RUTA 27 · HIGH
Humphrey delimita facultades del INE ante conflictos de interés
La consejera electoral traslada la responsabilidad de investigar presuntas irregularidades a otras instancias, en un contexto de tensión interna por el uso del 'maxi poder' de la presidencia.

La consejera del INE, Carla Humphrey, aclaró que el Consejo General no investiga conflictos de interés, función que corresponde al Órgano Interno de Control. Su declaración se produce tras criticar el centralismo de la presidenta Guadalupe Taddei y ante cuestionamientos públicos sobre contratos institucionales, marcando una línea de defensa institucional frente a la presión política.
La consejera electoral del Instituto Nacional Electoral (INE), Carla Humphrey, estableció una delimitación clara de competencias institucionales al afirmar que el Consejo General no tiene atribuciones directas para investigar presuntos conflictos de interés. En una entrevista con Milenio TV, Humphrey señaló que la revisión de estos señalamientos corresponde a instancias externas como el Órgano Interno de Control (OIC) y la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Esta precisión jurídica no es un mero tecnicismo administrativo; se produce en un momento de alta fricción interna, donde la consejera ha cuestionado abiertamente la concentración de poder en la presidencia del instituto, liderada por Guadalupe Taddei.
El contexto de la declaración es crucial para entender su peso político. Humphrey no solo aclaró las facultades del órgano colegiado, sino que también recordó que corresponde exclusivamente a la Presidenta del INE valorar una eventual separación del cargo ante los cuestionamientos públicos recientes. Al trasladar la investigación de conflictos de interés a órganos de control, Humphrey evita que el Consejo General se vea involucrado directamente en un proceso que podría paralizar su funcionamiento o exponerlo a críticas de parcialidad. Sin embargo, esta postura choca con la realidad operativa que ella misma ha denunciado: la falta de respuesta a oficios solicitados por las consejerías y la reducción de la participación del Consejo en decisiones administrativas tras la reforma de octubre de2024.
La consejera hizo un llamado a distinguir entre los cuestionamientos dirigidos a la Presidencia del INE y el desempeño institucional del organismo, particularmente del Servicio Profesional Electoral. Humphrey advirtió que la prioridad debe ser garantizar la transparencia y la rendición de cuentas para preservar la confianza ciudadana, una frase que resuena con fuerza en un año electoral (2027) donde la legitimidad del árbitro está bajo escrutinio. Su intervención se suma a una serie de declaraciones previas donde criticó el uso del 'maxi poder' de Taddei para nombramientos y la opacidad en contratos con empresas vinculadas a José Alfredo Hernández, lo que ha generado una división visible entre la presidencia y parte del consejo.
Desde una perspectiva de ciencia política, la maniobra de Humphrey busca preservar el margen de maniobra del Consejo General frente a lo que percibe como un avance presidencialista. Al definir que el Consejo no investiga, Humphrey evita que el órgano colegiado sea el escenario de una batalla judicial interna que podría debilitar su autoridad moral. No obstante, esta posición también refleja una estrategia de contención: al no exigir una investigación inmediata desde el Consejo, Humphrey no escalada el conflicto de manera irreversible, pero sí deja constancia pública de su disenso y de la percepción de que las instancias de control no están operando con la celeridad o transparencia requeridas.
La lectura política
La declaración de Carla Humphrey funciona como una precandidatura de facto de posicionamiento institucional. Al enfatizar la necesidad de transparencia y la separación de facultades, Humphrey se coloca como la voz de la 'tradición colegiada' del INE frente a la 'modernidad centralizada' de Taddei. Esto no es una candidatura formal, pero sí una señal clara a los partidos políticos y a la ciudadanía de que existe una fractura en la conducción del INE. El incentivo de Humphrey es claro: mantenerse como garante de la legalidad y la transparencia, diferenciándose de una presidencia que ha centralizado decisiones y enfrenta cuestionamientos. Para los partidos, esta división es un riesgo: si el INE no presenta una unidad, su capacidad para resolver controversias electorales se verá socavada. Humphrey gana margen al no ser la protagonista del conflicto directo, sino la defensora de los procedimientos, lo que le permite mantener alianzas con sectores que critican el centralismo sin asumir la responsabilidad de la ruptura institucional.
Qué sigue
Lo que sigue es la respuesta del Órgano Interno de Control y la ASF a los señalamientos periodísticos. Se espera que estas instancias inicien o reactiven investigaciones en los próximos días, dado que el INE ha trasladado la responsabilidad. Si las investigaciones externas confirman irregularidades, la presión sobre la presidencia de Taddei aumentará significativamente. Por otro lado, si el Consejo General intenta impulsar sus propias líneas de investigación, podría enfrentar resistencia legal basada en la reforma de 2024. La próxima sesión del Consejo General será el termómetro para ver si la división se institucionaliza o si se busca una reconciliación táctica antes de las elecciones de 2027.