POLÍTICA · HIGH
Bloqueos por CURP empujan a usuarios a eSIM extranjeras y amparos
El gobierno de Sheinbaum ejecuta suspensiones escalonadas de líneas no registradas en octubre de 2026. Operadores aplican los cortes y usuarios buscan rutas tecnológicas y legales para mantener su conexión.

El gobierno de México ejecuta en octubre de 2026 bloqueos escalonados de líneas telefónicas no vinculadas a la CURP, con operadores como Telcel, Movistar, AT&T y Bait aplicando los cortes bajo supervisión del IFT. Miles de usuarios buscan eSIM extranjeras y despachos impulsan amparos por el artículo 6° constitucional. La medida revive el debate sobre privacidad que tumbó al PANAUT en 2022.
El gobierno de México, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, avanza en la ejecución de bloqueos escalonados de líneas telefónicas no registradas con CURP, y el calendario de octubre de 2026 ya alcanza a terminaciones específicas de números celulares. La medida, presentada como herramienta contra la extorsión y el fraude telefónico, dejó de ser un anuncio regulatorio para convertirse en una operación cotidiana: los operadores aplican cortes progresivos y miles de usuarios buscan cómo conservar su conexión.
Los bloqueos ya no son advertencia: operadores como Telcel, Movistar, AT&T y Bait ejecutan suspensiones progresivas que van de la restricción de llamadas y mensajes hasta la desconexión de datos móviles, salvo servicios de emergencia. El trámite exige vincular cada SIM a la CURP y a una identificación oficial, ya sea en centros de atención o en portales de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones. Quien no completa el proceso enfrenta la pérdida parcial o total del servicio.
El diseño escalonado —con fechas por terminación de número, como las líneas terminadas en 5 que vencen el 31 de octubre— mantiene en alerta tanto a usuarios de prepago como de pospago. Las autoridades y los concesionarios intensificaron alertas por SMS y canales digitales, pero el efecto visible es otro: una migración hacia soluciones que no pasan por el padrón local.
La lectura política
El oficialismo sostiene que el registro cierra espacios de opacidad que la delincuencia organizada aprovecha para extorsionar y cometer fraude. Esa justificación de seguridad pública es el principal activo político de la medida: le permite al gobierno presentar los cortes como costo necesario de una política de protección ciudadana. Sin embargo, el esquema carga con una sombra institucional difícil de esquivar.
El antecedente del PANAUT, declarado inconstitucional por la SCJN en 2022 por vulnerar la privacidad, reaparece en el debate: el nuevo modelo traslada la base de datos a los operadores privados bajo supervisión regulatoria, pero no elimina el riesgo de concentración masiva de información biométrica y demográfica. Asociaciones de ciberseguridad y colectivos civiles advierten sobre filtraciones, y despachos jurídicos ya impulsan amparos que argumentan que condicionar el acceso a telecomunicaciones —derecho vinculado al artículo 6° constitucional— a un trámite administrativo posterior a la contratación original resulta desproporcionado.
Los tribunales federales mantienen criterios divididos sobre estos amparos, por lo que la efectividad de la vía legal depende del análisis caso por caso y de los plazos perentorios tras la notificación de los operadores. Esa dispersión judicial es, en sí misma, un dato político: no hay todavía un criterio unificado que dé certidumbre ni a usuarios ni a concesionarios.
El margen de maniobra se redistribuye. El gobierno gana capacidad de ejecución y un relato de seguridad, pero pierde terreno en el flanco de privacidad y confianza digital. Los operadores quedan como rostro visible del corte ante el usuario, aunque actúan bajo lineamientos oficiales y supervisión del IFT: cargan el desgaste operativo y reputacional. Los usuarios, en cambio, descubren un margen técnico: las eSIM internacionales, contratadas mediante perfiles digitales y roaming, permiten mantener datos móviles sin CURP local.
Las eSIM extranjeras se posicionan como válvula de escape temporal, pero con límites claros: costos más altos por gigabyte, ausencia de numeración local para llamadas de voz y dependencia de la cobertura de redes nacionales asociadas por convenios internacionales. No sustituyen al servicio local; lo esquivan parcialmente. Y especialistas en telecomunicaciones ya advirtieron que la medida será inútil para frenar la extorsión mientras persistan el spoofing y los chips internacionales usados por la delincuencia organizada.
Qué sigue
El calendario de octubre sigue su curso y las líneas con plazos vencidos enfrentarán cortes definitivos. La pregunta institucional es doble: si los amparos logran suspensiones con efectos generales o quedan en casos aislados, y si el IFT y la Agencia de Transformación Digital publican criterios claros sobre custodia, resguardo y acceso a los datos registrados. Sin esa claridad, el debate de privacidad que tumbó al PANAUT seguirá abierto, ahora con millones de líneas en juego y una migración tecnológica que el propio gobierno no controla.
