RUTA 27 · LOW
Irizar descarta cargo en 2027 y apuntala a Zamora en Sinaloa
El exsenador sinaloense cierra su propia ruta electoral y pone su tiempo al proyecto del diputado federal, que todavía no es candidato. Antes había respaldado a Paola Gárate si la definición era para una mujer.

Aarón Irizar López, exsenador y exdiputado federal del PRI en Sinaloa, anunció que no buscará ningún cargo en 2027 y que respaldará a Mario Zamora Gastélum si es designado candidato a la gubernatura. El gesto retira un nombre del tablero interno del priismo sinaloense y concentra el posicionamiento en Zamora, sin candidatura formal, convocatoria ni método de selección a la vista.
El respaldo que Aarón Irizar López hizo público el 5 de octubre de 2026 a Mario Zamora Gastélum es menos un gesto de simpatía que un movimiento para ordenar el tablero interno del PRI en Sinaloa. Al descartar cualquier cargo de elección popular en 2027 y comprometer su tiempo a una eventual candidatura del diputado federal, el exsenador retira su propio nombre de la disputa y empuja a que la contienda interna se concentre alrededor de un solo perfil.
La precisión importa y conviene no saltársela: el respaldo es condicional —"en caso de que sea designado", dijo—; Zamora no es candidato porque no hay designación, y tampoco es precandidato en sentido formal porque no existe convocatoria, método ni proceso interno en marcha. Lo del 5 de octubre pertenece a la etapa previa de cualquier elección: la acumulación de apoyos antes de que haya regla.
Irizar fue explícito. Preguntado sobre si buscaría un puesto, respondió: "Ningún puesto. El mejor puesto que ando buscando es que él sea gobernador". Y añadió: "Estoy con él y le voy a poner mi tiempo. No le voy a poner tregua al esfuerzo para que él sea nuestro próximo gobernador". Su justificación para intervenir políticamente fue el estado del estado: rezagos en economía y seguridad, una realidad que calificó de dramática.
El respaldo tiene antecedente. Irizar acompañó a Zamora en la campaña anterior a la gubernatura, dijo que lo hizo por convicción y lo describió como un hombre serio, con el talento necesario para llevar a Sinaloa "hacia un nuevo destino". Pero antes de esta manifestación había expresado su apoyo a la diputada local Paola Gárate Valenzuela, en caso de que la definición de la candidatura correspondiera a una mujer. Ahí está el matiz que cambia la lectura: no sólo se suma a un nombre, también se descuelga de otro que él mismo había contemplado. Su peso interno no es menor: ha sido diputado federal, senador y ocupó cargos de dirección partidista, y hoy se mantiene activo sin cargo de elección.
La lectura política
Como función práctica, el respaldo se comporta como un acto de ordenamiento interno antes que como una candidatura. Irizar no pide boleta, no negocia posición en una lista y no tiene cargo que defender; eso es lo que vuelve útil su adhesión para Zamora, que gana un mensaje de agrupamiento hacia dentro —el priismo tradicional se suma, no se dispersa— y una señal hacia afuera frente al oficialismo y las dirigencias nacionales.
Para Irizar, el beneficio opera en otro registro: permanecer relevante sin gastar capital en una elección. Quien pone tiempo a un proyecto se coloca en posición de interlocutor de ese proyecto —operador, negociador, cuadro de primera fila si la candidatura prospera—. Es una apuesta anticipada y, como tal, tiene reverso: si la definición termina en otro nombre, el respaldo se vuelve un pasivo difícil de reciclar.
El episodio también informa sobre el equilibrio interno del priismo sinaloense y sobre el peso real de la paridad. Que el mismo actor primero respaldara a Gárate "en caso de que la definición correspondiera a una mujer" y después se incline por Zamora sugiere que, en la conversación interna, la paridad opera como escenario condicional y no como regla asentada. Si el PRI resolviera que la candidatura corresponde a una mujer, el respaldo no resuelve nada.
Los límites del movimiento son claros. La designación no depende de quien respalda, sino de la dirigencia estatal y nacional, del mecanismo que se acuerde —encuesta, convención, acuerdo de cúpulas— y, sobre todo, de si el partido compite solo o en coalición. Falta además el dato más básico: no hay convocatoria ni calendario interno publicado. Sin eso, lo que existe es posicionamiento, no precandidatura, y confundir ambos es el error más común en esta fase del ciclo electoral.
Qué sigue
El primer dato verificable será si el PRI en Sinaloa abre un procedimiento formal de selección —convocatoria, método y fecha— o si la definición se resuelve por acuerdo de dirigencias; hasta ahora no hay ninguno de los dos. Después habrá que ver si Paola Gárate mantiene su aspiración y con qué respaldos, si otros perfiles del priismo estatal se suman o se restan, y si Irizar aparece formalmente en la estructura de campaña de Zamora o se queda en el respaldo declarativo.
Queda pendiente la pregunta que ninguna declaración responde: si el PRI sinaloense llega a 2027 con candidatura propia o dentro de una coalición. Esa decisión no la toman ni Irizar ni Zamora. En 2027 Sinaloa renueva la gubernatura en la misma jornada en que el país elige diputados federales, lo que obliga al partido a resolver su oferta local y su estrategia nacional al mismo tiempo.