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Montiel descarta segundas rondas y blinda la encuesta en Morena rumbo a 2027
La dirigencia nacional sostiene que los diez estados ya definidos no se reabren, mientras Guerrero, Zacatecas y Quintana Roo acumulan inconformidades. Los siete estados pendientes son ahora el único espacio real de negociación.

Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena, rechazó las voces internas que piden revisar el método de encuesta y afirmó que en los diez estados donde ya presentó coordinadores no habrá segundas rondas. Con ello cierra la vía de reposición para los disidentes de Guerrero, Zacatecas y Quintana Roo, y traslada la disputa por las candidaturas de 2027 a los siete estados aún sin definir.
La dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, descartó que el partido repita los ejercicios de encuesta en los estados donde ya presentó coordinadores rumbo a 2027. “No tenemos segundas rondas de un estado que haya sido presentado; ha sido presentado bajo el acuerdo que hemos construido”, dijo en conferencia de prensa, y remató: en los diez estados con definición, la encuesta “fue el método que tenemos, no tenemos otro”.
La frase responde a una semana de inconformidades internas tras las designaciones de Beatriz Mojica Morga en Guerrero, Verónica Díaz Robles en Zacatecas y Eugenio “Gino” Segura en Quintana Roo, anunciadas todas el 15 de septiembre. En Guerrero, Abelina López Rodríguez rechazó públicamente la designación de Mojica y la calificó como “crónica de una muerte anunciada”. En Zacatecas, la fractura se concentra en la pugna entre el bloque monrealista y Díaz Robles. En Quintana Roo, cuadros locales y fundadores presentaron quejas por presuntos actos anticipados de campaña contra Segura.
La defensa del método no quedó sólo en manos de Montiel. La presidenta nacional de elecciones de Morena, Citlalli Hernández, sostuvo que los “diez perfiles que hemos definido son compañeros que respaldan la transformación, que ganaron gracias a su trabajo territorial”, y respondió a quienes se reivindican como fundadores: “Ser fundador no necesariamente significa ser intachable y ser alguien que va llegando tampoco significa que no tenga el entendimiento de los principios o ideales”.
Diez casillas cerradas, siete abiertas
Hasta ahora la dirigencia ha presentado coordinadores estatales en Aguascalientes, Campeche, Colima, Sinaloa, Querétaro, Guerrero, Michoacán, Quintana Roo, Zacatecas y Baja California. En este último caso, la designación de Julieta Ramírez Padilla ocurrió pese a los señalamientos sobre investigaciones en Estados Unidos que pesan sobre ella y sobre la gobernadora Marina del Pilar Ávila. En Michoacán, la coordinación recayó en Carlos Torres Piña.
Quedan siete estados sin nombre: Baja California Sur, Chihuahua, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Tlaxcala. Ahí —y no en los diez ya resueltos— está el espacio donde la disidencia todavía puede intentar influir.
La lectura política
El cargo que se reparte se llama formalmente “coordinación de la Defensa de la Transformación”. En la práctica funciona como precandidatura de facto: coloca a quien lo recibe en posición de salida para la candidatura a la gubernatura, con estructura, agenda territorial y presencia mediática. Legalmente no es una candidatura: no hay registro ante organismo electoral ni proceso de selección con reglas publicadas, plazos o instancias de revisión.
Ese es el punto donde la respuesta de Montiel gana y pierde al mismo tiempo. Al declarar que la encuesta es el único método y que no habrá repeticiones, la dirigencia convierte la discusión sobre el “quién” en una discusión sobre el “cómo”: si el ejercicio no se reabre, lo que queda a la intemperie son los criterios. Montiel no ofreció datos sobre quién levantó las encuestas, qué tamaño de muestra tuvieron ni si los resultados se publicarán. Sin esa información, la inconformidad de Guerrero, Zacatecas y Quintana Roo no se resuelve: se desplaza del terreno de la negociación interna al de la impugnación partidista y, en el caso de Quintana Roo, al de las quejas por presuntos actos anticipados de campaña.
Los incentivos son claros. La dirigencia gana margen para llegar ordenada a 2027 y evita que cada designación se vuelva renegociable; los designados ganan tiempo y estructura; quienes perdieron la nominación pierden la vía de la reposición, pero conservan la del litigio interno y la de negociar otras posiciones en la boleta. Negar segundas rondas elimina la válvula de escape que suele usarse para contener rupturas: el conflicto no desaparece, cambia de foro.
Para los siete estados pendientes, el mensaje es igual de directo: el método no está a discusión. La señal hacia aliados y adversarios es que Morena quiere llegar a 2027 con el menor número de procesos abiertos posible, aunque eso signifique cargar con descontento local acumulado.
Qué sigue
El primer dato verificable es el calendario de las siete definiciones restantes y si la dirigencia mantiene el mismo esquema de encuesta o abre algún filtro adicional. El segundo es el destino de las quejas por presuntos actos anticipados de campaña en Quintana Roo, que deberán resolverse en las instancias competentes, incluido el Instituto Nacional Electoral (INE) si se presentan ante la autoridad federal. El tercero es si la disidencia de Guerrero y Zacatecas escala a las comisiones de justicia partidaria de Morena o si, por el contrario, acepta la negociación por otras posiciones. Ninguno de esos tres puntos tiene fecha pública todavía.