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INE abandona el lila en 15 días para diferenciarse de partidos y gobiernos
La Junta General Ejecutiva modificó por segunda vez en dos semanas el Manual de Identidad Institucional: el gris Oxford, el gris y el beige sustituyen a la paleta lila aprobada el 9 de septiembre. El ajuste ocurre en plena organización del Proceso Electoral Federal 2026-2027.

La Junta General Ejecutiva del INE sesionó de forma extraordinaria para cambiar, otra vez, la identidad gráfica del instituto: el lila aprobado el 9 de septiembre queda atrás y entran gris Oxford, gris y beige. El ajuste, a 15 días del anterior, busca diferenciar al árbitro electoral de partidos y gobiernos mientras avanza la organización del Proceso Electoral Federal 2026-2027.
El Instituto Nacional Electoral (INE) volvió a mover su identidad gráfica antes de que la anterior cumpliera un mes. La Junta General Ejecutiva llevó a sesión extraordinaria la modificación del Manual de Identidad Institucional —el documento que fija colores, logotipo y usos en la comunicación oficial— y colocó el proyecto como primer punto del orden del día publicado por el propio instituto. La nueva versión deja atrás el predominio del lila e incorpora como colores de identidad el gris Oxford, el gris y el beige. El ajuste llega 15 días después de que esa misma Junta sustituyera el 9 de septiembre la gama rosa que acompañaba al organismo desde su creación en 2014 —y antes al Instituto Federal Electoral— por una paleta de azul, lila institucional y lila.
Un cambio de colores no altera una sola casilla. Pero la identidad visual de la autoridad electoral es un activo político, y el INE gastó dos decisiones en poco más de dos semanas para administrarlo.
Una corrección en quince días
Cuando se aprobó el lila, la presidenta del instituto, Guadalupe Taddei, justificó el cambio en la necesidad de diferenciar visualmente al INE de organizaciones políticas que pudieran usar colores parecidos durante los procesos electorales. El detonante inmediato había sido el rosa de la organización Somos. La respuesta no se hizo esperar: representantes de esa fuerza cuestionaron que el INE hubiera elegido el lila y señalaron semejanzas con los colores del partido PAZ y del Gobierno de la Ciudad de México. La consejera electoral Carla Humphrey planteó públicamente, por separado, la necesidad de revisar la identidad institucional para que fuera estable y claramente distinta de las fuerzas políticas.
Quince días es un plazo inusualmente corto para rehacer un manual de identidad: el rosa había durado más de una década. La velocidad sugiere que la primera decisión no midió el costo político de parecerse a alguien. Falta información para sostener más: no se conoce el sentido del voto de la Junta, si hubo disidencias, cuánto cuesta el cambio ni si alcanza materiales ya producidos —credenciales, papelería, plantillas de módulos y micrositios.
La lectura política
El movimiento funciona, en la práctica, como un escudo reputacional. El INE entra a la fase de organización del Proceso Electoral Federal 2026-2027 con su autonomía discutida en la conversación pública, y en ese terreno cualquier color que pueda leerse como alineamiento partidista es un flanco. El episodio del lila lo demostró: una decisión tomada para no parecerse a Somos terminó en una zona de colores reclamada por PAZ y por el gobierno capitalino. Mudar la paleta a grises y beige busca un registro visual donde sea más difícil leer una filiación.
Hay un segundo incentivo, de calendario. El 24 de septiembre, el Consejo General aprobó los criterios y plazos para los procesos internos de los partidos rumbo a las diputaciones federales, con precampañas del 4 de enero al 12 de febrero de 2027 y el 4 de enero como límite para registrar coaliciones; el mismo día, el propio instituto se declaró listo para el proceso. En esa misma jornada, el Consejo avaló con 10 votos contra uno la sustitución de siete personas propuestas para los Consejos Locales tras revisar sus registros de afiliación partidista. Son decisiones que exigen a la autoridad exhibir distancia. Corregir la imagen ahora, cuando todavía no arrancan las precampañas, cuesta menos que sostener una polémica en plena contienda.
Si el cálculo funciona, la presidencia del instituto y la Junta recuperan margen frente a una crítica recurrente: que el árbitro se confunde con los jugadores. Lo que no ha ocurrido —y conviene decirlo— es nada parecido a una candidatura, una precandidatura o un posicionamiento electoral de personas: esto es imagen institucional. Lo que sí ocurre es que el INE reconoce, con un acto administrativo, que su identidad se lee políticamente.
Qué sigue
La pregunta verificable es si el gris y el beige se sostienen. Habrá que ver la publicación del acuerdo, el sentido de la votación y, sobre todo, si el manual alcanza los materiales que ya circulan. En el calendario apretado del proceso, la prueba de estabilidad que pidió Humphrey se medirá en los próximos meses: si en el arranque de las precampañas la paleta vuelve a moverse, el problema no habrá sido el lila, sino la falta de una identidad que resista un ciclo electoral completo.