RUTA 27 · MEDIUM
Dos funcionarios de Chiapas salen del gabinete rumbo a la disputa distrital de Morena
Dulce María Rodríguez Ovando dejó la Secretaría General de Gobierno y Mediación y Jovanni Salazar la Agencia Digital; el gobernador Eduardo Ramírez relevó con cuadros internos para no soltar el área política.

Dulce María Rodríguez Ovando y Jovanni Salazar dejaron el gobierno de Chiapas para competir en la contienda interna de Morena por coordinaciones distritales. El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar cubrió los huecos con relevos internos, incluido Enrique Hernández Bielma al frente de la Secretaría General de Gobierno y Mediación. El movimiento mezcla reacomodo administrativo con posicionamiento rumb
La secretaria General de Gobierno y Mediación de Chiapas, Dulce María Rodríguez Ovando, y el director de la Agencia Digital Tecnológica del Estado, Jovanni Salazar, dejaron sus cargos para participar en la contienda interna de Morena y buscar una coordinación distrital "para la defensa de la Cuarta Transformación". El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar respondió con relevos internos: Enrique Hernández Bielma, hasta ahora subsecretario de la misma dependencia, asumió la titularidad; Juan Luis Zarazúa Salazar subió a esa subsecretaría. En paralelo, Hugo Armando Aguilar Aguilar quedó al frente de la agencia digital y Amira López Habib fue designada subsecretaria de Educación.
El episodio tiene dos planos que conviene no mezclar. En el administrativo, el gobierno estatal presumió continuidad en áreas sensibles: la dependencia encargada del diálogo con sectores y de la atención de conflictos quedó en manos de alguien que ya operaba dentro de ella. En el político, el dato con mayor proyección hacia 2027 es otro: dos mandos del gobierno estatal se separan de sus responsabilidades justo cuando el partido en el poder abre el filtro que definirá candidaturas.
Una coordinación que puede funcionar como plataforma
Formalmente, una coordinación distrital es una posición organizativa del partido. No es un cargo de elección popular, no es una precandidatura registrada y por sí misma no convierte a nadie en candidato. En la práctica, ese tipo de responsabilidad territorial suele operar como plataforma: da territorio, red de contactos, presencia ante la militancia y visibilidad frente a quienes deciden las candidaturas. Si el mecanismo interno se resuelve por encuesta o por consenso, el trabajo distrital pesa.
Lo que la evidencia disponible no permite cerrar es lo decisivo: cuántas coordinaciones están en disputa en Chiapas, con qué reglas se elegirán —encuesta, asamblea o designación— y si el proceso ya abrió formalmente. Tampoco hay registro de que Rodríguez Ovando y Salazar se hayan inscrito como aspirantes. Hay renuncia, motivo declarado y posicionamiento; candidatura formal, todavía no.
Un elemento más conviene nombrarlo con precisión. La etiqueta "para la defensa de la Cuarta Transformación" no describe un cargo ni una función jurídica: funciona como fórmula organizativa y, en el uso interno, como señal de pertenencia frente a quienes compiten por el mismo espacio. Ese lenguaje no acredita una candidatura, pero tampoco es neutral.
La lectura política
El gobernador gana margen. La Secretaría General de Gobierno y Mediación concentra el diálogo con sectores y la atención de conflictos, un terreno delicado en un estado con tensiones regionales, bloqueos y disputas territoriales. Al ascender a un subsecretario de casa, Ramírez Aguilar evita entregar esa zona a un actor externo y mantiene la continuidad operativa. La salida de la titular, además, desactiva un riesgo: competir desde un cargo de gobierno es el flanco más vulnerable ante adversarios externos e internos durante un proceso partidista.
Quienes salen ganan libertad de movimiento y pierden plataforma institucional. La asimetría es explícita: si ganan la coordinación, se colocan en posición de salida hacia 2027; si la pierden, quedan sin cargo de gobierno y sin estructura. Esa es la apuesta, y explica por qué en el vocabulario de la política mexicana la "coordinación" se lee como antesala aunque formalmente no lo sea.
Para Morena, el movimiento también envía una señal a aliados y competidores: su filtro interno ya mueve piezas del gobierno estatal. Falta saber si son dos casos aislados o el inicio de una recolección de cuadros que se repetirá en otras áreas de la administración.
Lo que esta evidencia no sostiene: que el gobernador haya pedido las renuncias, que exista un acuerdo previo sobre las coordinaciones o que las salidas respondan a un conflicto interno. Nada de eso está documentado, y atribuirlo sería especulación.
Qué sigue
- La publicación de la convocatoria y el calendario con que Morena definirá sus coordinaciones distritales. Mientras no se difundan, no puede confirmarse que el proceso esté formalmente abierto ni cuándo se resuelve. - Si Rodríguez Ovando y Salazar se registran como aspirantes y bajo qué reglas; y si su paso por el gobierno estatal es objeto de alguna queja. - El desempeño de Hernández Bielma al frente de la mesa política: la medición verificable será si la dependencia mantiene el diálogo con los sectores en conflicto en las regiones más tensas. - Si aparecen nuevas renuncias de funcionarios estatales con el mismo argumento, lo que indicaría un patrón y no un ajuste puntual. - Si el proceso escala a precampañas, el terreno pasa a los estatutos partidistas y a la vigilancia del Instituto Nacional Electoral (INE) y del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) de Chiapas.