RUTA 27 · MEDIUM
En Sinaloa, PAN y PRI negocian la gubernatura y ya pelean Culiacán
La diputada Roxana Rubio planteó un reparto informal: PRI a la gubernatura, PAN a la capital. La respuesta priista fue que nada está definido.

La diputada panista Roxana Rubio puso sobre la mesa un supuesto acuerdo informal: PRI encabezaría la gubernatura de Sinaloa y el PAN se quedaría con Culiacán. El dirigente municipal del PRI, Noé Heredia, respondió que su partido también tiene perfiles para la alcaldía y que no hay definición sobre una coalición. Sin alianza formalizada, los posibles aliados ya disputan la plaza más importante del
La disputa por Culiacán se adelantó a la alianza. El Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Sinaloa todavía no formalizan ninguna coalición rumbo a 2027, pero la diputada panista Roxana Rubio ya puso sobre la mesa un supuesto acuerdo informal: que el tricolor encabece la candidatura a la gubernatura y que Acción Nacional se quede con la capital del estado. La propuesta no cayó bien entre los priistas y dejó a la vista lo que suele ocurrir cuando dos partidos anuncian que caminarán juntos: el reparto de candidaturas es la parte que más rápido se atora.
El dirigente municipal del PRI, Noé Heredia, salió a recordar que su partido también tiene perfiles para disputar la alcaldía de Culiacán y que no existe ninguna definición sobre quién encabezaría una eventual coalición. Es decir: el PRI no acepta, al menos públicamente, que el reparto se dé por descontado. Del otro lado tampoco hay unanimidad. Además de Rubio, en el PAN han levantado la mano Sadol Osorio y Jorge González por la misma plaza, de modo que la capital sinaloense ya se disputa hacia adentro de cada partido antes de que exista un acuerdo entre ambos.
El reporte que dio a conocer la propuesta la presenta como un “supuesto acuerdo informal”, y conviene subrayar el límite: no hay convenio de coalición, documento firmado ni pronunciamiento de las dirigencias estatales o nacionales. Lo que existe es un planteamiento atribuido a una legisladora y una respuesta pública de un dirigente municipal. Nada de eso constituye todavía un acto jurídico ni una candidatura.
Un reparto que se negocia antes de que exista el pacto
En Sinaloa, la elección de 2027 renovará la gubernatura y los ayuntamientos, y la capital concentra padrón, recursos y simbolismo. Por eso la pelea no es menor: define quién llega a la mesa con qué activo. Quien encabeza la gubernatura suele arrastrar la coalición y ganar peso en la repartición municipal; ceder Culiacán sin condiciones equivale a entregar el principal botín territorial antes de sentarse a negociar.
La lectura política
Leído en términos de poder, el planteamiento de Rubio cumple dos funciones a la vez. Hacia afuera fija el precio que el PAN cobraría por la alianza: cede la gubernatura y se queda con la capital. Hacia adentro coloca a la propia Rubio como aspirante natural del blanquiazul a Culiacán. No es una candidatura registrada ni una precandidatura formal: no hay convocatoria, proceso interno ni registro. Pero en la práctica funciona como una precandidatura de facto y como posicionamiento público en la disputa por la nominación.
La reacción de Heredia no es un simple desmentido. Es un recordatorio de jerarquía y de interés: si el PRI acepta ceder Culiacán antes de negociar, pierde la plaza municipal más grande del estado y el activo territorial con el que llegaría a la mesa. Al responder, el dirigente municipal también manda una señal hacia dentro de su partido y hacia las dirigencias: la definición no se toma por el planteamiento de una diputada ajena, sino en la negociación formal.
El episodio expone el incentivo central de cualquier coalición opositora rumbo a 2027: sumar votos en la boleta de arriba sin sacrificar los municipios donde cada partido tiene posibilidad real de gobernar. Mientras ese cálculo no se resuelva, la alianza llega a la conversación pública con su punto más frágil a la vista, y eso le da margen a Morena, que no necesita hacer nada para que sus adversarios discutan entre sí. En un estado donde la agenda de seguridad pesa en la conversación política, la disputa por la capital tiene además un valor simbólico que excede el padrón.
Lo que falta para sostener una lectura más fuerte es el dato duro: qué método de reparto acordaron, si la alianza se replicará en Sinaloa y si las dirigencias estatales respaldan o corrigen a sus cuadros. Sin eso, lo verificable es una diferencia pública, no una ruptura.
Qué sigue
- Ver si Rubio sostiene, matiza o amplía su planteamiento y si la dirigencia estatal del PAN lo respalda o lo deja como opinión personal. - Observar si la postura de Heredia escala a la dirigencia estatal del PRI o si queda como defensa de un ámbito municipal. - Confirmar si el PAN define método para Culiacán —encuesta, designación o reglas de paridad— y si Sadol Osorio y Jorge González lo aceptan. - El indicador decisivo será la aparición de un convenio de coalición registrado ante la autoridad electoral local o de una convocatoria interna. Hasta entonces, todo lo publicado es posicionamiento, no candidatura.