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RUTA 27 · LOW

Monreal desestima el amago del PT y apuesta por sostener la coalición de 2027

El coordinador de Morena en San Lázaro puso número público a la amenaza petista de tumbar 12 gubernaturas. La respuesta ocurre mientras la alianza tripartita sigue sin método acordado para repartir candidaturas.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre seguridad del proceso electoral
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Ricardo Monreal respondió a Reginaldo Sandoval que el PT no tiene fuerza para hacer perder 12 gubernaturas a Morena en 2027. La frase revira el amago petista de romper la coalición si no se respeta su cuota de candidaturas. El intercambio mide el peso real del PT en el bloque y anticipa la negociación que definirá las 17 gubernaturas en juego.

Ricardo Monreal, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, respondió el 24 de septiembre de 2026 al amago del Partido del Trabajo (PT) con una frase que busca medir el precio de la amenaza: “Yo no creo que el PT vaya a poder influir en la pérdida de 12 gubernaturas”. Añadió que no considera que “le asista la fuerza suficiente”. Es la primera vez en este ciclo que un peso pesado de Morena pone número público —y lo revira— a la dependencia que el bloque gobernante tiene de su socio menor, a menos de un año de los comicios de 2027.

El origen del intercambio fue Reginaldo Sandoval, coordinador del PT en San Lázaro, quien advirtió que sin su partido Morena perdería hasta 12 gubernaturas. “Que no nos da para ganar una gubernatura, pero sí nos da para hacer perder hasta 7, 8 o hasta 12”, declaró, y condicionó su permanencia en el bloque a que haya apertura en la definición de candidaturas: de lo contrario, dijo, el PT iría solo y retomaría los perfiles que Morena desechó en su contienda interna.

El detonante de fondo es el método. El inicio oficial del proceso electoral 2027 —con 17 gubernaturas en juego— encontró a Morena definiendo a sus candidatos con encuestas internas, sin participación de sus aliados. Ese procedimiento, junto con las llamadas “encuestas espejo” que Monreal invocó como respaldo, es justo el punto que el PT impugnó.

En la misma declaración Monreal hizo dos cosas: desestimó la aritmética del amago y fijó posición. Afirmó que no aplaude ni se forma en la fila de quienes quieren una ruptura, y que confía en mantener la alianza Morena-PT-Verde rumbo a los comicios. En la cobertura del episodio se reportó que la Presidencia se deslindó de definir esa coalición, con lo que el reparto quedó, por ahora, en manos de las dirigencias partidistas.

La lectura política

La función práctica del movimiento es fijar el precio de una eventual salida del PT antes de que la negociación entre en su fase dura. Al sostener que el partido de Sandoval “no tiene fuerza”, Monreal no solo responde a una amenaza: le retira a la dirigencia petista la capacidad de negociar como actor indispensable. En un bloque donde el socio mayor concentra voto duro, aparato y marca, el socio menor no negocia con lo que suma, sino con lo que puede restar.

Ahí está el punto fino del amago. El PT no se presenta como un partido con techo para ganar gubernaturas; se presenta como un partido con piso, capaz de fragmentar el voto y competir por espacios locales donde esa resta resulta decisiva. La advertencia de retomar perfiles desechados por Morena apunta exactamente a eso: no a ganar, sino a dividir en territorios donde el margen es estrecho.

Los incentivos son asimétricos. Morena quiere llegar a 2027 con la coalición armada y sin ceder cuota, y para ello le conviene desactivar la narrativa de que el PT es indispensable. Monreal, como coordinador en San Lázaro, gana margen de maniobra como interlocutor del bloque y como voz que ordena el discurso morenista frente a los aliados. Sandoval, desde la coordinación petista, mide lealtades internas y construye un argumento de negociación antes de que las candidaturas se registren.

El límite: ninguna ruptura ha ocurrido. El PT sigue dentro del bloque, no ha registrado candidaturas propias ni anunciado formalmente su salida; lo suyo es, por ahora, un amago y una palanca de negociación, no una escisión consumada. Tampoco la respuesta de Monreal es una candidatura ni un posicionamiento sucesorio: es una declaración de coordinador partidista. Y falta el dato duro que ninguna de las dos partes ofrece: un desglose público por estado que sostenga el 12. Esa ausencia sugiere que el intercambio busca posicionar, no medir.

Qué sigue

El primer marcador verificable es si el PT concurre solo o en coalición en los registros de candidaturas, y si Morena abre espacios a perfiles petistas en los estados donde su voto pesa. Un segundo punto de fricción ya señalado es el anuncio del candidato en Sonora. Monreal llamó a confiar en las encuestas internas; la prueba será si el PT acepta esos resultados o los impugna. Y queda por definirse quién asume formalmente la negociación de la alianza: hasta ahora, la dirigencia de Morena y no la Presidencia.