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RUTA 27 · MEDIUM

Baños pide al INE sesiones presenciales y expone fisuras rumbo al 2027

El representante de Somos advirtió que existe 'una línea rota' en la comunicación interna del Instituto y señaló al consejero Jorge Montaño por fallas de conexión durante una sesión. El Tribunal Electoral acreditó la asistencia de Montaño a un acto en Chiapas ese día, aunque esa

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre justicia y controversias electorales
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Marco Baños, representante del partido Somos ante el INE, pidió que el Consejo General vuelva a sesionar de forma presencial porque el proceso electoral de 2027 ya arrancó. Advirtió tensiones internas y problemas para recibir información, y señaló al consejero Jorge Montaño. La demanda presiona la transparencia del órgano que organizará la elección de diputados federales.

Marco Baños, exconsejero electoral y hoy representante del partido Somos ante el Instituto Nacional Electoral (INE), pidió que el Consejo General regrese a sesionar de forma presencial. Su argumento: el proceso electoral ya arrancó y las decisiones del máximo órgano no deberían discutirse a distancia. En apariencia es un asunto de formato y logística. En la práctica es una disputa sobre cuánta deliberación real y cuánta publicidad acompaña a las resoluciones que ordenarán la elección de 2027, cuando se renueve la Cámara de Diputados y se celebren comicios locales.

Baños describió el ambiente interno como "muy tenso". Dijo que las fricciones entre consejeros y la confrontación entre partidos pueden afectar la organización de los comicios, y colocó el problema de la comunicación interna en el centro de su reclamo: pidió siete informes al Instituto y, según su relato, sus solicitudes fueron agrupadas en un solo punto del orden del día. "Es claro que hay una línea que está rota en términos de comunicación", afirmó. Reconoció que las reuniones a distancia pueden ser útiles para otras tareas, pero sostuvo que el órgano encargado de conducir un proceso electoral debe discutir sus determinaciones con la mayor atención y publicidad posibles.

Un señalamiento y su límite

Para ilustrar su crítica, el representante de Somos apuntó al consejero Jorge Montaño: según su versión, Montaño reportó problemas de conexión durante la sesión mientras aparecía en fotografías de un acto celebrado ese mismo día en Chiapas. El Tribunal Electoral confirmó que el consejero participó el 24 de septiembre en un encuentro en Chiapa de Corzo. Esa constancia acredita su asistencia al evento, pero por sí sola no establece cuánto tiempo siguió la sesión del INE ni en qué momentos tuvo fallas técnicas. La precisión importa: el señalamiento es de Baños, no un hecho probado en sus términos.

El propio Baños arrastra otro expediente ante el Instituto. El INE aprobó el 3 de septiembre la denominación y el emblema definitivos de Somos —la palabra en letras rosas sobre fondo blanco— después de una disputa sobre la identidad gráfica del partido. El representante sostuvo que los retrasos afectaron la operación del partido y la entrega de financiamiento público en los estados. Son, dijo, señales preocupantes en el arranque de un proceso en el que su fuerza política necesita pisar terreno.

La lectura política

El movimiento cumple una función práctica: convierte un tema procedimental —sesionar en el salón o en pantalla— en una vara para medir la transparencia del árbitro electoral. En un órgano colegiado, el formato define cuánto se ve, cuánto se interrumpe y cuánto queda registrado del debate. Pedir presencialidad no es neutral: obliga a cada consejería a exhibir presencia, preparación y postura en un momento en que el Instituto reparte tareas y define prioridades de organización.

Hay además un incentivo partidista explícito. Somos acaba de ver aprobada su identidad gráfica y reclama recursos y capacidad operativa en los estados; presionar en público puede funcionar como vía para destrabar trámites internos y ganar visibilidad antes de que el calendario se sature. Para Baños, exconsejero con conocimiento fino del aparato, el costo de la crítica es bajo y el rédito institucional es alto: se coloca como el representante que vigila la forma en que el INE decide, no sólo el contenido.

La señal hacia adentro es más incómoda. Nombrar a un consejero por su conexión mientras el constancia sólo acredita su presencia en un acto público deja abierta una discusión sobre asistencia efectiva y diligencia. Si el Consejo no responde al planteamiento, el argumento de comunicación rota podría reaparecer —no como queja, sino como agravio— cuando se impugnen decisiones sobre coaliciones, registros o fiscalización. Falta un elemento para sostener algo más: no hay constancia pública de que el Consejo haya acordado volver a sesionar en persona ni de que sus siete informes hayan sido desahogados.

Qué sigue

El dato a observar es si la próxima sesión del Consejo General se convoca de forma presencial o si el formato a distancia se mantiene, y con qué respuestas a las solicitudes de información pendientes. En paralelo, el calendario de entrega de financiamiento público a Somos en los estados y el avance de las tareas de organización de 2027 medirán si la tensión descrita se traduce en demoras. Ninguno de esos puntos está resuelto en el expediente público disponible.