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RUTA 27 · MEDIUM

El PT se aparta del proceso de Morena y pone en revisión la alianza

Anaya ordenó que su partido no acompañe los anuncios de coordinaciones estatales y llevará a su Consejo Nacional la decisión de seguir en coalición o competir por separado. El plazo para registrar coaliciones vence el 4 de enero.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre encuestas de opinión pública
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Alberto Anaya, dirigente nacional del PT, ordenó apartar a su partido del proceso con el que Morena define 17 coordinaciones estatales y llevará a su Consejo Nacional la decisión de mantener o romper la alianza rumbo a 2027. El PT reclama encuestas espejo rechazadas y acuerdos incumplidos. No hay ruptura formal; el registro de coaliciones vence el 4 de enero.

Alberto Anaya Gutiérrez, dirigente nacional del Partido del Trabajo (PT), ordenó que su partido no acompañe los anuncios ni el proceso con el que Morena define sus coordinaciones estatales, y llevará al Consejo Nacional petista la decisión de mantener la alianza o competir con candidaturas propias en 2027. El gesto no rompe la coalición, pero instala en público la pregunta que Morena preferiría resolver en privado: si sus aliados son socios con voz sobre las reglas o acompañantes que validan resultados ya decididos.

La secuencia que describe Anaya es acotada. El PT esperará a que Morena concluya su proceso de 17 coordinaciones estatales, hará un balance interno y sólo entonces convocará a su Consejo Nacional. La inconformidad no es ideológica: se concentra en el método. Liderazgos petistas pidieron "encuestas espejo" para contrastar las mediciones finales y la dirigencia de Morena rechazó la solicitud, de acuerdo con la información disponible. Morena sostiene que sus encuestas son el mecanismo para definir las coordinaciones y que los resultados fueron presentados a las personas aspirantes.

Un reclamo por reglas, no por ideología

El antecedente inmediato es Baja California Sur. En agosto, Anaya reclamó que el compromiso de no agresión entre Morena, PT y PVEM no se estaba cumpliendo durante la disputa por la candidatura estatal. "El tercer compromiso que se hizo, que no ha sido totalmente respetado, es que no haya un juego sucio, que se juegue en positivo y que no haya zancadillas ni juegos sucios entre nosotros", dijo en un acto partidista en Los Cabos. En el mismo evento fijó la doctrina que ahora repite: "No se va a aceptar imposiciones de ninguna especie. El que gane la encuesta, ese va a ser el candidato". La frase con la que el PT resume su postura —"Somos aliados, no empleados"— apunta al mismo sitio: capacidad de negociación, no lealtad automática.

La lectura política

En el sistema partidista mexicano, una coordinación estatal no es una candidatura registrada ni una precandidatura formal ante la autoridad electoral: es un cargo partidista. En la práctica, sin embargo, funciona como una precandidatura de facto, porque define quién tendrá estructura, recursos, agenda y visibilidad un año antes de la jornada. Por eso la discusión sobre encuestas y padrones no es un pleito metodológico: es una disputa anticipada por las candidaturas de 2027, disfrazada de procedimiento.

Para el PT, apartarse tiene costo bajo y visibilidad alta. No tiene fuerza para imponer cuadros propios en 17 entidades, pero su salida de la foto sí rompe la narrativa de un bloque unido y le da un punto de presión que antes no ejercía. Enfrente, Morena calcula que no necesita a sus aliados para ganar gubernaturas, pero sí para sostener la coalición que ha gobernado con su respaldo y para no cargar sola con el desgaste de un proceso interno cuestionado. Ese es el margen que Anaya intenta cobrar.

Hay además un incentivo interno. Llevar el asunto al Consejo Nacional reparte la decisión: no es el dirigente quien rompe, es la estructura partidista la que resolverá. Anaya gana espacio para negociar sin quedar atado a una amenaza personal, y su partido conserva la posibilidad de replegarse si Morena cede.

El límite del movimiento también es claro. No hay ruptura formal, no hay candidatura propia anunciada, no hay fecha de Consejo Nacional y no existe constancia de que el PT haya dejado de ser aliado. Se trata de un posicionamiento con costo político, no de una salida consumada. La señal va en dos direcciones: al PVEM y a otras bancadas aliadas, de que el bloque no es un actor unitario; y a los gobiernos estatales, de que la definición de perfiles puede tener un costo de negociación que antes no aparecía.

Qué sigue

Morena cerrará su proceso de coordinaciones estatales y sólo después el PT hará su balance; hasta ahora no hay convocatoria ni fecha pública para ese Consejo Nacional. El punto a verificar es si Morena acepta algún mecanismo de contraste o verificación de encuestas o si mantiene su sistema tal como está: ahí se sabrá si hubo concesión real o sólo gesto.

El reloj corre con una fecha dura: el 4 de enero vence el plazo para el registro de coaliciones electorales. Antes de ese límite, o hay acuerdo, o el PT compite por su cuenta. En paralelo, Baja California Sur sigue siendo la prueba: si el pacto de no agresión se respeta y quién queda como abanderado. Ese resultado será el argumento que Anaya lleve a su Consejo.

Actualización

Reginaldo Sandoval detalla la pausa del PT en el proceso de coordinadores estatales de Morena, citando maltrato y falta de atención a sus planteamientos. Leer el nuevo desarrollo.