinda la encuesta rumbo a 2027
La dirigencia de Morena descartó rediseñar el proceso en los 10 estados que ya tienen coordinador, mientras Citlalli Hernández minimiza la ausencia del PT en cuatro anuncios.

Ariadna Montiel defendió que las encuestas sigan definiendo a los coordinadores estatales de Morena y descartó segundas rondas en los 10 estados ya definidos, donde esos cargos operan en la práctica como precandidaturas a las gubernaturas de 2027. La dirigencia niega ruptura con el PT, ausente en cuatro anuncios, y busca contener inconformidades en cinco estados.
La presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, defendió que las encuestas sigan siendo el método para designar a los coordinadores estatales del partido y advirtió que no habrá segundas rondas en las entidades que ya presentaron responsable. La frase, dicha en conferencia de prensa, tiene destinatarios concretos: los aspirantes que no ganaron y que en al menos cinco estados —Aguascalientes, Colima, Guerrero, Quintana Roo y Zacatecas— han expresado inconformidad. Con esa definición, la dirigencia convierte un instrumento de medición en regla de decisión cerrada y traslada el costo del desacuerdo a quien pretenda seguir disputando el resultado.
La encuesta como regla, no como medición
Montiel sostuvo que las mediciones "no son una decisión de grupos" y que ha habido diálogo con las y los aspirantes. También descartó arreglos por fuera: "no va a haber cochupo, no va a haber una negociación por fuera de la militancia". El partido nombra a estos cargos como coordinaciones de los trabajos de Defensa de la Cuarta Transformación. En la práctica funcionan como precandidaturas de facto: quien los recibe obtiene estructura territorial, vocería y uso de la marca, y queda colocado en posición de salida hacia la gubernatura. El límite es preciso: ninguno es aún candidato registrado, ni precandidato en el sentido que fijan las leyes electorales locales; eso dependerá de las convocatorias y plazos de cada instituto, que todavía no corren.
Los nombramientos de esta semana muestran el alcance del ejercicio: Beatriz Mojica en Guerrero, Carlos Torres Piña en Michoacán, Eugenio "Gino" Segura en Quintana Roo, Julieta Ramírez Padilla en Baja California y Verónica Díaz en Zacatecas, entre otros. Al menos dos de ellos, Mojica y Segura, llegaron al cargo como senadores con licencia, es decir, con un escaño ya desocupado como apuesta personal al resultado.
El flanco más visible no está dentro de Morena, sino en su coalición. La presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, Citlalli Hernández, descartó que la ausencia del Partido del Trabajo (PT) en los anuncios de Guerrero, Michoacán, Zacatecas y Baja California constituya una ruptura. Recordó que la dirigencia petista ratificó nombres a encuestar y propuso encuestadoras espejo, y admitió que desconoce por qué sus cuadros no acompañaron los actos. Es una explicación de la dirigencia, no un dato cerrado.
La lectura política
El movimiento cumple una función de ordenamiento anticipado. Al fijar la encuesta como método único y cerrar la puerta a segundas rondas, la dirigencia nacional concentra la facultad de decidir dónde y cuándo se dirime el conflicto interno, y reduce el número de mesas de negociación antes de que arranque el calendario formal de 2027. Gana margen la presidencia del partido; lo pierden los grupos estatales que apostaban a reabrir el resultado.
Los incentivos son simétricos. Para los ganadores, la encuesta es el aval que necesitaban frente a sus propios equipos: no llegan como designados, llegan como medidos. Para los inconformes, la negativa a una segunda ronda elimina la expectativa de renegociación y los obliga a elegir entre alinearse o cargar con el costo político de la ruptura. Ahí está el punto sensible: si el método no ofrece árbitro externo, la inconformidad no desaparece, se desplaza —de la mesa de negociación a la disputa interna y, más adelante, al terreno de cada convocatoria local.
La afirmación de que la decisión "no es de grupos" es, en sí misma, una operación política: despolitiza un resultado que la dirigencia contrató, operó y validó. Sin metodología pública —quién levantó cada encuesta, con qué muestras y márgenes—, la transparencia que invoca Montiel es una declaración de la dirigencia, no un dato verificable con el material disponible. Tampoco hay elementos para sostener que la ausencia del PT obedezca a una ruptura consumada; lo verificable es que el aliado no acompañó cuatro actos públicos en entidades donde tenía interés.
La consecuencia electoral es de calendario. Quien hoy recibe la coordinación acumula meses de recorrido, estructura y presencia antes de que exista una candidatura formal; quien perdió tendrá menos tiempo y menos aparato para revertirlo. En elecciones donde la ventaja de salida pesa, esa asimetría suele ser más determinante que cualquier encuesta futura.
Qué sigue
La dirigencia situó la siguiente etapa organizativa hacia el final del año, sin precisar fechas ni entidades restantes. Montiel ofreció revisión técnica del proceso a quien tenga dudas, sin comprometerse a repetir mediciones. El pulso con el PT se verificará en los próximos anuncios: si vuelve a acompañar o mantiene la distancia. Y el paso decisivo no depende de Morena, sino de los institutos electorales locales, cuyas convocatorias y plazos convertirán —o no— estos cargos en candidaturas registradas para 2027.