RUTA 27 · LOW
Higinio Martínez admite tensiones con el PT y descarta desplazamiento rumbo a 2027
El presidente del Senado sostiene que Morena 'necesita' al PT y al Verde, pero traslada al propio PT el arreglo de sus aspirantes inconformes. El método de encuestas, dice, no reparte cuotas: solo confirma resultados.

Higinio Martínez Miranda, presidente del Senado, reconoció inconformidad entre aspirantes del PT por las definiciones de la coalición rumbo a 2027, pero negó que Morena maltrate o desplace a sus aliados. Atribuyó el malestar a quienes no obtuvieron cargos, defendió el método de encuestas y pidió tiempo para que el PT lo resuelva internamente.
El presidente del Senado, Higinio Martínez Miranda, reconoció que existen inconformidades entre aspirantes del Partido del Trabajo (PT) por las definiciones que se están tomando dentro de la coalición rumbo a las elecciones de 2027, y en el mismo movimiento descartó que Morena tenga la intención de maltratar o desplazar a sus aliados. La declaración, pública el 21 de septiembre de 2026, no cierra el conflicto: lo administra. Reconoce el malestar antes de que escale a reclamo institucional y lo coloca en el terreno de las expectativas individuales, no del trato entre partidos.
“Pueden sentirse un poco lastimados algunos aspirantes, pero no el PT en general”, dijo. Y agregó que esas voces “fundamentalmente se arreglen y eso lo tiene que arreglar pues el partido, los dirigentes del partido”. El diagnóstico es explícito: quien compitió en un proceso interno y no obtuvo la candidatura o el nombramiento que buscaba puede quedar resentido, porque “también se siente cuando uno lucha y cree que tiene los méritos suficientes”. Su receta fue dejar pasar unos días.
Sobre la relación con los aliados, sostuvo que Morena no tiene forma de “aplastar” al PT ni al Verde y que los necesita “desde el 18”. La frase describe dependencia, no generosidad.
El método que decide sin negociar
Cuestionado sobre cómo se reparten las posiciones, Martínez defendió el mecanismo de encuestas y rechazó que se trate de entregar cuotas: “no es que se le dé nada, es que los que deben salir deben salir”. Añadió que faltan algunos ejercicios por resolverse, sin precisar cuáles ni en qué plazos.
Para ilustrarlo puso un caso que no pertenece al PT: el senador Raúl Morón, a quien —según su relato— se pensaba como coordinador y finalmente no lo fue, porque “las encuestas dijeron otra cosa”. El propio Martínez reconoció que Morón “sintió este golpe”, aunque sostuvo que no fue dirigido contra él. La evidencia no precisa de qué coordinación hablaba, y ese dato importa: sugiere que las heridas del método no son exclusivas del partido aliado.
La lectura política
La intervención cumple una función precisa: contener una inconformidad antes de que suba de categoría. Mientras el malestar sea de aspirantes que no obtuvieron cargos, se resuelve dentro del PT y con el paso del tiempo. Si se convierte en agravio del partido, obliga a una negociación entre dirigencias y abre la pregunta de si el PT vuelve a competir en coalición o explora rutas propias. Esa diferencia separa un problema de acomodo interno de un problema de coalición, y Martínez empuja la discusión hacia lo primero.
El respaldo al método de encuestas tiene un efecto disciplinario. Una encuesta no se negocia: se acata. Presentada como resultado técnico, la definición de candidaturas deja al excluido sin interlocutor al cual reclamar un incumplimiento y preserva el margen de la dirección para repetir el criterio en las definiciones pendientes. El costo es que el método no ofrece moneda de cambio: no hay cargo compensatorio, solo un resultado que se acepta o no. De ahí que el senador pida tiempo en lugar de anunciar equilibrios.
La frase “los necesitamos” también ordena la relación: el PT y el PVEM aportan votos y estructura, y por eso el costo de una ruptura sería alto para ambos lados. Eso da a la dirigencia del PT capacidad real de negociación, aunque en la evidencia disponible no aparezca todavía una demanda formal ni una amenaza de salida.
Conviene distinguir con precisión: no hay candidatura registrada ni precandidatura formal en juego. Lo que existe son aspiraciones y posicionamientos anticipados, y un mecanismo de selección de facto —las encuestas— que opera al margen de cualquier acto jurídico. Falta un elemento para sostener una lectura más dura: no consta que el PT haya fijado posición institucional como partido, ni que exista una ruptura en curso.
Qué sigue
El calendario inmediato lo marcó el propio senador: dejar correr unos días y esperar las encuestas que, dijo, faltan por definirse. En paralelo, la dirigencia nacional del PT tendrá que decidir si respalda a sus aspirantes inconformes o avala el resultado, y si lleva el tema a la mesa de la coalición. Más adelante, cualquier acuerdo entre Morena, PT y PVEM deberá traducirse en un convenio de coalición formalizado ante el Instituto Nacional Electoral (INE) dentro de los plazos del proceso electoral, y en definiciones que hoy no existen jurídicamente. La señal a vigilar es simple: si el malestar se queda en declaraciones o si algún aspirante opta por una ruta propia. Cuántos son y en qué municipios o distritos están es, por ahora, un dato que la evidencia no permite establecer.