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RUTA 27 · MEDIUM

Misael Pérez lidera medición interna en Milpa Alta y apunta a 2027

Ejercicios internos de Morena lo colocan por delante de Israel Rosey y Edén Garcés. La medición no es candidatura: no se conoce quién la levantó ni con qué metodología.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre encuestas de opinión pública
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Un reporte del 19 de octubre de 2026 ubica a Misael Pérez Cruz como el aspirante de Morena con más posibilidades de ganar la alcaldía de Milpa Alta, por delante de Israel Rosey y Edén Garcés. Pérez ya fue encargado de despacho y alcalde sustituto. No hay candidatura registrada ni metodología pública del ejercicio: es posicionamiento, no definición.

Misael Pérez Cruz aparece como el aspirante de Morena con más posibilidades de ganar la alcaldía de Milpa Alta, según ejercicios internos del partido difundidos el 19 de octubre de 2026, que lo colocan por delante de Israel Rosey y Edén Garcés. El dato no equivale a una candidatura: es un posicionamiento. Pero en un partido cuyas definiciones internas pasan con frecuencia por mediciones de opinión, encabezar el ejercicio es, en la práctica, la primera casilla de una ruta hacia la boleta.

La pieza no ofrece el dato que más pesaría para valorarla: quién levantó la medición, con qué muestra, en qué fechas de campo y si alguna instancia de Morena la reconoce como propia. Tampoco menciona a otros contendientes además de los tres nombres citados. Sin esos elementos, lo verificable es más modesto que el titular: existe una conversación interna en la que Pérez aparece arriba, y esa conversación ya es pública.

Veinte años de gestión y un regreso al tablero

El perfil que acompaña la medición describe a un cuadro formado dentro y fuera del territorio. Economista por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y maestro en Administración y Políticas Públicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), con beca del Conacyt, su trayectoria combina la función pública local y el trabajo técnico federal en la Secretaría de la Reforma Agraria, la Comisión Nacional del Agua y proyectos vinculados a SAGARPA, FIRCO, CONAFOR y el Colegio de Posgraduados.

En Milpa Alta fue director general de Administración, director general de Gobierno y Asuntos Jurídicos, encargado del despacho de la alcaldía y alcalde sustituto. Entre 2022 y 2024 dirigió Participación Ciudadana en la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social del gobierno capitalino, y de octubre de 2024 a julio de 2026 volvió a la Dirección General de Administración de la alcaldía. Antes, en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, fue secretario técnico de las comisiones de Hacienda y de Vigilancia y Evaluación de Políticas y Programas Sociales.

Dos detalles del currículum importan políticamente más de lo que parece. El primero: llegó a la titularidad de la alcaldía por la vía del encargo y la sustitución, no del sufragio, de modo que su capital electoral todavía no se ha medido en una boleta. El segundo: su último cargo terminó en julio de 2026, tres meses antes de que su nombre reapareciera en la conversación sucesoria. La separación no prueba una estrategia, pero es la condición práctica que cualquier aspirante necesita para competir sin cargar con el costo de hacerlo desde una oficina pública.

La lectura política

El ejercicio cumple una función clara aunque no tenga estatus legal: ordena la competencia interna antes de que exista regla. En Milpa Alta, alcaldía de vocación rural y estructura comunitaria densa, donde el padrón es comparativamente pequeño y el trabajo territorial pesa más que la publicidad masiva, quien aparece primero en una medición interna gana algo más valioso que reflectores: la presunción de viabilidad frente a los dirigentes que finalmente filtran las candidaturas.

Ese es el incentivo de Pérez. El de Morena es distinto: llegar a la negociación de 2027 con nombres ya probados y con la percepción de que la alcaldía está resuelta, para reservar su energía política a los territorios donde la disputa es real. Y el de Rosey y Garcés es el opuesto: cualquier medición que los muestre abajo los obliga, si quieren competir, a impugnar el método o a construir su propio dato.

Conviene nombrar el eufemismo. "Ejercicios internos" no es una figura del derecho electoral; en la práctica funciona como un mecanismo de posicionamiento y de medición de lealtades. No es una precandidatura de facto en sentido estricto, porque para eso haría falta una regla partidista que la produzca; es, por ahora, una aspiración con evidencia de opinión a favor. Lo que no ha ocurrido —y el texto no lo afirma— es la definición: no hay método aprobado, no hay convocatoria y no hay registro ante el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM).

La señal que se envía a aliados y adversarios es doble. Hacia adentro, que el relevo en Milpa Alta tiene un nombre con oficio administrativo y arraigo. Hacia afuera, que Morena pretende disputar el territorio con un perfil de gestión y no con una figura de confrontación.

Qué sigue

El primer paso verificable no es político sino documental: saber si Morena confirma el ejercicio, publica su metodología y lo incorpora a su proceso de selección. Después vienen las reglas —método, convocatoria y plazos— y el registro formal de precandidaturas ante el IECM, en las fechas que apruebe su Consejo General. En 2027 se renuevan las 16 alcaldías y el Congreso de la Ciudad de México junto con la Cámara de Diputados federal, así que la definición local quedará atada al comportamiento de la elección concurrente. Habrá que observar, además, si Rosey y Garcés aceptan el marco de la medición o construyen el suyo.