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Autogeneración en centros de datos aliviaría 2% la demanda pico en 2030, según Ember
Un informe del centro de análisis climático Ember señala que la autogeneración eléctrica en instalaciones de datos reduciría casi cinco veces más la presión sobre la red que el desplazamiento de carga, aunque advierte riesgos regulatorios y ambientales.

Ember estima que la autogeneración en centros de datos podría recortar un 2% la demanda pico para 2030, casi cinco veces más que el desplazamiento de carga, limitado por la rigidez de las cargas de IA y nube. El estudio, basado en un caso en Texas, plantea riesgos de dependencia de combustibles fósiles y doble contabilización de costos si no hay regulación estricta.
La autogeneración de energía en los centros de datos podría reducir un 2 % la demanda pico eléctrica proyectada para 2030, según un informe del centro de análisis climático Ember. El hallazgo es relevante porque ofrece una vía para aliviar la presión sobre redes eléctricas cada vez más exigidas por la expansión de la inteligencia artificial y la nube, pero también expone tensiones regulatorias y ambientales que los gobiernos aún no resuelven.
El estudio compara dos estrategias para moderar el consumo eléctrico en momentos críticos. Por un lado, el desplazamiento de carga, que consiste en redirigir el consumo informático durante los picos de emergencia de la red. Por otro, la autogeneración, también conocida como BYOC (bring your own capacity), que permite a los centros de datos operar sin interrupción desconectándose de la red pública mediante generadores instalados en el sitio.
Ember estima que solo un 3 % de la capacidad total de los centros de datos a nivel mundial estará disponible para desplazamiento de carga en 2030, debido a que cerca del 87 % se dedicará a cargas de trabajo ultraseguras para la latencia, como servicios de nube e inferencia de IA. Estas aplicaciones requieren respuestas inmediatas y no pueden interrumpirse sin consecuencias financieras devastadoras. Solo un 13 % de la industria, representado por granjas de servidores dedicadas al entrenamiento de modelos de IA, tendría flexibilidad técnica para detener su actividad.
El informe ilustra la diferencia con un caso de estudio en Texas. Las instalaciones Stargate Abilene y Comanche Circle, que alcanzarán una capacidad total de 5,6 GW, podrían aliviar solo 0,55 GW mediante desplazamiento de carga durante un evento extremo, lo que representa un 0,4 % del pico proyectado para 2030 por el operador tejano. En cambio, si cambiaran temporalmente a sus sistemas de generación en el sitio, retirarían hasta 2,7 GW de carga de la red pública.
La autogeneración daría un alivio casi cinco veces mayor que el desplazamiento de carga, según Ember, pero su expansión sin regulación estricta conlleva riesgos de dependencia de combustibles fósiles y de duplicación de costos que podrían recaer en los consumidores residenciales. El informe advierte que en mercados no regulados como el de Texas, los desarrolladores tecnológicos apuestan por la quema de gas natural para obtener suministro autónomo, lo que pondría en peligro las metas de descarbonización e incrementaría las emisiones de carbono. Además, la duplicación de costos operativos terminaría siendo asumida injustamente por el consumidor residencial promedio.
La lectura
El control de la infraestructura energética de los centros de datos es un asunto de poder público. Quienes operan estas instalaciones —grandes tecnológicas y desarrolladores de IA— concentran la capacidad de decidir cuándo desconectarse de la red y a qué costo. Esa facultad, que en principio puede estabilizar el sistema eléctrico, también les permite externalizar riesgos ambientales y financieros si no existen reglas claras.
En México, donde la red eléctrica enfrenta presiones por la creciente demanda industrial y la transición energética, el debate sobre autogeneración en centros de datos aún no ocupa un lugar central en la agenda regulatoria. La Comisión Reguladora de Energía (CRE) y la Secretaría de Energía (Sener) tienen pendiente definir si se permitirá esta modalidad a gran escala y bajo qué condiciones ambientales y tarifarias. El informe de Ember, aunque basado en un caso texano, ofrece evidencia sobre los límites del desplazamiento de carga y el potencial de la autogeneración, pero no evalúa el contexto mexicano.
La decisión pública que sigue es si los reguladores mexicanos permitirán la autogeneración a gran escala en centros de datos y cómo evitarán que los costos de respaldo y las emisiones se trasladen a los usuarios residenciales. Hasta ahora no hay una postura oficial conocida sobre el tema. Tampoco está claro si el país cuenta con la infraestructura de gas natural o la capacidad regulatoria para supervisar esta práctica sin comprometer sus metas climáticas.
Qué sigue
El informe de Ember plantea un desafío para los operadores de red y los reguladores: integrar la autogeneración como una herramienta de flexibilidad sin desmantelar los incentivos para descarbonizar. En México, la discusión debería pasar por la CRE y la Sener, que tendrían que armonizar las reglas de autogeneración con la política eléctrica y climática. También involucra a los operadores de los centros de datos, que enfrentan presión para asegurar suministro constante mientras la opinión pública y los gobiernos exigen mayor transparencia sobre su huella energética.
La evidencia disponible no permite determinar si México adoptará un marco similar al de Texas o si optará por restricciones. Falta información sobre la capacidad de autogeneración instalada en el país, los planes de los desarrolladores y las evaluaciones oficiales sobre su impacto en la red. Sin esos datos, cualquier lectura sobre el caso mexicano es preliminar.
