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Citlali Calixto busca coordinar Morena en Acapulco: la alcaldía, detrás

La diputada local se sumó a una lista de 15 aspirantes en el puerto, dentro de un proceso que el partido llama coordinación y que en Guerrero se lee como antesala de las candidaturas a las alcaldías.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Citlali Calixto Jiménez, diputada local, expresó el 19 de octubre de 2026 su interés en encabezar la coordinación municipal de Morena en Acapulco, dentro de un proceso interno que cerró con 15 aspirantes en el puerto y 37 en tres municipios de Guerrero. El cargo es partidista, no una candidatura, pero en la entidad se interpreta como antesala de la postulación a la alcaldía rumbo a 2027.

Citlali Calixto Jiménez quiere encabezar la coordinación municipal de Morena en Acapulco y lo dijo sin rodeos el lunes 19 de octubre de 2026: “Acapulco es mi casa y es mi causa. A esta casa, a esta causa y a su pueblo quiero ofrecer mi trabajo, mi capacidad, mi energía y mi corazón”. El cargo que busca es partidista, no existe en la ley electoral y no equivale a una candidatura. Pero en Guerrero esos registros se leen como la antesala de la postulación a las alcaldías, y eso convierte un trámite organizativo en una disputa por el poder municipal.

La convocatoria cerró el domingo 18 de octubre con al menos 37 registros repartidos en tres municipios: 15 en Acapulco, 19 en Zihuatanejo y tres en Chilpancingo. El nombre oficial del proceso —coordinaciones municipales de Morena por la Defensa de la Transformación y la Soberanía— no alcanza a describir lo que está en juego. En Acapulco la lista incluye a la diputada federal Yoloczin Domínguez Serna, al diputado local Joaquín “Jacko” Badillo Escamilla, a la exsecretaria general del Ayuntamiento Leticia Lozano Zavala y a la exdiputada federal Rosario Merlín García, además de Calixto. En Chilpancingo aparece Iván Hernández Díaz, exdelegado de programas federales que ya compitió por la coordinación estatal.

El costo de entrada no es el mismo para todos. Ricardo Salinas Méndez renunció a la Oficialía Mayor de la Secretaría de Finanzas y Administración de Guerrero antes de formalizar su registro, y sostuvo que buscará “promover la unidad y el diálogo” entre los perfiles del partido: “Me considero un gestor permanente para los beneficios de Acapulco y su gente”. Calixto, en cambio, mantiene su curul y, según se confirmó ese mismo día, puso en pausa la decisión de solicitar licencia para competir con sus compañeros morenistas. La diferencia entre soltar el cargo y conservarlo mientras se compite es, en la práctica, una diferencia de posición negociadora.

Un cargo partidista con reloj electoral

Morena ha insistido en que se trata de un proceso interno para definir coordinaciones, y formalmente lo es: la definición de los perfiles corresponde al partido, no a una votación constitucional. Lo que la evidencia no permite sostener todavía es el método, el calendario de la definición ni las reglas con las que se resolverá el empate entre 15 aspirantes en un solo municipio. Sin esos elementos, cualquier lectura sobre quién va adelante es especulación.

Lo que sí está a la vista es la escala. Acapulco es el municipio más poblado de Guerrero y su alcaldía ha sido, en ciclos recientes, plataforma de primer orden dentro del morenismo estatal. Que una diputada local, una diputada federal, un diputado local y dos exfuncionarias compitan por el mismo espacio sugiere que el partido no está repartiendo un puesto administrativo, sino ordenando una sucesión.

La lectura política

Una “coordinación municipal” funciona, en la práctica, como una precandidatura de facto: no hay registro ante el Instituto Electoral y de Participación Política de Guerrero, no hay acta de precandidatura ni derechos adquiridos, pero el ejercicio coloca a quien lo gana en posición de salida hacia la candidatura. El eufemismo tiene una utilidad doble: permite al partido medir lealtades y capacidad de movilización sin comprometer la postulación, y permite a los aspirantes exhibirse ante la militancia sin quedar atados formalmente a una contienda.

Para Calixto, el movimiento tiene un incentivo claro. Registrarse la instala en la conversación municipal sin desprenderse de la tribuna legislativa ni del margen que da una curul; mantener en pausa la licencia le deja abierta la puerta de regreso si la definición interna no le favorece. Es una jugada de bajo costo y alta visibilidad, y también una señal a sus adversarios internos: no piensa esperar a que el partido la llame.

El riesgo está del otro lado. Con 15 aspirantes en Acapulco, el proceso puede resolver la sucesión o fragmentar al morenismo local, dependiendo de cómo se procese el resultado. Si la definición se percibe como imposición, los perdedores conservan cargos, tribunas y redes —Calixto entre ellos— y la disputa se traslada a la elección. Si se percibe como competencia ordenada, Morena llega a 2027 con un precandidato con trabajo territorial ya hecho. La elección de Guerrero de 2027 renovará gubernatura y ayuntamientos en la misma jornada, así que el acomodo municipal no es un asunto menor para la estructura estatal del partido.

Qué sigue

Tres cosas verificables: la lista de registros validados y el método de definición que el partido debe hacer público; las asambleas informativas a las que Calixto convocó a militantes y simpatizantes, que serán el primer termómetro de su fuerza real en el puerto; y la decisión sobre su licencia, que sigue en pausa y que depende del Congreso de Guerrero. Hasta que no haya resolución formal, la de Calixto es una aspiración en curso, no una candidatura.