RUTA 27 · LOW
IECM e IMME alistan el voto chilango en el exterior rumbo a 2027
Los dos organismos acordaron una ruta de colaboración para difundir los derechos político-electorales de la diáspora capitalina, con más de un año de anticipación. En el centro de la operación está la Diputación Migrante, un escaño cuyo electorado pasó de 7,915 sufragios en 2012

El IECM y el IMME acordaron una ruta de colaboración para promover el voto de los capitalinos que viven fuera del país rumbo al proceso local 2026-2027. La apuesta tiene un objetivo concreto: la Diputación Migrante, escaño cuyo electorado creció de 7,915 sufragios en 2012 a cerca de 46 mil en 2024.
El Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) y el Instituto de las Mexicanas y los Mexicanos en el Exterior (IMME) acordaron una ruta de colaboración para promover la participación política de los capitalinos que residen fuera del país, de cara al proceso electoral local ordinario 2026-2027. El anuncio, del 10 de octubre, no crea una candidatura ni modifica una regla: ordena una tarea que el IECM ya tiene y le suma un aliado con alcance internacional. Lo relevante es el calendario. Faltan más de doce meses para la jornada y el instituto local ya construye el canal por el que circulará el voto migrante, ese que define la Diputación Migrante.
En una reunión virtual, la consejera presidenta del IECM, Patricia Avendaño Durán, sostuvo que el acercamiento con los chilangos en el exterior debe ser permanente y no limitarse a los periodos electorales. María de los Ángeles Gil Sánchez, presidenta de la Comisión Provisional de Vinculación Institucional, pidió acciones concretas, con contenidos y periodicidad definidos, y recordó que la relación entre ambos organismos tiene casi 15 años. La consejera Maira Melisa Guerra Pulido planteó aprovechar las capacidades institucionales de ambas instancias para ampliar los canales de comunicación. Del lado del IMME, Lydia Antonio de la Garza —encargada del despacho— confirmó la disposición del organismo y afirmó que existe una instrucción del canciller Roberto Velasco para apoyar a los institutos electorales en todo lo dirigido a garantizar la participación política de las comunidades mexicanas en el exterior.
De 7,915 a casi 46 mil votos
Los números que Gil Sánchez puso sobre la mesa explican por qué el tema subió de prioridad. En 2012, la primera vez que la diáspora capitalina votó por la Jefatura de Gobierno, se registraron 7,915 sufragios desde el exterior. En 2018 la cifra superó los 20 mil y en 2024 rondó los 46 mil. No es un padrón marginal: es una comunidad que crece y que ya representa un electorado comparable al de varias colonias juntas.
Hay un detalle que el dato esconde y que conviene mirar con cuidado. Los tres registros citados corresponden a años con elección de Jefatura de Gobierno, el cargo más visible de la boleta capitalina. En 2027 no habrá ese ancla: se renovarán el Congreso local y las alcaldías. La evidencia disponible no permite afirmar que evitar una caída de la participación migrante sea el objetivo declarado de la ruta IECM-IMME, pero sí explica por qué una autoridad electoral empieza a trabajar el vínculo con la diáspora cuando todavía no arrancan formalmente las precampañas.
Los instrumentos tampoco están cerrados. El IECM enviará al IMME una propuesta de plan de trabajo para recibir observaciones y definir juntos objetivos, actividades y contenidos. Se ratificaron los enlaces institucionales y se prevén reuniones periódicas de seguimiento. Lo que la evidencia no muestra es un convenio firmado, un presupuesto etiquetado, un calendario de actividades ni un catálogo de contenidos: eso sigue pendiente, y fue justamente lo que la comisión del IECM señaló como tarea.
La lectura política
La función práctica del acuerdo es de bajo costo y bajo conflicto. Difundir derechos político-electorales no es campaña: la ley lo permite fuera de los plazos de precampaña y campaña, así que el IECM puede hacer con anticipación lo que después tendría que hacer contra reloj. El IMME, por su parte, aporta algo que ninguna autoridad electoral tiene: presencia territorial en el exterior a través de la red consular. Para el organismo electoral, el incentivo es de legitimidad: un escaño migrante elegido con participación alta pesa más que uno elegido con abstención. Para la Cancillería, la instrucción atribuida al canciller coloca a la diáspora como interlocutora del gobierno federal, un gesto con valor político propio.
Quien gane la Diputación Migrante en 2027 heredará un escaño con una plataforma poco común: voz sobre migración en el Congreso capitalino y una comunidad identificable a la que responder. Eso es posicionamiento institucional, no precandidatura: no hay nombres, partidos ni registros en juego en este acuerdo, y presentarlo como precampaña sería estirar la evidencia. También conviene decir qué falta para proyectar ganadores. La evidencia no desglosa la preferencia partidista ni la distribución geográfica de esos 46 mil votos, y sin ese dato cualquier pronóstico sobre quién capitaliza la ruta es especulación.
El patrón tampoco es nuevo. La colaboración entre el IECM y el IMME suma casi 15 años; lo distinto es que ahora se ata explícitamente al proceso 2026-2027 y se le pide contenido y periodicidad, no solo buena voluntad.
Qué sigue
El siguiente paso verificable es la entrega del plan de trabajo del IECM al IMME y la ronda de observaciones. De ahí deben salir objetivos, actividades, contenidos y una periodicidad que hoy no existe por escrito. En paralelo, los enlaces ratificados sostendrán reuniones de seguimiento. El otro plazo relevante lo fija el propio proceso electoral local ordinario 2026-2027: el calendario del voto de capitalinos en el extranjero y la organización de la elección de la Diputación Migrante. La pregunta que queda abierta es si la ruta se traduce en más participación en una boleta sin Jefatura de Gobierno, o si el esfuerzo llega demasiado pronto para notarse.