RUTA 27 · MEDIUM
Maru Campos acusa a Ariadna Montiel de nexos con el crimen y apunta a 2027
La gobernadora de Chihuahua convirtió una entrevista en un mensaje directo a la dirigencia de Morena: nombró a los aspirantes que su gobierno no aceptará en la entidad y vinculó a la presidenta del partido con grupos delictivos.

Maru Campos acusó en entrevista a Ariadna Montiel, presidenta de Morena, de tener vínculos con el crimen organizado y la llamó "presidenta de la muerte". Sostuvo que en 2021 negoció con un grupo delictivo en la Sierra Tarahumara apoyo para los comicios y que tiene propiedades en la zona. Es una acusación sin resolución judicial que, en la práctica, ordena el terreno de la disputa por Chihuahua rum
La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, acusó a la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, de tener vínculos con el crimen organizado y la llamó "presidenta de la muerte" en una entrevista publicada el 23 de octubre de 2026. La acusación no es un señalamiento genérico: la mandataria sostuvo que en 2021 Montiel se acercó a la Sierra Tarahumara, específicamente a Guadalupe y Calvo, para negociar con un grupo delictivo a cambio de apoyo en los comicios de ese año y de 2024, y adelantó que lo mismo podría repetirse en 2027.
La gobernadora acompañó la acusación con una lista de nombres: pidió a Montiel "enfocarse en otro estado" y nombró al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, como "narcocandidato", y a la senadora Andrea Chávez como la candidata de "La Barredora". También afirmó que la dirigente morenista tiene "intereses en Chihuahua", cambió su residencia y cuenta con terrenos en la Sierra Tarahumara y casas habitación. Ninguna de esas afirmaciones fue acompañada en la entrevista de una resolución judicial, una carpeta de investigación o un documento probatorio público.
El señalamiento ocurre en un estado donde el gobierno local impulsó y defendió una reforma electoral que permite anular elecciones si se acredita intervención del crimen organizado o vínculos de candidatos con grupos delictivos. En septiembre de 2026, Campos pidió públicamente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) confirmar esa ley, que los ministros analizarían al día siguiente. La acusación contra Montiel se lee, en ese marco, como la extensión política de un instrumento jurídico que el gobierno de Chihuahua ya venía promoviendo.
La lectura política
En la práctica, la entrevista funciona como un posicionamiento de campaña anticipada: no es una candidatura registrada ni una precandidatura formal, pero coloca a Maru Campos como la voz que define quién es aceptable y quién no en Chihuahua rumbo a 2027. La gobernadora no compite todavía por un cargo, pero ejerce el poder de agenda que da el gobierno estatal: nombra adversarios, les asigna etiquetas y fija el marco en el que se discutirá la elección local.
El movimiento tiene incentivos claros. Chihuahua es un territorio donde Morena ha crecido y donde la disputa por la capital y por Ciudad Juárez define el equilibrio estatal. Al acusar a la presidenta del partido y a dos de sus figuras más visibles, Campos obliga a Morena a defender a su dirigencia en un terreno incómodo: la seguridad y los vínculos con el crimen. La acusación traslada la carga de la prueba al adversario y convierte una entrevista en un tema de agenda nacional, sin que exista aún una resolución que la sustente.
También hay una señal hacia dentro del propio bloque opositor. La gobernadora se posiciona como una de las voces más duras contra Morena en un momento en que la oposición busca ordenar su oferta para 2027. Quien fija los nombres prohibidos también se coloca en posición de influir en las candidaturas que su propio partido o su coalición puedan presentar. El límite es evidente: una acusación de este tipo, sin evidencia pública verificable, puede fortalecer a la gobernadora entre su base y, al mismo tiempo, exponerla a una contradicción si la autoridad electoral o judicial no acompaña el señalamiento.
El equilibrio interno de Morena también queda expuesto. La dirigencia nacional tendrá que decidir si responde a la acusación, si la ignora o si la convierte en un asunto de defensa partidista. Cada una de esas opciones envía una señal distinta a sus aliados en Chihuahua y al electorado local.
Qué sigue
La ruta verificable pasa por tres frentes. Primero, si Ariadna Montiel o Morena responden formalmente a la acusación y si presentan una denuncia o una aclaración pública. Segundo, si la SCJN resuelve sobre la ley electoral de Chihuahua que permite anular comicios por intervención del crimen, pues ese marco define el terreno jurídico de la disputa. Tercero, si la acusación se traduce en una denuncia ante la Fiscalía General de la República o ante la autoridad electoral, lo que daría a la acusación un cauce institucional distinto al de la entrevista. Sin alguno de esos pasos, la acusación queda como un posicionamiento político de alto impacto, pero sin consecuencia jurídica verificable.
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