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MC se dice preparado para gobernar BCS; cita encuestas sin metodología
El coordinador estatal de Movimiento Ciudadano en Baja California Sur aseguró que su partido puede disputar la alternancia en 2027, pero las mediciones que presentó como respaldo llegaron sin encuestadora, sin fechas y sin ficha técnica.

Ernesto Altamirano, coordinador estatal de MC en Baja California Sur, afirmó que su partido está preparado para gobernar el estado en 2027 y presumió mediciones de preferencia. Esas mediciones no incluyeron encuestadora, fechas ni metodología. El mensaje posiciona a MC como opción de gobierno, aunque sin datos verificables la afirmación queda como valoración del dirigente.
El coordinador estatal de Movimiento Ciudadano (MC) en Baja California Sur (BCS), Ernesto Altamirano, afirmó que su partido está preparado para gobernar el estado y competir por una nueva alternancia en 2027. Lo sostuvo en la entrevista televisiva del lunes 5 de octubre de 2026, cuya versión escrita se difundió dos días después. El elemento que ordena la nota no es la declaración —previsible en cualquier dirigente— sino el respaldo con el que la presentó: mediciones de preferencia sin nombre de encuestadora, sin fecha de levantamiento y sin metodología.
Altamirano situó esa capacidad en el trabajo continuo del partido desde 2021 y en los gobiernos que MC encabeza, a los que llamó “buenos gobiernos naranjas”. Mencionó Nuevo León, Jalisco, presidencias municipales y capitales como Guadalajara y Campeche. Contrastó ese recorrido con el del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN), a los que acusó de hacerse visibles principalmente en periodos electorales, y cuestionó al gobierno encabezado por Morena. No presentó, en cambio, un programa de administración con presupuestos o indicadores para BCS. La diferencia importa: lo suyo fue una valoración política sobre la capacidad del partido, no un plan de gobierno comprobable.
El respaldo que no se puede comprobar
En la entrevista se habló de mediciones con porcentajes distintos y se propuso obtener una media para estimar el respaldo de MC. Sin conocer las preguntas, los tamaños de muestra y las fechas, esa operación no acredita por sí misma un nivel de intención del voto. La versión publicada lo consigna con precisión: la afirmación sobre la fuerza del partido corresponde a la valoración del dirigente, y las cifras citadas no vienen acompañadas de ficha metodológica.
Una encuesta sin encuestadora, sin fechas y sin metodología funciona, en la práctica, como recurso retórico antes que como evidencia. Para medir la fuerza electoral de un partido se requieren series comparables, publicadas y con ficha técnica, y más adelante las candidaturas efectivamente registradas. Ninguna de las dos cosas existe todavía en este caso.
La lectura política
El movimiento de Altamirano no es una candidatura ni una precandidatura registrada, y la evidencia disponible no indica que él se haya destapado para la gubernatura. Su cargo es organizativo: coordinación estatal. Lo que hace el mensaje es otra cosa, y es relevante rumbo a 2027: coloca a MC en la conversación de la sucesión estatal como opción de gobierno, no solo como opción de voto, en un estado donde el poder ejecutivo se ha alternado entre PRI y PAN.
Ese encuadre tiene una función interna y otra externa. Hacia adentro, el dirigente prueba reacción: mide si la militancia y los cuadros locales respaldan el discurso de que MC puede administrar el estado, antes de que exista un método de selección definido. Hacia afuera, envía la señal de que el partido no piensa ser bisagra ni comparsa, sino competidor con pretensión de gobierno. El costo de hacerlo sin datos verificables es que la afirmación queda expuesta ante el primer comparativo serio que publique una casa encuestadora identificable.
Hay además una tensión que conviene nombrar: la “nueva alternancia” se invoca como derecho adquirido por el trabajo partidista, pero la alternancia se gana con votos, no con antigüedad organizativa. Y la acusación de que PRI y PAN solo aparecen en temporada electoral es una acusación, no un hallazgo verificado.
Qué sigue
Los próximos pasos son verificables y acotados. Primero, si MC publica las fichas metodológicas o encuestas comparables que respalden lo dicho. Segundo, si su dirigencia estatal define el método de selección de candidaturas —encuesta, convención o designación— y para qué cargos. Tercero, si Altamirano u otro cuadro local se registra en ese proceso. En paralelo, se verá la integración de coaliciones y frentes de PRI, PAN y Morena.
El calendario electoral local ordena el resto: en 2027 BCS renueva la gubernatura, los ayuntamientos de Los Cabos, La Paz, Comondú, Loreto y Mulegé, un Congreso con 16 diputaciones de mayoría relativa y cinco de representación proporcional, y las dos diputaciones federales de mayoría relativa del estado. Hasta que aparezcan datos comparables y nombres registrados, la preparación que MC proclama es una postura política, no un hecho medido.