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RUTA 27 · MEDIUM

Ávila renuncia a la Cuauhtémoc, pero no apaga su red territorial

La declinación en favor de Citlalli Hernández no vino con retiro de las calles: Ávila mantiene recorridos en Santa María la Ribera y ataques a la alcaldesa Rojo de la Vega, con el pasivo del episodio contra la periodista Lourdes Mendoza encima.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

El diputado federal y vocero de Morena, Arturo Ávila Anaya, anunció que no competirá por la candidatura de su partido a la alcaldía Cuauhtémoc en 2027 y respaldó a Citlalli Hernández, pero sigue recorriendo la demarcación y confrontando a la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega. La declinación ordena el frente interno; no hay candidatura formal ni proceso resuelto.

Arturo Ávila Anaya hizo pública su renuncia a competir por la candidatura de Morena a la alcaldía Cuauhtémoc en 2027 y pidió cerrar filas en favor de Citlalli Hernández. El anuncio, divulgado el 5 de octubre de 2026, ordena el frente interno de Morena en una de las plazas más simbólicas de la Ciudad de México. El detalle incómodo es que el mismo personaje que declina sigue apareciendo en las calles de esa demarcación.

El propio legislador federal, vocero de la bancada guinda, documentó esa continuidad. Desde la colonia Santa María la Ribera escribió en su cuenta de X: "Nunca nos fuimos. Aquí seguimos haciendo territorio con los vecinos", y aprovechó el mensaje para arremeter contra la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega, a quien reclamó el contenido de sus videos en redes sociales y contrastó con lo que, según él, debería hacer en la demarcación.

Conviene separar las categorías. La renuncia que Ávila hizo pública es un acto político, no un trámite electoral: en la evidencia disponible no consta ningún desistimiento formal ante las instancias internas de Morena ni ante el Instituto Nacional Electoral (INE). El proceso que definirá las candidaturas de 2027 no está resuelto y tampoco está acreditado que Citlalli Hernández haya sido designada. Lo que existe es un respaldo público y una aspiración retirada de la competencia por su propio autor, no una candidatura ni una precandidatura registrada.

La declinación ocurre, además, con un pasivo encima. En días recientes el legislador festejó en redes el acoso y la agresión física que sufrió la periodista Lourdes Mendoza en Los Pinos, donde una turba la increpó, con la consigna "¡Amor con amor se paga!". El gremio periodístico lo condenó y legisladoras de oposición, entre ellas Lilly Téllez, lo acusaron de validar la violencia y de alentar la violencia política contra mujeres y comunicadores. A eso se suma la iniciativa que impulsó junto al diputado Sergio Gutiérrez Luna para crear una comisión especial que vigilara la "injerencias digital" y monitoreara tendencias en redes sociales, propuesta que encendió alertas entre especialistas en derechos digitales.

La declinación que no desmontó la estructura

En la política mexicana, declinar no siempre significa salir. La renuncia pública a competir cumple una función reconocible: desactivar una disputa interna que podría dividir al partido en una alcaldía donde cada voto pesa, y al mismo tiempo conservar intacta la red territorial de quien declina. El "nunca nos fuimos" de Ávila opera en ese registro: mantiene activos cuadros, presencia y capacidad de convocatoria, y sostiene la confrontación con Rojo de la Vega, que hoy es una de las principales vitrinas de oposición en la capital. Es, en la práctica, un posicionamiento territorial sostenido. No hay todavía candidatura ni precandidatura de facto, porque no consta proselitismo estructurado ni registro alguno; esa frontera la definirá el proceso interno de Morena, cuyo método y calendario siguen sin conocerse.

La lectura política

El movimiento ordena el flanco interno, pero no resuelve el reparto. Quien declina en favor de un nombre fuerte gana algo: reduce el costo de una fractura, se coloca como interlocutor en la negociación de otros espacios y evita quedar señalado como el obstáculo. La señal hacia Citlalli Hernández y hacia los grupos que la impulsan es de lealtad; la señal hacia los adversarios es que la disputa por la Cuauhtémoc sigue abierta. Pero la ecuación tiene un costo: el episodio de Los Pinos y la iniciativa de vigilancia digital entregan a la oposición y a los medios un argumento listo contra cualquier candidatura asociada a Ávila, lo que encarece promoverlo y da razones a quien prefiera que la boleta de 2027 en esa alcaldía no cargue ese pasivo. En paralelo, la permanencia de los recorridos deja a Hernández con un operador visible, con agenda propia, dentro del mismo territorio que ella pretende encabezar. Qué tanto pesa cada cosa depende de un dato que aún no existe: quién define la candidatura y con qué método.

Qué sigue

Tres verificaciones marcan el calendario. Primera: si la renuncia se formaliza ante las instancias partidistas y si Morena define método y fechas para seleccionar candidaturas en la Ciudad de México, donde en 2027 se renuevan alcaldías y Congreso local. Segunda: si Ávila mantiene los recorridos y si su nombre aparece en la puja por otro cargo —una diputación, una coordinación o un espacio en el gobierno capitalino—, lo que confirmaría la declinación como moneda de cambio. Tercera: el destino del episodio de Los Pinos, ante eventuales denuncias y pronunciamientos del gremio, y de la iniciativa sobre "injerencias digital", que sigue pendiente en el Congreso.