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RUTA 27 · MEDIUM

Exdirigente del PRI en Nuevo Laredo se destapa y mueve la puja interna

Fernando Castillo Villarreal pide ser considerado para la nominación priista a la alcaldía, incluso si el partido compite en coalición. Es el primero en abrir la aspiración en público y eso presiona al partido a definir reglas.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Fernando Castillo Villarreal, exdirigente del PRI en Nuevo Laredo en dos ocasiones, se declaró aspirante a la candidatura priista a la alcaldía y pidió ser considerado para la nominación oficial aun si el partido va en coalición. Es el primero en destaparse abiertamente. Su movimiento presiona al dirigente municipal, Fernando Rodríguez Garza, a definir método, tiempos y reglas de selección rumbo a

Fernando Castillo Villarreal, exdirigente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Nuevo Laredo en dos ocasiones, se declaró aspirante a la candidatura de ese partido a la alcaldía y pidió ser considerado para "pelear la nominación oficial" en caso de que el tricolor compita en coalición. Lo que hizo no es una precandidatura ni un registro formal: es un destape. Y en un partido que todavía no convoca proceso ni define método, ser el primero en levantar la mano es, sobre todo, una jugada de posicionamiento.

Castillo sostuvo que se "avienta" ya sea que el PRI vaya solo o en alianza. La frase tiene dos destinatarios. Uno es el dirigente municipal del partido, Fernando Rodríguez Garza, a quien corresponde —según la versión publicada— tomar la palabra sobre cómo se elegirá. El otro es la mesa donde se negocie la eventual coalición, espacio en el que su nombre no aparece por defecto si la candidatura se reparte entre cúpulas y no en un proceso interno.

El tablero que rodea su destape

El destape priista ocurre en un escenario local cargado de versiones. En el Partido Acción Nacional (PAN) se da por hecho que Imelda Sanmiguel Sánchez buscará la nominación y hasta se habla de una próxima solicitud de licencia para separarse del cargo; en Morena se menciona a Ramón Garza Barrios, con el lastre de haber apoyado candidatos panistas en 2021. Ninguno de esos elementos está confirmado con convocatoria, acta o solicitud presentada. Funcionan, por ahora, como el ruido ambiente en el que el PRI de Nuevo Laredo debe decidir si llega ordenado a la contienda municipal o se suma a la dispersión.

La lectura política

Lo de Castillo es un posicionamiento temprano con una función clara: obligar al partido a pronunciarse antes de que el método se cierre por la vía de la coalición. Si el PRI compite solo, su destape construye nombre, red y narrativa de continuidad partidista; si va en alianza, la candidatura suele resolverse en una negociación entre dirigencias, terreno donde quien no se ha nombrado a tiempo simplemente no está en la mesa. Al declararse disponible para ambos escenarios, Castillo intenta cubrir los dos caminos con un mismo movimiento.

Los incentivos internos son visibles. El exdirigente gana margen al fijar su nombre como primera referencia priista en el municipio y al establecer, de paso, un criterio: que la nominación se resuelva con reglas y no por asignación. Rodríguez Garza pierde comodidad, porque cualquier mecanismo que excluya a quien públicamente se ofreció tendrá que explicarse ante la militancia. La señal hacia afuera también cuenta: el PRI local envía el mensaje de que tiene cuadros con disposición a competir y no esperará en silencio la decisión estatal. El límite es preciso: no existe precandidatura registrada, no hay convocatoria ni método definido, y la evidencia disponible no permite afirmar que exista una negociación de coalición en curso.

Qué sigue

La pelota está del lado de la dirigencia municipal. Rodríguez Garza debe definir si el partido abre un proceso de selección, con qué método —encuesta, convención o designación— y en qué plazo. En paralelo, las dirigencias estatal y nacional del PRI tendrán que resolver el escenario de coalición, que es justamente el punto que Castillo anticipó en su declaración. Habrá que ver si su aspiración se formaliza por escrito ante el partido y si aparecen otros aspirantes que hoy permanecen callados. En el PAN, la eventual solicitud de licencia de Sanmiguel marcaría el ritmo de una contienda que, del otro lado, empieza a tomar forma antes de que existan reglas.