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IECM: 286 cargos en juego en 2027 y reglas que atan a los partidos
La paridad deja de ser un número en la boleta y se convierte en un límite al reparto de candidaturas: los bloques de competitividad acotan dónde puede competir cada género. La capital renueva Congreso, 16 alcaldías y 204 concejalías el mismo día.

La consejera presidenta del IECM, Patricia Avendaño Durán, señaló que el 6 de junio de 2027 la capital elegirá 286 cargos: 66 diputaciones, 16 alcaldías y 204 concejalías. Explicó que se aplicarán paridad de 50% como mínimo y bloques de competitividad para que los partidos no coloquen a las mujeres solo donde pierden. Las reglas llegan antes que las candidaturas.
El Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) le puso número al terreno que se viene: el 6 de junio de 2027 se votarán 286 cargos en la capital. La cifra la desglosó su consejera presidenta, Patricia Avendaño Durán, en entrevista publicada el 19 de septiembre de 2026: 66 diputaciones del Congreso local —33 de mayoría relativa, 32 de representación proporcional y una migrante, votada desde el extranjero—, 16 alcaldías y 204 concejalías. Junto con el conteo puso sobre la mesa las dos reglas que van a condicionar la oferta de todos los partidos antes de que exista una sola candidatura registrada: la paridad como piso y los bloques de competitividad.
La jornada capitalina no se juega sola. Coincide con la renovación federal intermedia, lo que convierte el resultado local en una medición de fuerza partidista en el territorio donde el oficialismo ha construido su principal vitrina de gobierno. Para los partidos, el 6 de junio de 2027 no solo reparte cargos: define quién controla el presupuesto y la obra de las 16 demarcaciones durante los siguientes tres años.
Avendaño, sin embargo, colocó el acento en otra parte. Recordó que llegar a la paridad actual fue "una larga marcha, no sin obstáculos": primero vinieron las cuotas, luego los mecanismos para impedir que se burlaran mediante las llamadas Juanitas, mujeres que ganaban una elección y después renunciaban para dejar el lugar a un suplente hombre. Hoy la regla es que, si una mujer encabeza la candidatura, su suplente también debe ser mujer. Y fijó el criterio que suele quedar en la retórica: "Es 50% mínimo (...) es un piso, no un techo".
Un candado que no aparece en la boleta
El instrumento menos visible es el que más puede incomodar a las dirigencias. Los bloques de alta, media y baja competitividad buscan que las mujeres no sean postuladas únicamente en territorios donde su partido tiene pocas posibilidades de ganar. "¿Qué garantizamos con eso? Que los partidos políticos no manden a las mujeres solo a los lugares donde van a perder", explicó la consejera presidenta.
En la práctica, eso acota la libertad de maniobra de los partidos al momento de armar planillas completas: no basta con cumplir el porcentaje global, hay que cumplirlo en zonas donde la competencia es real. El avance ya es medible en el punto de partida: el Congreso capitalino tiene mayoría de mujeres, con 38 de 66 integrantes, y las alcaldías están repartidas ocho y ocho. Pero Avendaño recuperó la frase que resume el siguiente tramo, dicha por legisladoras: "Tengo la silla, ahora quiero ejercer el cargo".
La lectura política
La consejera presidenta del IECM no anunció candidaturas ni destapó a nadie: describió el marco que su institución aplicará. Esa aparente neutralidad administrativa tiene un efecto político concreto, porque las reglas de competitividad son el punto donde la paridad deja de ser un asunto de porcentajes y se vuelve una restricción al reparto de cuotas de poder internas.
Para los partidos, el costo se paga en dos frentes. Hacia afuera, encarece el armado de coaliciones, porque la paridad y la competitividad deben cumplirse sobre el conjunto de las candidaturas que se registren en bloque. Hacia adentro, toca la negociación más delicada: los distritos y demarcaciones donde un partido realmente puede ganar son los que los grupos internos pelean con más fuerza, y son justo los que las reglas obligan a abrir. Quien controlaba ese reparto pierde margen; quienes han sido colocadas históricamente en los espacios perdedores ganan uno.
La señal que envía el IECM a aliados y adversarios es de aplicación, no de recomendación. También es una advertencia para la autoridad: si los bloques se definen con criterios opacos o demasiado elásticos, la regla se convierte en trámite y el incumplimiento se resuelve en impugnaciones que llegan tarde. La evidencia disponible no detalla en qué se basará cada bloque —resultados previos, votación por casilla, márgenes de victoria— ni qué sanción enfrentaría un partido que no los respete. Ese vacío es, por ahora, el punto más frágil del anuncio.
Conviene precisar el límite: lo dicho por Avendaño describe el proceso y su marco normativo, no constituye la convocatoria ni el acuerdo del Consejo General que fije los bloques específicos. Tampoco existe, con esta evidencia, una precandidatura registrada en la capital. Lo que hay es un calendario, un número y una regla que ya empezó a ordenar el tablero antes de que arranquen las precampañas.
Qué sigue
El siguiente paso verificable no está en los partidos, sino en el propio IECM: la publicación de la convocatoria y de los lineamientos que traduzcan la paridad y los bloques de competitividad en criterios aplicables al registro de candidaturas. Hasta que ese documento sea público, el contenido concreto de los bloques —y con él, el verdadero margen de negociación de cada fuerza— permanece sin conocerse. Después vendrá la prueba de fuego: la revisión del registro, donde se verá si las planillas cumplen y si la autoridad sostiene el criterio frente a las impugnaciones que casi con certeza llegarán.