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Doble encuesta del PAN en Monterrey: el CEN mide y retiene la decisión
El partido medirá dos veces a quienes buscan encabezar la candidatura en Monterrey, mientras una diputada priista ya aparece registrada en su proceso interno.

El dirigente del PAN en Nuevo León, Policarpo Flores Peña, informó que la definición del perfil para la Alcaldía de Monterrey pasará por una encuesta del CEN panista y una 'encuesta espejo' estatal, con cinco aspirantes inscritos. El mismo día se reunió con la diputada priista Lorena de la Garza, registrada también como aspirante. PRI y PAN tienen hasta el 13 de noviembre para registrar alianzas r
Doble encuesta del PAN en Monterrey: el CEN mide y retiene la decisión
La disputa por la Alcaldía de Monterrey se medirá dos veces. El dirigente estatal del PAN en Nuevo León, Policarpo Flores Peña, informó que el proceso interno para definir el perfil que encabezará esa candidatura contempla una encuesta del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del partido y otra denominada “encuesta espejo” a nivel estatal. El dato no es un detalle metodológico: define quién mide y, por lo tanto, quién conserva la última palabra sobre el municipio más grande donde el panismo compite.
El anuncio se hizo después de una reunión con la diputada local del PRI, Lorena de la Garza Venecia, en la biblioteca del Congreso del Estado. Ambos partidos desarrollan procesos internos simultáneos con miras a 2027 y, en el caso de Monterrey, la conversación ya no es teórica: De la Garza confirmó que se registró en el procedimiento del PAN porque ese partido ya abrió su convocatoria, y que esperará los lineamientos del PRI para participar también en el suyo. “Cuando tú te postulas con una alianza eres candidato de los dos partidos”, argumentó.
Flores Peña dijo que son cinco los aspirantes que buscan “coordinar los trabajos políticos de Monterrey”: tres vinculados a la militancia panista y dos ajenos a ella. Entre los nombres que han circulado públicamente aparecen Fernando Margáin, Annia Gómez, Myrna Grimaldo y Arturo Salinas, además de perfiles ciudadanos. El dirigente evitó revelar con quiénes ya se reunió y justificó el silencio con la necesidad de mantener “sigilo” para no dar ventajas dentro del proceso.
Sobre una eventual alianza PAN-PRI en Monterrey, Flores sostuvo que “no hay nada escrito” y recordó que los partidos tienen hasta el 13 de noviembre para registrar coaliciones, por lo que las definiciones se concentrarán en las próximas semanas. También subrayó un límite que ordena todo lo demás: la dirigencia nacional panista ha señalado que las decisiones sobre alianzas rumbo a 2027 mantienen conducción nacional.
El filtro que ordena lealtades
Flores Peña enumeró tres criterios para elegir al eventual candidato o candidata: obtener buen resultado en las encuestas, acreditar “un modo honesto de vivir” y no haber respaldado políticamente al expresidente Andrés Manuel López Obrador. El primero es procedimental; los otros dos son políticos. El tercero, en particular, funciona como filtro de cohesión del bloque opositor antes que como requisito estatutario, y cobra relevancia en un proceso abierto a perfiles sin militancia y, en la práctica, a cuadros priistas.
La “encuesta espejo” queda sin metodología pública: no se precisó quién la levantará, con qué universo, en qué fechas ni cómo se resolverá una eventual divergencia con la medición del CEN. Esa omisión es relevante porque de ella depende si el ejercicio estatal opera como contrapeso o como simple ratificación.
La lectura política
El nombre formal del proceso es “coordinar los trabajos políticos de Monterrey”. La función práctica es otra: es la antesala de la candidatura. Quien gane esa coordinación quedará colocado en posición de ser el abanderado, aunque todavía no exista candidatura registrada ni precandidatura formalizada ante autoridad electoral alguna.
En ese marco, el doble instrumento de medición reparte poder. El CEN conserva la conducción de las alianzas y su propia encuesta; la dirigencia estatal gana un tablero paralelo con la encuesta espejo. Ninguno cede del todo, y ambos mantienen capacidad de arbitraje sobre los cinco aspirantes. Flores Peña gana margen como administrador del procedimiento y como interlocutor obligado del PRI; los aspirantes panistas compiten, además, contra un perfil externo que llega con el respaldo implícito de una coalición.
El movimiento más elocuente es el de De la Garza: se registra en el proceso del socio mientras el PRI no emite lineamientos. Eso convierte su aspiración en un posicionamiento cruzado y envía una señal a ambos partidos: la alianza de Monterrey avanza en los hechos antes de cualquier registro formal. El PRI, como institución, queda en posición incómoda: su legisladora ya está en la cancha del PAN y el partido aún no define reglas. La reunión también envía mensaje a los adversarios: el bloque opositor ordena su nombre más costoso antes de que arranque formalmente el calendario.
El límite es claro: no hay alianza registrada, no hay candidatura, no hay encuesta levantada ni fecha de resolución publicada.
Qué sigue
El plazo del 13 de noviembre para registrar alianzas ante la autoridad electoral es el primer punto de verificación. Antes debe conocerse si el PRI emite sus propios lineamientos y si De la Garza mantiene el doble registro. También falta que el PAN estatal publique metodología, fechas y responsable de la encuesta espejo, y que el CEN confirme si avala el resultado estatal o aplica el suyo. Sin esos elementos, la definición de Monterrey sigue siendo un proceso abierto con cinco nombres y ningún ganador.