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RUTA 27 · LOW

Monreal pide al PT mantener la coalición; la ruptura se mediría en 2027

El coordinador de Morena en San Lázaro sostuvo que sin el PT y el PVEM no hay mayoría calificada y llamó a retomar el diálogo. El PT había advertido que una ruptura pondría en riesgo entre siete y 12 gubernaturas.

Ilustración editorial de Ruta 27 sobre coaliciones y negociaciones partidistas
Ilustración editorial de Ruta 27; no representa una fotografía del acontecimiento.
EN 30 SEGUNDOS

Ricardo Monreal, coordinador de Morena en San Lázaro, llamó al PT a reconsiderar y mantener la coalición con Morena y el PVEM rumbo a 2027. El PT había advertido que una ruptura podría costar a la alianza hasta 12 gubernaturas. Monreal respondió que el PT no tiene fuerza para tanto. La alianza no está registrada: sólo hay negociación entre dirigencias.

Ricardo Monreal Ávila, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados y presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), llamó al Partido del Trabajo (PT) a reconsiderar su distancia y mantener la coalición electoral con Morena y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) rumbo a 2027. El mensaje llega en medio del desacuerdo por la definición de candidaturas y no es un gesto protocolar: es el intento de contener una ruptura que tocaría a la vez la aritmética legislativa y el mapa electoral del oficialismo.

Monreal sostuvo que la participación del PT y del PVEM “ha sido determinante” para que Morena alcance la mayoría calificada en reformas constitucionales, y citó como ejemplo la reciente reforma en materia de doble nacionalidad, aprobada en San Lázaro con el respaldo de ambos aliados. “Soy práctico, y digo: necesitamos al PT. Yo hago votos porque se reconsidere, se hable con ellos, se logren acuerdos y mantengamos la coalición, la alianza electoral para enfrentar el 27 juntos”, expresó. Remató: “Me gustaría que el PT no concretara una separación, una ruptura”.

El llamado responde a una advertencia previa. El coordinador del PT en San Lázaro, Reginaldo Sandoval Flores, planteó que, en caso de ruptura, su partido podría contribuir a que Morena y sus aliados pierdan entre siete y hasta 12 gubernaturas en 2027. Monreal dijo respetar esa postura, pero la relativizó: “Yo no creo que el PT vaya a poder influir en la pérdida de 12 gubernaturas, no creo que le asista la fuerza suficiente. No lo minimizo ni lo disminuyo”.

Dos precisiones sobre ese intercambio. La advertencia electoral está atribuida al coordinador legislativo del PT, no a su dirigencia nacional: la evidencia disponible no permite establecer si esa línea tiene aval partidista. Y tampoco identifica qué candidaturas ni qué estados están en disputa, que es justamente donde se juega la negociación.

En el mismo mensaje, Monreal respaldó el proceso interno de Morena para definir estructuras estatales mediante encuestas, aclaró que no participa en su elaboración y aseguró que la presidenta nacional del partido, Citlalli Hernández, y la dirigencia no admitirían “trampas ni ‘cochupos’”. Pidió a quienes no resulten seleccionados permanecer en Morena. (La versión periodística de esas declaraciones atribuye también a Ariadna Montiel la presidencia del partido; esa descripción no corresponde a la dirigencia nacional que encabeza Citlalli Hernández y requiere confirmación.)

La lectura política

Monreal no habla como dirigente partidista ni desde un cargo electoral, sino desde una presidencia de Jucopo cuya utilidad depende de la aritmética: es el espacio donde se sostienen las mayorías. Su intervención funciona, en la práctica, como contención pública de una ruptura antes de que se formalice. Un PT separado en 2027 no sólo resta votos: obliga a Morena a negociar voto por voto y adelgaza el margen con el que hoy aprueba reformas constitucionales.

La advertencia de Sandoval opera como precio de salida: al anunciar un costo de hasta 12 gubernaturas, el PT fija cuánto vale su permanencia y coloca las candidaturas en el centro del regateo. La respuesta de Monreal —descartar esa capacidad de daño— es la otra mitad del mismo juego: si el perjuicio se minimiza, el precio baja. Ninguno describe un hecho consumado; ambos mueven fichas.

Los incentivos están cruzados. Para el PT, la amenaza pública es su principal activo de negociación y, a la vez, un riesgo: si la ruptura se concreta y el resultado no confirma el pronóstico, el costo lo paga su dirigencia. Para Morena y el PVEM, conservar la alianza evita competir contra un socio que conoce su estructura territorial y que ha sido llave de la mayoría calificada. Para Monreal, el movimiento lo coloca como interlocutor natural con los dos aliados, un activo en cualquier negociación rumbo a 2027, sin que la evidencia permita sostener que eso se traduzca ya en una candidatura o una precandidatura de facto.

El estado formal de las cosas es otro: no existe hoy una coalición registrada ni un acuerdo firmado. Lo que hay es una negociación entre dirigencias y un posicionamiento público. Cualquier alianza deberá formalizarse en un convenio y registrarse ante el Instituto Nacional Electoral (INE) o el organismo local correspondiente, según el tipo de elección. Ese acto aún no ocurre.

Qué sigue

- La reacción de la dirigencia nacional del PT: si ratifica, matiza o desautoriza la advertencia de su coordinador en San Lázaro. - El periodo de sesiones en la Cámara de Diputados, que corre hasta el 15 de diciembre, será la primera prueba: cada votación que exija mayoría calificada mostrará cuánto pesa hoy el PT. - La definición de candidaturas —el punto del conflicto— y el calendario que las dirigencias no han hecho público. - Los resultados de las encuestas internas de Morena para estructuras estatales y el destino de quienes no resulten seleccionados. - El registro de los convenios de coalición ante la autoridad electoral, momento en que una alianza deja de ser declaración y se vuelve obligación jurídica.