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RUTA 27 · MEDIUM

Mendoza rompe con el PVEM en Colima y busca un frente PAN-PRI-MC

El senador renunció a la dirigencia estatal del Verde tras la alianza con Morena y pidió a Mely Romero, Riult Rivera y Margarita Moreno convencer a sus dirigencias nacionales. Quiere un frente opositor, pero aún sin reglas ni candidato.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Virgilio Mendoza Amezcua renunció a la dirigencia del PVEM en Colima al saber que el partido irá en alianza con Morena en 2027 y convocó a la priista Mely Romero, al panista Riult Rivera y a la emecista Margarita Moreno a formar un frente opositor. No es una coalición registrada: es un posicionamiento que busca forzar a las dirigencias nacionales y ordenar el campo opositor en Colima.

Colima entra a la ruta de 2027 con un frente que todavía no existe, pero ya con quien lo convoque. El senador Virgilio Mendoza Amezcua renunció a la dirigencia estatal del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y llamó a la senadora priista Mely Romero Celis, al alcalde panista de Colima, Riult Rivera Gutiérrez, y a la lideresa local de Movimiento Ciudadano (MC), Margarita Moreno, a empujar un "gran frente" opositor en la entidad. No les pidió afiliarse ni firmar nada: les pidió convencer a sus dirigencias nacionales de que "el tema de Colima es de los colimenses".

El detonante fue un arreglo ajeno. Mendoza relató que esperó la decisión de la dirigencia nacional del Verde sobre las alianzas, hasta que Arturo Escobar le notificó que en Colima el partido competiría con Morena. Esa fuerza ya había colocado a Rosa María Bayardo Cabrera como coordinadora estatal "para la defensa de la soberanía", figura que en la práctica opera como precandidatura de facto a la gubernatura. Con el PVEM amarrado a esa ruta, Mendoza se quedó sin camino interno: dejó la dirigencia estatal, pero no el partido ni su escaño. Sigue en la bancada del PVEM en el Senado y, dijo, no ha determinado cómo votará. Conserva un activo federal mientras construye terreno propio en el estado.

El propio Mendoza no presenta el frente como un hecho. Lo planteó como tarea en curso: "Vamos primero a conformar el frente y después pondremos reglas para definir al candidato", y enlistó las condiciones que debería reunir el abanderado: capacidad de lograr consensos, rentabilidad electoral, capacidad para gobernar y experiencia administrativa. Leídos juntos, esos filtros apuntan a perfiles con cargo previo antes que a una candidatura ciudadana de perfil externo. También adelantó su lectura del terreno: consideró que Manzanillo será el punto débil de Bayardo Cabrera, presidenta municipal con licencia cuyo desempeño, sostuvo, tendrán que evaluar los manzanillenses.

Un frente sin reglas, sin candidato y sin registro

Hasta ahora no hay coalición, convenio, método de selección ni respuesta pública de las dirigencias nacionales del PAN, PRI y MC. El frente convocado no es una figura registrada ante la autoridad electoral: sería, en todo caso, una coalición que cada partido debe aprobar en sus órganos nacionales y registrar dentro de los plazos del proceso local. Ahí está el límite de la convocatoria: un dirigente estatal no compromete a su instituto, menos cuando el PVEM, el propio, ya eligió otro camino. La ruptura de Mendoza es política, no jurídica; tampoco existe aún una candidatura formal de su parte, solo una aspiración declarada.

La lectura política

La operación cumple una función distinta de la que anuncia. Mendoza no encabeza partido ni coalición: se coloca como convocante, y quien convoca fija el punto de partida de una negociación que todavía no tiene reglas. Eso lo pone en posición de aspirante con ventaja de agenda —el primero en nombrar el frente, los nombres y el método— sin ser candidato de nada. Es un posicionamiento con lógica de precandidatura de facto, no una candidatura.

Los tres convocados no tienen el mismo incentivo. Rivera gobierna la capital y tiene base territorial; Romero tiene escaño y estructura priista; Moreno tiene un partido que en Colima suele caminar solo. Los tres pagarían un costo ante dirigencias nacionales que negocian bloques completos, no excepciones estatales. "El tema de Colima es de los colimenses" busca invertir esa jerarquía y, de paso, funciona como prueba: si las dirigencias dicen no, Mendoza queda como el único que intentó algo.

La asimetría ordena el resto. Morena llega con figura y nombre —coordinación primero, candidatura después—; el campo opositor llega con convocatoria y buenos deseos. El calendario agravará esa diferencia, y el costo lo pagará quien llegue tarde a la definición.

Qué sigue

- Las dirigencias nacionales del PAN, PRI y MC. Sin su aval no hay frente; su primera señal será pública. - Las reglas de selección que Mendoza prometió después de conformar el frente. Ahí se sabrá si el método favorece a un alcalde en funciones, a una senadora o al propio convocante. - El calendario del proceso local 2027 en Colima, cuyos plazos para registrar convenios de coalición obligan a definiciones sin ambigüedad. - El voto de Mendoza en el Senado: cada votación será termómetro de qué tan lejos está de la bancada del PVEM. - Manzanillo como primer campo de disputa discursiva: el senador ya puso ahí el blanco.