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RUTA 27 · MEDIUM

Dávila acusa ambigüedad de Romero y expone fractura del PAN rumbo a 2027

La exsenadora cuestiona que el partido se declare sin coalición con el PRI y después deje abierta la puerta a alianzas en algunos estados. Advierte que la indefinición desordena la operación y las candidaturas internas.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Adriana Dávila, exsenadora y exdiputada federal del PAN, criticó a la dirigencia de Jorge Romero por decir que el partido irá sin coalición con el PRI en 2027 y luego abrir alianzas en algunos estados. Sostiene que esa ambigüedad desordena la operación territorial y el reparto de candidaturas, en un partido que acumula renuncias internas. Renunció a la Comisión Permanente el 31 de agosto.

Adriana Dávila, exsenadora y exdiputada federal del PAN, cuestionó la conducción del partido bajo Jorge Romero con un argumento que no es de estilo sino de operación: un partido que anuncia que irá sin coalición con el PRI en 2027 y luego deja abierta la puerta a alianzas en algunos estados no puede, al mismo tiempo, alinear a su estructura y repartir candidaturas. "El problema ya no es si vamos a unirnos en coalición. El problema es la indefinición", resumió.

La crítica llega a días de que Acción Nacional cumpliera 87 años y coincide con una ronda de salidas internas. Dávila renunció el 31 de agosto a la Comisión Permanente del Consejo Nacional, que calificó de simulación: un espacio donde, a su juicio, el presidente habla y los demás aplauden porque temen perder candidaturas que todavía no tienen. Preguntada sobre si Romero la buscó después de su renuncia, respondió: "No, hombre. Nada."

Su objeción no es que el PAN deba o no aliarse con el PRI en cada estado. Es que la decisión, una vez tomada, se sostenga. Describe el costo con una imagen: si el partido fuera un camión, el chofer debe tener claro el destino —2027, recuperar la Cámara de Diputados para hacer contrapeso— porque de lo contrario "probablemente en el camino te estrella y termines perdiendo todo". Y añade: "No hay nada peor en un partido político que sea tibio frente a las cosas que estén sucediendo. No puede ser ambiguo."

Nepotismo, notarías y salidas sin responsable

Dávila identifica tres episodios que, según ella, contradicen el discurso de renovación. El primero es el respaldo que la dirigencia mantiene al senador Enrique Vargas, quien junto con su esposa, la presidenta municipal de Huixquilucan Romina Contreras, se ha alternado el gobierno de ese municipio mexiquense. Vargas ya anunció que buscará volver en 2027. Para Dávila se trata de nepotismo, y advierte la incomodidad de criticar a Luisa María Alcalde o a los Batres cuando en casa "pasa lo mismo".

El segundo es el senador Marko Cortés. Dávila propuso investigar la negociación de notarías y espacios administrativos en Coahuila a cambio del apoyo del PAN al candidato del PRI Manolo Jiménez en 2023, cuando Cortés dirigía el partido. Según su versión, la propuesta no avanzó; ella lo llama "tráfico de influencias". Sobre ese señalamiento no hay resolución conocida.

El tercero son las salidas de Renán Barrera y Mariana Dunyaska, cuadros cuya partida, según Dávila, nadie salió a contener. Su lectura: cuando no hay operación política y son "los dueños de los partidos en los estados" quienes deciden, los relevos se van en lugar de corregirse.

La lectura política

Lo de Dávila es presión interna, no ruptura. Renunció a un órgano del partido, no al partido, y no anunció candidatura ni salida de sus filas. El límite importa: no hay precandidatura, registro ni aspiración declarada a un cargo en esta evidencia; lo que hay es el posicionamiento de un cuadro panista que conserva margen dentro del panismo y puede capitalizar el descontento de quienes se fueron sin irse.

El fondo del conflicto es un choque de dos lógicas. La dirigencia nacional apuesta a una identidad sin el PRI, como decisión de marca que ordena el discurso del partido. Los liderazgos estatales, en cambio, calculan distrito por distrito: hay territorios donde la estructura panista sola no alcanza y una alianza local puede valer presidencias municipales y diputaciones. Es la tensión clásica entre línea nacional y aritmética local, y se resuelve donde siempre: en las reglas. Quien fija los criterios de coalición controla, en la práctica, el acceso a las candidaturas.

Por eso la indefinición no es solo un problema de discurso. Cuando las reglas se postergan, cada grupo negocia por su cuenta y la dirigencia pierde capacidad de contención; las salidas de Barrera y Dunyaska operan como recordatorio del costo de no retener cuadros. Y hay un precedente incómodo para la línea oficial: el apoyo de 2023 en Coahuila, según el relato de Dávila, muestra que la postura frente al PRI ha sido reversible en la práctica cuando hubo algo que repartir. La señal a aliados y adversarios es de reglas cambiantes: para un partido que busca contrapeso en San Lázaro, eso complica pedir disciplina.

Falta un elemento para sostener una lectura más dura: ningún órgano facultado del PAN ha hecho público un criterio de coaliciones y no hay respuesta de Romero a estas críticas en la evidencia disponible. Eso que falta es, precisamente, lo que Dávila reclama.

Qué sigue

El punto de verificación inmediato es si la dirigencia lleva el tema al Consejo Nacional y publica lineamientos de coalición, o si deja la ambigüedad hasta que el calendario electoral federal obligue a definiciones formales ante la autoridad electoral. También importa si responde a las críticas o las deja correr.

Dos indicadores dirán si esto es un episodio o un patrón: si se detienen las salidas internas y si los liderazgos estatales logran que se autorice coalición en sus entidades. En paralelo, el PAN tiene pendiente su proceso de renovación de dirigencia, otro punto donde se medirán las lealtades rumbo a 2027.