ECONOMÍA · HIGH
Economistas privados superan a Hacienda y elevan pronóstico del PIB a 1.9%
Siete casas de análisis revisaron al alza sus estimaciones para 2026 tras el sorpresivo IGAE de agosto, mientras BBVA e Itaú mantienen 1.4% con sesgo al alza. La brecha con Hacienda expone un margen fiscal más estrecho para 2027.

Tras el IGAE de agosto, siete economistas privados elevaron su pronóstico de crecimiento del PIB para 2026 a un promedio de 1.9%, por encima del 1.5% puntual de Hacienda. La revisión anticipa un tercer trimestre con tasa anual de hasta 3.4%, pero el crecimiento sigue bajo y complica el escenario fiscal de 2027.
La actualización al alza de los pronósticos de crecimiento económico para 2026 por parte de los economistas privados ha reabierto el debate sobre la credibilidad de las proyecciones oficiales. El promedio de las siete actualizaciones disponibles arroja un crecimiento de 1.9%, superior al estimado puntual de la Secretaría de Hacienda de 1.5%. La revisión se produjo después de que el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de agosto sorprendiera a los analistas, quienes ajustaron primero sus expectativas para el tercer trimestre y luego para el año completo.
Los equipos económicos de Banorte, Banamex, TRF Casa de Bolsa, Coppel, Citi y Goldman Sachs compartieron sus nuevas proyecciones, mientras que BBVA e Itaú BBA mantuvieron su estimado en 1.4%, pero con sesgo al alza. La semana pasada, el IGAE de agosto no solo superó las expectativas, sino que provocó una revisión en cadena. Este viernes se conocerá la primera lectura del comportamiento de la economía en el tercer trimestre de 2026, y se espera que también sea mejor a los pronósticos, con una tasa anual de hasta 3.4%.
El titular de Hacienda, Édgar Amador, había anticipado revisiones al alza durante su comparecencia ante el Senado, después de entregar el Presupuesto 2027 y de ajustar su estimado de crecimiento para este año de un rango de 1.8-2.8% a uno de 1-2%. Las previsiones de Amador se cumplieron, pero el optimismo privado ahora lo rebasa y deja al gobierno con un margen fiscal más estrecho para 2027.
La lectura
El mecanismo es claro: un dato de actividad mejor de lo esperado eleva las expectativas de crecimiento, lo que a su vez debería traducirse en mayor recaudación tributaria y menor presión sobre las finanzas públicas. Sin embargo, el crecimiento de 1.9% sigue siendo bajo en términos históricos y muy por debajo del potencial de la economía mexicana. La brecha entre el optimismo privado y la proyección oficial no es solo un asunto de prestigio: impacta directamente en la planeación presupuestal y en la confianza de los inversionistas.
Quienes absorben el beneficio son, en primera instancia, las empresas que verán un entorno de demanda ligeramente mejor al previsto, y los trabajadores con empleos más estables. Pero el costo lo cargan las finanzas públicas: si Hacienda se queda corta en su estimación, el gobierno federal enfrentará un faltante de ingresos que podría obligar a recortes en gasto social o inversión, o a un mayor endeudamiento. El margen del gobierno es limitado: no puede ajustar impuestos al alza en un año electoral sin costo político, y el gasto ya está comprometido en el Presupuesto 2027.
En la vida cotidiana, un crecimiento de 1.9% se traduce en una creación de empleo moderada, salarios reales con pocas ganancias y una inflación que, aunque no se menciona en la evidencia, condiciona el poder de compra. Para las familias, la diferencia entre 1.5% y 1.9% es sutil pero real: más probabilidades de conservar el empleo o de encontrar uno nuevo, aunque sin grandes saltos en el bienestar.
Qué sigue
Este viernes se publica la primera lectura del PIB del tercer trimestre de 2026. Si se confirma una tasa anual cercana a 3.4%, los economistas privados podrían volver a revisar sus pronósticos, ampliando aún más la brecha con Hacienda. El gobierno, por su parte, tiene la oportunidad de actualizar su marco macroeconómico en los próximos meses, pero cualquier ajuste al alza implicaría reconocer que su estimación inicial fue demasiado conservadora. La pregunta de fondo es si el dinamismo del tercer trimestre es sostenible o solo un rebote temporal; sin datos sobre inversión fija y consumo, la evidencia disponible no permite asegurarlo.
Mientras tanto, el escenario para 2027 se complica: un crecimiento bajo, incluso con la revisión al alza, no genera los ingresos suficientes para cubrir las crecientes demandas de gasto. La disputa entre las proyecciones oficiales y las privadas es, en el fondo, una disputa por quién paga la factura de un crecimiento insuficiente.
